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No es un día vacío

El día de la conmemoración de Nuestra Señora de la Claraesperanza, es precisamente el Sábado Santo.

El Viernes anterior concluye con la Crucifixión de Nuestro Señor. En ese día la advocación mariana que se recuerda, es la Mater Dolorosa traspasado su corazón por siete puñales de amargura con su Hijo muerto en su regazo.

Muchos en América viven su Viernes Santo. ¡Hay tantas injusticias, incluso tantos mártires, verdaderas imágenes modernas de Cristo crucificado!

Precisamente por ello, hay que dar aliento a todos con la advocación de María, Claraesperanza. En aquel Sábado Santo todos habían perdido la claridad de su espera en el Reino de Dios aquí en la tierra. Estaban sumidos en oscuridades y preguntas, a las que no hallaban respuesta. Sólo María mantuvo encendido en su corazón, la llama de su firme esperanza en las promesas de Jesús. Fue la única luz que en ese día, sostuvo el resplandor en el mundo, en espera de la Resurrección.

Esta publicación de la Claraesperanza de América, querría ser un atisbo de esa luz de María para que, a pesar de la soledad inmensa de tantos corazones perplejos, sea la chispa que encienda en todos, una esperanza –llena de claridades- en una paz y una alegría de Cristo Pascual entre nosotros.

Por Alfredo Rubio de Castarlenas
(Barcelona)

 


 

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