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	<title>Jaume Aymar Ragolta, autor en Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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	<title>Jaume Aymar Ragolta, autor en Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>Clarificar la esperanza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2026 05:29:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Alfredo Rubio de Castarlenas, sacerdote, médico, formador y poeta, era devoto de María. En un retrato al óleo que le hizo su gran amigo José Barrenechea, recién ordenado sacerdote (1952), aparece en la esquina superior el anagrama de la M de María entreverado con la cruz de Santiago. Todas las mañanas solía rezar el Ángelus,</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Alfredo Rubio de Castarlenas, sacerdote, médico, formador y poeta, era devoto de María. En un retrato al óleo que le hizo su gran amigo José Barrenechea, recién ordenado sacerdote (1952), aparece en la esquina superior el anagrama de la M de María entreverado con la cruz de Santiago. Todas las mañanas solía rezar el Ángelus, cada año se detenía a orar a los pies de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, celebraba misa mensualmente en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced de Barcelona y promovió la devoción a Santa María de la Claraesperanza con el deseo que se difundiese por toda América.</p>
<p>La esperanza, al igual que la caridad y la fe, es una virtud teologal. Alfredo enseñaba que siempre se puede pedir a Dios que acreciente en nosotros estas virtudes. Y a la vez, calificó la esperanza de María, de clara: Clara esperanza. Como también calificó la fe de intrépida. En efecto, la Madre de Jesús tenía una gran confianza en las promesas hechas por su Hijo. Para Ella, esperar la Resurrección era una evidencia sobrenatural. Y esta firme convicción, como un imán, atrajo de nuevo a su vera a los apóstoles que habían desertado y a otros discípulos, hombres y mujeres. Fue la Iglesia naciente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo podemos nosotros clarificar nuestra esperanza? Poniéndonos confiadamente bajo su advocación. Practicando la soledad y el silencio personal. Estando bien atentos a los signos de los tiempos y a los indicios de resurrección que podemos percibir a nuestro alrededor. La lectura orante de la Biblia, la celebración de los sacramentos, la práctica cotidiana de las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, ayudan a que nuestra esperanza sea cada vez más nítida y fundamentada.</p>
<p>En el Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, muy cerca de la capilla de la Claraesperanza, mana, día y noche el agua de la fuente de San Miguel: una agua clara y cristalina.</p>
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		<title>Crisis de esperanza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 05:03:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>A lo largo de la vida, pasamos crisis de fe, de esperanza</p>
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<p>A lo largo de la vida, pasamos crisis de fe, de esperanza, de caridad. La crisis de esperanza suele producirse en la adultez. Es la gran decepción. Puede llegar un momento en que nos sintamos decepcionados de nuestros cónyuges, padres, hijos, hermanos, amigos ocasionales que nos parecen oportunistas e interesados ​​(los verdaderos amigos, nunca decepcionan). Nos decepcionan los políticos, nuestros gobernantes, nuestros jefes…. Si pasamos de la esperanza en minúscula a la Esperanza (virtud teologal) nos daremos cuenta de que esta es la crisis de los discípulos de Emaús, cuando regresando a su lugar de origen, dicen entristecidos al peregrino desconocido: “nosotros esperábamos”; mal cuando dicen “esperábamos” en pasado. Quieren decir que ya no esperan.  Jesús, el Señor, también debió sentirse decepcionado de sus apóstoles y de muchos discípulos. Recordemos su dolor cuando les pregunta: “¿Vosotros también queréis dejarme?”. Pero hasta el final Él tuvo esperanza en quienes había llamado.</p>
<p>¿Cómo se supera esta crisis? Si miro a los demás con una mirada superficial, si me quedo en las apariencias, me parecen vulgares, aburridos, inmaduros, egoístas… en cambio, si les respeto (el respeto es la mirada atenta), si les contemplo en profundidad, con ojos de fe, entiendo que Dios se está manifestando a través de ellos. Que late en ellos. Y que todos, fruto de la libertad, podemos crecer, madurar y cambiar. Entonces mi maltrecha esperanza se irá transformando en una sólida virtud sobrenatural. Como canta Roberto Carlos a su amigo del alma: “Recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos/y tu no cambiaste por fuertes que fueran los vientos/es tu corazón una casa de puertas abiertas/tu eres realmente el más cierto en horas inciertas”. La persona que vive arraigada en Dios, es una fuente continua de esperanza.</p>
