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	<title>Jaume Aymar archivos - Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>El gran reencuentro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Jun 2021 09:00:14 +0000</pubDate>
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<p style="text-align: justify;">
En la Plaza de la Constitución de Badalona (España), cada Domingo de Resurrección tiene lugar la procesión del encuentro entre María vestida de fiesta y Jesús Resucitado representado por un Niño. Un acto que se hace cada año pero que este 2023 ha sido más solemne porque la Congregación de los Dolores lleva 300 años celebrando la fe en la parroquia de Santa María. Por este motivo los congregantes llevan corbata de color: ¡es fiesta! La eucaristía ha iniciado con esta oración colecta: “Oh Dios, hoy tu Unigénito, venciendo la muerte nos ha abierto las puertas de la eternidad. Haz que quienes celebremos la resurrección del Señor, renovados por tu Espíritu, resucitemos con Cristo en la luz de la vida.” Ya sabéis que la oración colecta es la principal de la misa. En ella recogemos todas nuestras intenciones. Pues bien, cada palabra de esa oración está muy pensada:</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Hoy</b>. La resurrección es hoy. Jesús dijo que si no nos hacíamos como niños no entraríamos en el Reino de Dios. Pues bien fíjense que para los niños -como para algunos pueblos primitivos- sólo hay dos tiempos verbales, «ahora» y «no ahora». Igualmente ocurre con las personas mayores. No pueden realizar programas a largo plazo. No podemos hacerles promesas de futuro porque no saben qué futuro tendrán&#8230;. Así la resurrección es un hoy, porque la eternidad es un hoy. Con sabia intuición teológica, la imagen del Resucitado de nuestra parroquia de Santa María, es un niño vestido de blanco. Hay un corto que corre por las redes sociales. Un hombre muere haciendo <i>surfing</i> en el mar. Su cuerpo sin vida es arrojado a la playa. Cuando se despierta y se levanta (la resurrección) se encuentra que la playa está llena de niños, se va caminando hasta la ciudad y ve que es la de siempre, pero poblada de niños. Él mismo, al pasar cerca de un escaparate ve que es un niño. ¡Qué intuición tan bella de la infancia espiritual de la que hablaba Santa Teresita de Lisieux!</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Venciendo la muerte.</b> Podríamos decir, «¡pero si a pesar de los esfuerzos de la ciencia la muerte no está vencida!» Si seguimos muriendo. Si muere el amigo y muere antes que nosotros. Si mueren los padres, los hermanos&#8230; ¡Si mueren personas a las que no les tocaría morir! ¿Somos unos ilusos quienes creemos en la resurrección de la carne? No. Fíjense. Hemos empezado esta fiesta con la Procesión del Encuentro entre María y Jesús, aquí mismo en la plaza de la Constitución, en el casco histórico de <i>Dalt la Vila</i>. El encuentro gozoso entre Madre e Hijo. Madre e Hijo que se habían encontrado de forma trágica en el Camino de la Agonía, ahora se reencuentran gozosa y serenamente. Es una sabia intuición popular. La Madre y el Hijo se reencuentran, de la misma manera todos tenemos la esperanza de reencontrarnos un día con nuestros familiares queridos que nos han precedido. Recuerdo sobre todo que para Montserrat Rovira, una buena feligresa, ésta era una gran preocupación: “¿me reencontraré con las personas que he amado? ¿Volveré a verlas?” Poco tiempo antes de morir perdió a una buena amiga. Los hijos de Montserrat le escondieron este hecho. No quisieron decirle. Pero el mismo día del entierro, por la mañana, el hijo que vivía con ella en casa oyó un ruido: Mamá se había levantado, se había arreglado&#8230; ”Madre ¿qué haces aquí?”. “Hijo, ¿no debemos ir al entierro&#8230;?” El hijo quedó helado: estaba absolutamente convencido de que a su madre no le había dicho nadie, pero lo sabía. ¡Y cuántas personas en la agonía mencionan a la madre! ¡Y cuántos condenados a muerte, en el transcurso de la historia han mencionado a la madre! ¿Acaso están volviendo a la infancia y la ven? Por tanto, la muerte está vencida, porque desde nuestro bautismo, al incorporarnos a Cristo hemos recibido el don de la vida perdurable, como insiste uno de mis mejores amigos: no es otra vida, es la misma vida que sigue renovada. Por eso cantamos: “continuaré caminando con quienes viven en la presencia del Señor&#8230;”</p>
