“Cuando te abofeteen, pon la otra mejilla, no para tentarles a que vuelvan a ofenderte, sino para mostrarles que no lo tomas en cuenta, que sigues siendo su amigo. Y pones la otra mejilla como señal para que ellos, arrepintiéndose, puedan darte un beso de paz”, de Joan Huguet Ameller (Lc. 6,29)