<p><strong>Jaume Aymar Ragolta</strong><br />
jaumeaymar@gmail.com</p>
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		<title>Una Virgen rubia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 May 2024 05:03:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la habitación de matrimonio de mis abuelos paternos, sobre la cama, había un tapiz pintado que ya de pequeño contemplaba con curiosidad. Ahora lo tengo en mi despacho. Está firmado por V. Vendrell y debe ser de hace unos cien años. Representa una Sagrada Familia. En el centro de la escena, sobre una peana</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-14446" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt.jpg" alt="" width="1116" height="719" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-200x129.jpg 200w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-300x193.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-400x258.jpg 400w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-460x295.jpg 460w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-600x387.jpg 600w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-768x495.jpg 768w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-800x515.jpg 800w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt-1024x660.jpg 1024w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/05/Portada_una_virgen_rubia_notxt.jpg 1116w" sizes="(max-width: 1116px) 100vw, 1116px" /></p>
<p>En la habitación de matrimonio de mis abuelos paternos, sobre la cama, había un tapiz pintado que ya de pequeño contemplaba con curiosidad. Ahora lo tengo en mi despacho. Está firmado por V. Vendrell y debe ser de hace unos cien años. Representa una Sagrada Familia. En el centro de la escena, sobre una peana de piedra, el Niño Jesús, rubio, de ojos azules &#8211; según algunas revelaciones privadas- mira con ternura a su madre, muy joven, y extiende el brazo derecho hacia Ella que, de perfil, las abre a su vez, solícita, como queriendo tomarle en brazos. El Divino Niño, con la mano izquierda, acaricia la barba blanca de José, representado como un anciano venerable que envuelve con su brazo derecho a Jesús. Detrás de María, aparece la figura de Santa Isabel que tiene su mano puesta sobre el hombro de su hijo Juan el Bautista. Sorprende que María esté representada con una larga cabellera rubia que cae sobre su espalda. Algunas madonas del Renacimiento son también rubias, respondiendo al ideal de belleza de la época, cuyas raíces se adentran en la edad media. Un antiguo canto popular catalán reza: «<em>A Aragó n&#8217;hi ha una dama/que és bonica com un sol, /té la cabellera rossa,/ li arriba fins els talons</em> »  (En Aragón hay una dama que es bonita como el sol, tiene la cabellera rubia, le llega hasta los talones).</p>
<p>Mosén Jacinto Verdaguer, escribió una poesía dedicada a Nuestra Señora de Montserrat, que fue musicada por el P. Àngel Rodamilans y popularizada por la Escolanía cuyo estribillo reza: «<em>Moreneta en sou/moreneta i rossa</em> »     Es decir: sois morenita y rubia. Y efectivamente, cuando nos acercamos a la talla románica de la devota Virgen Negra, vemos que, enmarcando su rostro, debajo del velo, aparece una cabellera rubia. Ciertamente esta hermosa talla como tantas, fue oscurecida -el enigma de las Vírgenes Negras- pero en origen, era de tez blanca y rubia.</p>
<p>También es de notar que en esta representación María no va cubierta con velo. La iconografía de María Auxiliadora, cuya devoción fue popularizada por Don Bosco, también nos la presenta con el cabello suelto, lo que la dota de un aire de libertad.</p>
<p>Esta Virgen, rubia, bella y acogedora, contribuye a borrar el estereotipo que ha marginado tantas mujeres de cabellos áureos. Evoca el Nacimiento de Venus, la mujer que se acerca al Ideal de inteligencia pura o saber supremo. Cada época ha encarnado en su contexto cultural la imagen de Aquella por la que nos vino el Salvador mundo.</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar Ragolta<br />
</strong>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza<strong><br />
</strong></p>
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		<title>Edith Stein y el reposo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Jun 2023 05:03:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2023/06/edith-stein-y-el-reposo/">Edith Stein y el reposo</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-14154" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2.jpg" alt="" width="1116" height="719" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-200x129.jpg 200w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-300x193.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-400x258.jpg 400w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-460x295.jpg 460w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-600x387.jpg 600w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-768x495.jpg 768w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-800x515.jpg 800w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2-1024x660.jpg 1024w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2023/06/Portada_edith_stein_notxt_2.jpg 1116w" sizes="(max-width: 1116px) 100vw, 1116px" /></p>
<p><em>«Existe un estado de reposo en Dios, de total suspensión de todas las actividades de la mente, en el cual ya no se pueden hacer planes, ni tomar decisiones, ni hacer nada, pero en el cual, entregado el propio porvenir a la voluntad divina, uno se abandona al propio destino. Yo he experimentado un poco este estado, como consecuencia de una experiencia que, sobrepasando mis fuerzas, consumó totalmente mis energías espirituales y me quitó cualquier posibilidad de acción. Comparado con la suspensión de actividad propia de la falta de vigor vital, el reposo en Dios es algo completamente nuevo e irreductible. Antes era el silencio de la muerte. En su lugar se experimenta un sentimiento de íntima seguridad, de liberación de todo lo que es preocupación, obligación, responsabilidad en lo que se refiere a la acción. Y mientras me abandono a este sentimiento, poco a poco una vida nueva empieza a colmarme y &#8211; sin tensión alguna de mi voluntad &#8211; a invitarme a nuevas realizaciones. Este flujo vital parece brotar de una actividad y una fuerza que no son las mías, y que, sin ejercer sobre ellas violencia alguna, se hacen activas en mí. El único presupuesto necesario para un renacimiento espiritual de esta índole parece ser esa capacidad pasiva de recepción que se encuentra en el fondo de la estructura de la persona.»</em></p>
<p>Es un texto de madurez de <strong>Edith Stein</strong> y de gran actualidad. El reposo al que se refiere lo concreta en algo que parece inalcanzable:<strong> la suspensión de todas las actividades de la mente. Dicho de otra manera sería una experiencia de silencio interior, del que a lo largo de la historia han hablado los padres del desierto y la filosofía oriental</strong>. Alcanzar el silencio exterior no es fácil, pero se puede lograr. Acallar las voces de nuestro interior es mucho más difícil, nos parece una utopía inalcanzable. Pero Edith precisa que<strong> no es el “silencio de la muerte”, por lo tanto es un silencio vivo</strong>, en diálogo, es ser oyente de la Palabra (Rahner), que nos da “futuro y libertad” (A. Marqués).</p>
<p>En un mundo donde el individualismo nos ha llevado a la centralidad del yo: “<strong>yo elijo</strong>”, “<strong>yo decido</strong>”, “<strong>yo hago</strong>”, “<strong>yo soy el protagonista de mi propia historia</strong>”. <strong>¿Cómo dejar “consumir mis energías espirituales? ¿Cómo permitir que algo o alguien nos robe nuestra capacidad de acción?. Edith renuncia a todo ello para entregar su porvenir, su futuro a la voluntad divina y además sin forzar la propia voluntad, es decir con una plena sintonía de voluntades</strong>. Hay una innegable resonancia del posicionamiento paulino: “ya no soy yo, es Cristo que vive en mí” (Gal 2, 20). Recordemos que Edith, como Saulo,<strong> vivió también un proceso de conversión del judaísmo al cristianismo</strong>. En el texto aparecen una serie de palabras clave que son como pinceladas vigorosas que definen un modo nuevo de entender la humanidad y la feminidad: “<strong>abandono</strong>” (confianza en un Ser superior); “<strong>experiencia</strong>” (no es fruto de la mera reflexión sino de la vivencia, y además una experiencia humilde “yo he experimentado un poco este estado”»); “<strong>novedad</strong>”, en el sentido cristiano del término, es algo llevado a plenitud; “<strong>irreductibilidad</strong>”, semejante experiencia no puede reducirse ni minimizarse, es algo grandioso; “<strong>íntima seguridad</strong>” (“sé de quien me he fiado”,  2Tim 1-12). En contra de lo que pudiera parecer, esa vivencia íntima nada tiene que ver con “<strong>la falta de vigor vital</strong>”, es lo más opuesto: es la fuente de un nuevo vigor.</p>
<p>Otra palabra clave del texto es <strong>liberación</strong>. Edith fue una mujer interiormente libre: libre de preocupaciones, de obligaciones artificiales, de responsabilidades en lo que se refiere decisiones tomadas unilateralmente. Fue <strong>libre en su pensamiento, en su cultivo de la filosofía, en su decisión de abandonar el judaísmo, de entrar en el Carmelo, en fin, de entregar la propia vida en la cámara de gas</strong>.</p>
<p>Una vez llegado al punto de mayor aparente inactividad (el reposo en Dios) uno es capaz de lanzarse a la aventura de una actividad nueva: “una actividad y una fuerza que no son las mías”. La Biblia elogia la mujer fuerte (Proverbios 31, 10-31). A la luz de este texto de Edith Stein podemos entender que esta fortaleza no es el resultado de unas capacidades naturales, si no un verdadero don que se adquiere desde la aparente suma debilidad. “<strong>Es cuando soy débil cuando soy realmente fuerte” (2 Corintios 12, 1-10). “Porque lo que parece debilidad a los ojos de los hombres es fortaleza a los ojos de Dios” (Francisca Güell)</strong>.</p>
<p>Concluye la que sería Santa Teresa Benedicta de la Cruz con una afirmación antropológica: “esta capacidad pasiva de recepción se encuentra en el fondo de la estructura de la persona.” <strong>El ser humano –hombre y mujer- es recepción. Cuanto más vacío estoy de mi mismo, más susceptible de llenarme del Otro</strong>. El asombro es el fundamento de todo quehacer filosófico. Pero hace falta un “renacimiento espiritual” para descubrirlo. En definitiva una dinámica de muerte y resurrección. <strong>Morir a la mujer vieja para nacer a la nueva. ¿No radica aquí la autenticidad del feminismo cristiano?</strong></p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar Ragolta</strong><br />
Fuente: <em><a href="http://pliegotante.blogspot.com/2012/10/" target="_blank" rel="noopener">Nuestra Señora de la Paz y la Alegría </a></em></p>
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		<title>Aparición de Jesús resucitado a su madre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Mar 2023 05:01:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dios te salve, madre querida soy tu hijo resucitado, sí vivo ya una nueva vida para estar siempre a tu lado. Mira bien mi mano herida y la llaga de mi costado, por todos serás bendecida tú que siempre has esperado. Madre e hijo se han hallado y con un abrazo han sellado un encuentro</p>
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<p>Dios te salve, madre querida<br />
soy tu hijo resucitado,<br />
sí vivo ya una nueva vida<br />
para estar siempre a tu lado.</p>
<p>Mira bien mi mano herida<br />
y la llaga de mi costado,<br />
por todos serás bendecida<br />
tú que siempre has esperado.</p>
<p>Madre e hijo se han hallado<br />
y con un abrazo han sellado<br />
un encuentro que aún asombra.</p>
<p>La mano del Padre, su sombra<br />
desciende sobre Ti, María<br />
¡O virgen de Paz y Alegría!</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar Ragolta</strong><br />
Fuente: <a href="http://pliegotante.blogspot.com/2009/04/aparicion-de-jesus-resucitado-su-madre.html" target="_blank" rel="noopener">Nuestra Señora de la Paz y la Alegría</a></p>
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		<title>El gran reencuentro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Jun 2021 09:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Jaume Aymar]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[reencuentro]]></category>
		<category><![CDATA[Resurrección]]></category>
		<category><![CDATA[Venciendo la muerte.]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la Plaza de la Constitución de Badalona (España), cada Domingo de Resurrección tiene lugar la procesión del encuentro entre María vestida de fiesta y Jesús Resucitado representado por un Niño. Un acto que se hace cada año pero que este 2023 ha sido más solemne porque la Congregación de los Dolores lleva 300 años</p>
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<p style="text-align: justify;">
En la Plaza de la Constitución de Badalona (España), cada Domingo de Resurrección tiene lugar la procesión del encuentro entre María vestida de fiesta y Jesús Resucitado representado por un Niño. Un acto que se hace cada año pero que este 2023 ha sido más solemne porque la Congregación de los Dolores lleva 300 años celebrando la fe en la parroquia de Santa María. Por este motivo los congregantes llevan corbata de color: ¡es fiesta! La eucaristía ha iniciado con esta oración colecta: “Oh Dios, hoy tu Unigénito, venciendo la muerte nos ha abierto las puertas de la eternidad. Haz que quienes celebremos la resurrección del Señor, renovados por tu Espíritu, resucitemos con Cristo en la luz de la vida.” Ya sabéis que la oración colecta es la principal de la misa. En ella recogemos todas nuestras intenciones. Pues bien, cada palabra de esa oración está muy pensada:</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Hoy</b>. La resurrección es hoy. Jesús dijo que si no nos hacíamos como niños no entraríamos en el Reino de Dios. Pues bien fíjense que para los niños -como para algunos pueblos primitivos- sólo hay dos tiempos verbales, «ahora» y «no ahora». Igualmente ocurre con las personas mayores. No pueden realizar programas a largo plazo. No podemos hacerles promesas de futuro porque no saben qué futuro tendrán&#8230;. Así la resurrección es un hoy, porque la eternidad es un hoy. Con sabia intuición teológica, la imagen del Resucitado de nuestra parroquia de Santa María, es un niño vestido de blanco. Hay un corto que corre por las redes sociales. Un hombre muere haciendo <i>surfing</i> en el mar. Su cuerpo sin vida es arrojado a la playa. Cuando se despierta y se levanta (la resurrección) se encuentra que la playa está llena de niños, se va caminando hasta la ciudad y ve que es la de siempre, pero poblada de niños. Él mismo, al pasar cerca de un escaparate ve que es un niño. ¡Qué intuición tan bella de la infancia espiritual de la que hablaba Santa Teresita de Lisieux!</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Venciendo la muerte.</b> Podríamos decir, «¡pero si a pesar de los esfuerzos de la ciencia la muerte no está vencida!» Si seguimos muriendo. Si muere el amigo y muere antes que nosotros. Si mueren los padres, los hermanos&#8230; ¡Si mueren personas a las que no les tocaría morir! ¿Somos unos ilusos quienes creemos en la resurrección de la carne? No. Fíjense. Hemos empezado esta fiesta con la Procesión del Encuentro entre María y Jesús, aquí mismo en la plaza de la Constitución, en el casco histórico de <i>Dalt la Vila</i>. El encuentro gozoso entre Madre e Hijo. Madre e Hijo que se habían encontrado de forma trágica en el Camino de la Agonía, ahora se reencuentran gozosa y serenamente. Es una sabia intuición popular. La Madre y el Hijo se reencuentran, de la misma manera todos tenemos la esperanza de reencontrarnos un día con nuestros familiares queridos que nos han precedido. Recuerdo sobre todo que para Montserrat Rovira, una buena feligresa, ésta era una gran preocupación: “¿me reencontraré con las personas que he amado? ¿Volveré a verlas?” Poco tiempo antes de morir perdió a una buena amiga. Los hijos de Montserrat le escondieron este hecho. No quisieron decirle. Pero el mismo día del entierro, por la mañana, el hijo que vivía con ella en casa oyó un ruido: Mamá se había levantado, se había arreglado&#8230; ”Madre ¿qué haces aquí?”. “Hijo, ¿no debemos ir al entierro&#8230;?” El hijo quedó helado: estaba absolutamente convencido de que a su madre no le había dicho nadie, pero lo sabía. ¡Y cuántas personas en la agonía mencionan a la madre! ¡Y cuántos condenados a muerte, en el transcurso de la historia han mencionado a la madre! ¿Acaso están volviendo a la infancia y la ven? Por tanto, la muerte está vencida, porque desde nuestro bautismo, al incorporarnos a Cristo hemos recibido el don de la vida perdurable, como insiste uno de mis mejores amigos: no es otra vida, es la misma vida que sigue renovada. Por eso cantamos: “continuaré caminando con quienes viven en la presencia del Señor&#8230;”</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Resucitamos en Cristo a la luz de la vida.</b> Hay un comentario muy interesante de los benedictinos de la Abadía de Saint-André-la Bas sobre la resurrección. La fe de los Apóstoles en la resurrección es progresiva y mezclada con las dudas y con incredulidad, como la fe de nosotros mismos que, en muchas ocasiones, dudamos. Como muchos amigos y familiares nuestros que creían y han dejado de creer en la resurrección. Escriben los monjes: Pedro, aunque veía la tumba vacía, no creyó en ella hasta que él mismo no reencontró al Señor (Lc 24, 12-34; 1Cor 15,5). Para comprender inmediatamente el signo era necesario el amor intuitivo del discípulo que Jesús amaba. Sin embargo, el primer testigo que entró en el sepulcro para hacer las constataciones oficiales, no fue María de Magdala ni tampoco Juan, sino que es Pedro, el jefe del colegio apostólico. Es decir, el obispo de Roma, es decir, el Papa. Por eso el pueblo sencillo sigue tanto la vida y las enseñanzas del Papa, porque intuye que él, vestido de blanco, debe seguir siendo el primer testimonio de la resurrección. Ahora bien, la clarividencia tan particular de Juan es muy instructiva, no es suficiente con ver para que creamos. Repito, Pedro no creyó hasta que se encontró con Jesús. El discípulo amado vio y creyó. María Magdalena vio y creyó. Nosotros no creeremos de verdad hasta que no nos encontremos con Jesús en la eternidad, pero sí que podemos empezar a creer desde ahora cuando encontramos a Jesús en el pobre, el enfermo o el marginado o cuando sentimos que nos comunicamos con nuestros muertos. Otra buena feligresa me decía que su madre murió hace muchos años y que fue una mujer poco maternal. Pero el otro día soñó con ella, y soñó que le daba dos besos. Y se quedó llena de gozo y de consuelo. ¡Cuántos de nosotros también hemos soñado con nuestros muertos! Los sueños no son nada despreciables&#8230; Estos sueños no ahorran el acto de fe, pero sí que son como catas, anticipaciones sorprendentes del gran reencuentro. Ahora creemos, cuando lleguemos a la plenitud, veremos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todo esto no podremos vivirlo y entenderlo si no se renueva el Espíritu, el Espíritu que ya desde ahora debemos pedir con ahínco y que bajará nuevamente sobre nosotros este Pentecostés. Hemos tenido cuarenta días para convertirnos en nuestra vida de pecado. Ahora tenemos otros cincuenta días para convertirnos a la alegría de creer.</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar</strong></p>
<p>Fuente: <a href="https://jaumeaymar.blogspot.com/" target="_blank" rel="noopener">jaumeaymar.blogspot.com</a></p>
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		<title>Corazón de madre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Jun 2021 09:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[Corazón de madre]]></category>
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<p>En el corazón inmaculado de María sentimos que el corazón de tantas madres late conjuntamente. Aquel corazón que se abrió al anuncio del Ángel. Aquel corazón que latía con la visita de cada pastor y cada mago. Aquel corazón que tenía y tiene razones que la razón no entiende. Aquel corazón de María que pensaba porqué su Hijo se había portado así con Ella y con José. Aquel corazón de discípula que aprende de su propio Hijo. Aquel corazón traspasado al pie de la cruz. Aquel corazón que no se cansaba de esperar. Aquel corazón que latió con fuerza cuando reencontró a su Hijo Resucitado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel Corazón de madre, con el cual laten los corazones de tantas madres del mundo:</p>
<p>Madres solteras que luchan solas para salir adelante.</p>
<p>Madres empresarias que concilian trabajo y familia.</p>
<p>Madres viudas que quizás han visto doblar su duelo con la muerte de un hijo.</p>
<p>Madres abandonadas en los países de origen por sus esposos o los hijos que han emigrado.</p>
<p>Madres de familias numerosas que se multiplican para atender maridos, hijos y nietos.</p>
<p>Madres que se levantan todas las veces necesarias para atender al infante que llora.</p>
<p>Madres que hacen cola para ir a buscar alimentos o medicamentos.</p>
<p>Madres jóvenes que han salido adelante con un embarazo, aún sabiendo la enfermedad del hijo que había de nacer.</p>
<p>Madres trabajando en el campo, con la hijita en las espaldas.</p>
<p>Madres que amamantan al recién nacido en una silla baja.</p>
<p>Madres que llevarán siempre el duelo de haberse visto forzadas a abortar.</p>
<p>Madres maestras, maestras madres.</p>
<p>Madres al pie de la cama de la hija enferma, del abuelo al que se ha debilitado el entendimiento. Madres que velan detrás de los cristales de una UCI.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Oh, María de corazón inmaculado, danos un corazón de carne, empático con cada gozo y cada alegría, con cada dolor y con cada nueva esperanza!</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar Ragolta</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD" style="font-family: 'Helvetica Neue','serif';">Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<table border="0">
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</tr>
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		<title>El virus del poder</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 14 Nov 2020 16:00:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
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<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2020/11/el-virus-del-poder/">El virus del poder</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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<p>Ante el milagro de los panes y los peces que aparece en el evangelio de Juan, en su capítulo 6 (1-15), podría quedar un poco escondida una tentación que el evangelista relata de esta forma: “Jesús, entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo”. Lo tenía muy fácil: las masas lo aclamaban, era un buen líder, de palabra convincente, de gestos prodigiosos&#8230; pero Jesús huye de esta tentación y se va solo, como solía hacer cuando oraba.</p>
<p>La tentación del poder. Hay una novela histórica reciente de un cura catalán residente en Colombia, Martí Colom. Se llama La renuncia y hace referencia a la renuncia histórica de Celestino V al papado porque notaba que le podía entrar el virus del poder. </p>
<p>¡Cómo nos aferramos a nuestra parcela de poder, grande o pequeña! Nos imaginamos que el poder es bueno y que lo hemos de arrebatar para ejercerlo mejor que los otros. Y nos equivocamos. Es famoso el aforismo de Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Y hay que añadir que, cuando este autor habla de poder, hace referencia a todo tipo de bien como el dinero que puede comportar a la corrupción del ser. </p>
<p>Previamente, en este mismo pasaje de la multiplicación, el Señor nos ha dado tres claves para no caer en esta tentación: en primer lugar, organizarnos con un gesto tan sencillo como sentarse sobre la hierba. Sentarse. Es completamente diferente decirnos las cosas sentados que de pie, en un pasillo, a las prisas&#8230; Sentarse, pero no en cualquier lugar. Sentarse en la hierba. Aquí hay toda una entrada en contacto con la naturaleza de la cual formamos parte.</p>
<p>Leí una entrevista hecha a Mussei Zerai, sacerdote de Eritrea de 43 años de edad, fundador de la asociación Habeshia. Él fue nominado al Premio Nobel de la Paz, ya que se calcula que desde el 2011 ha salvado 150 mil personas que cruzaban el mar Mediterráneo. Don Barcone, como lo llaman, cuando se presenta dice: “mi idea política es amar al prójimo como a ti mismo y al planeta&#8230;”. Este amar al planeta me ha hecho pensar en la Laudato Si, del papa Francisco, que habla también de la naturaleza y el poder: “Se vuelve indispensable crear un sistema normativo (&#8230;) que asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder (&#8230;) acaben arrasando no sólo la política, sino también la libertad y la justicia” (n. 53).</p>
<p>La segunda clave que nos da Jesús es hacer red. Red que sirve para compartir lo poco que cada uno trae: comienzan con cinco panes y dos peces que, puestos en manos de Jesús, se multiplican. También aquello que nosotros somos o tenemos, si lo sabemos compartir en red y lo sabemos poner en manos de Dios, lo multiplicamos. Nos dicen los expertos que en las redes sociales hay una manera de hacer que contribuye a todos a estar en un mismo plano. Es otra manera de dialogar. </p>
<p>En tercer lugar, y no el menos importante: saber agradecer sinceramente. El poderoso suele ser desagradecido porque usa a los otros sólo al servicio de sus ambiciones. </p>
<p>Para concluir, podríamos decir que la Eucaristía nos salva del poder porque nos hace sentarnos juntos a escuchar la Palabra, nos estimula a hacer red de servicio y es, toda ella, una acción de gracias cósmica, como aquella misa sobre el mundo de la cual hablaba el P. Teilhard de Chardin.</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar</strong><br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Solo con ellos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:00:07 +0000</pubDate>
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Por eso, en el Evangelio de la Transfiguración, Dios Padre presenta a su Hijo amado a sus discípulos más íntimos de una manera nueva, solemne y plena de estimación: “Este es mi Hijo amado”. Aunque vendrá después la Pasión, la Transfiguración anticipa ya el final de la historia: habrá Resurrección. Es un texto paralelo al bautismo: Jesús se presenta como el hombre nuevo resplandeciente a quien hay que escuchar porque la luz de Jesús ilumina todas las oscuridades, todos los repliegues de nuestra alma.<br />
Nos podría parecer que el pasaje de la Transfiguración es una cosa de otro tiempo, excepcional, pero hemos de comprender que es un mensaje que se nos dice a cada uno de nosotros ahora y aquí. El color que predomina en la escena es el blanco intenso, el color de los vestidos de Jesús, el color del alba, el color de la pureza, el color de los muros de la celda carmelitana o de la cartuja. El mensaje de Jesús es nuevo, supera el de la ley (representada por Moisés) y el de los profetas (representados por Elías). Por eso la Palabra que tenemos que escuchar es, sobre todo, la del Evangelio. Como un signo de su importancia en la eucaristía nos ponemos de pie para escucharla. Es una manera de decir, como Abraham: “aquí me tienes”, y una voluntad como la que expresa la antífona del salmo: “continuaré caminando entre los que viven en la presencia del Señor”.<br />
Al terminar la teofanía, ven a Jesús solo con ellos. Jesús estaba con los discípulos, pero estaba solo. Solo pero acompañado, acompañado pero solo. Lo interpretó muy bien Leonardo da Vinci en aquella Última Cena del refectorio de Santa Maria delle Grazie en Milán, ten reproducida, donde los apóstoles están agrupados en cuatro grupos de tres y dejan a Jesús muy solo en su Pasión. Los discípulos no acababan de entender su propuesta y discutían qué quería decir eso de resucitar de entre los muertos. Aún no habían entendido que acababan de ser testigos de una anticipación de la resurrección. Aún no habían entendido que la Pasión es necesaria para llegar a la gloria. De hecho, nosotros lo podemos entender conceptualmente pero nos cuesta comprenderlo con el corazón. Y muchas veces aceptamos los males contrariados, sin intentar leer las claves de resurrección que esconden.<br />
Por eso, Isaac es una figura anticipada de Jesús. Isaac no fue sacrificado, Jesús sí que lo será, pero al final resuscitará. Y la fe de María será más grande que la de Abraham.<br />
Nosotros también estamos llamados a resuscitar con Él. En el momento de elevar la sagrada forma, en la consagración, nos pasa ante los ojos aquello que hemos cantado tantas veces quizás sin ser conscientes: “lo contemplamos transfigurado / en el momento de la despedida.»</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar</strong><br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Relación personal con Dios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:00:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>A veces Dios habla desde una realidad inhóspita o desde una circunstancia adversa, tan áspera, tan incómoda, como una zarza incandescente. Fue allí donde Dios se reveló a Moisés y le dio una misión. Dios se le reveló como el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Nos</p>
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<p style="text-align: justify;">A veces Dios habla desde una realidad inhóspita o desde una circunstancia adversa, tan áspera, tan incómoda, como una zarza incandescente. Fue allí donde Dios se reveló a Moisés y le dio una misión. Dios se le reveló como el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Nos podríamos preguntar, ¿por qué repite tanto la palabra “Dios”, lo podría decir todo de una vez: Dios de tu padre, de Abraham, de Isaac y de Jacob? Porque Dios es el mismo, pero no es igual la relación que tiene con tu padre, que con Abraham, que con Isaac y que con Jacob (M.A.Ouaknin).</p>
<p style="text-align: justify;">No es la misma relación la que tiene el Señor, el “Quien es”, con Joaquín, con Teresa, con Montse, con Rosa, con Francisco, con cada una y cada uno de nosotros. Y este es el principio trascendente de la libertad religiosa. Depende, pues, de la relación que tengamos con Dios el que actuemos de una manera u otra.</p>
<p style="text-align: justify;">Y Moisés se descalza, porque aquella tierra es sagrada. Sí, hace falta descalzarse para poder entrar en el terreno de aquel Dios que “es quien Es”. También hemos de entrar descalzos, respetuosos, pacientes, en el espacio del otro.</p>
<p style="text-align: justify;">En tiempo de Jesús había una convicción muy arraigada: las desgracias personales son un castigo divino. Quizás aún hoy muchos piensan así, quizás nosotros también pensamos así o hemos pensado así, aunque sea inconscientemente. Esta lógica desgracia-castigo, proviene de una imagen deformada de Dios. Pero Jesús llamaba a todos a la conversión. A no creer más en un Dios de venganza, sino de misericordia y de perdón. Entonces, cada noticia, cada acontecimiento, por áspero y espinoso que sea, como la zarza incandescente, es una ocasión para reflexionar y para ver si nuestra vida se ajusta a la voluntad de este Dios que nos ha llamado y nos ha enviado en misión. Si no se ajusta ahora, quizás es la hora favorable de la conversión.</p>
<p style="text-align: justify;">Que el odio deje paso al amor, que la venganza deje paso al perdón.</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar</strong></p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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