<p style="text-align: justify;"><b>Resucitamos en Cristo a la luz de la vida.</b> Hay un comentario muy interesante de los benedictinos de la Abadía de Saint-André-la Bas sobre la resurrección. La fe de los Apóstoles en la resurrección es progresiva y mezclada con las dudas y con incredulidad, como la fe de nosotros mismos que, en muchas ocasiones, dudamos. Como muchos amigos y familiares nuestros que creían y han dejado de creer en la resurrección. Escriben los monjes: Pedro, aunque veía la tumba vacía, no creyó en ella hasta que él mismo no reencontró al Señor (Lc 24, 12-34; 1Cor 15,5). Para comprender inmediatamente el signo era necesario el amor intuitivo del discípulo que Jesús amaba. Sin embargo, el primer testigo que entró en el sepulcro para hacer las constataciones oficiales, no fue María de Magdala ni tampoco Juan, sino que es Pedro, el jefe del colegio apostólico. Es decir, el obispo de Roma, es decir, el Papa. Por eso el pueblo sencillo sigue tanto la vida y las enseñanzas del Papa, porque intuye que él, vestido de blanco, debe seguir siendo el primer testimonio de la resurrección. Ahora bien, la clarividencia tan particular de Juan es muy instructiva, no es suficiente con ver para que creamos. Repito, Pedro no creyó hasta que se encontró con Jesús. El discípulo amado vio y creyó. María Magdalena vio y creyó. Nosotros no creeremos de verdad hasta que no nos encontremos con Jesús en la eternidad, pero sí que podemos empezar a creer desde ahora cuando encontramos a Jesús en el pobre, el enfermo o el marginado o cuando sentimos que nos comunicamos con nuestros muertos. Otra buena feligresa me decía que su madre murió hace muchos años y que fue una mujer poco maternal. Pero el otro día soñó con ella, y soñó que le daba dos besos. Y se quedó llena de gozo y de consuelo. ¡Cuántos de nosotros también hemos soñado con nuestros muertos! Los sueños no son nada despreciables&#8230; Estos sueños no ahorran el acto de fe, pero sí que son como catas, anticipaciones sorprendentes del gran reencuentro. Ahora creemos, cuando lleguemos a la plenitud, veremos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todo esto no podremos vivirlo y entenderlo si no se renueva el Espíritu, el Espíritu que ya desde ahora debemos pedir con ahínco y que bajará nuevamente sobre nosotros este Pentecostés. Hemos tenido cuarenta días para convertirnos en nuestra vida de pecado. Ahora tenemos otros cincuenta días para convertirnos a la alegría de creer.</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar</strong></p>
<p>Fuente: <a href="https://jaumeaymar.blogspot.com/" target="_blank" rel="noopener">jaumeaymar.blogspot.com</a></p>
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		<title>Solo con ellos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:00:07 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2017/07/soloconellos_notx.jpg"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-10250" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2017/07/soloconellos_notx-300x186.jpg" alt="" width="300" height="186" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2017/07/soloconellos_notx-300x186.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2017/07/soloconellos_notx-600x371.jpg 600w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2017/07/soloconellos_notx.jpg 648w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Nos parece trágico e injusto que Abraham, interpretando lo que Dios le pedía, llevara a su hijo Isaac al sacrificio. Pero no pensamos en cuántos padres hoy, alrededor del mundo, quizás creyendo que les hacen un bien, sacrifican la vida de sus hijos en aras de sus intereses: los explotan, los instrumentalizan o proyectan en ellos sus frustraciones. No les permiten ser libres. Los hijos son personas que Dios ha confiado en las manos de los padres para que les regresen progresivamente la libertad que tienen delegada.<br />
Por eso, en el Evangelio de la Transfiguración, Dios Padre presenta a su Hijo amado a sus discípulos más íntimos de una manera nueva, solemne y plena de estimación: “Este es mi Hijo amado”. Aunque vendrá después la Pasión, la Transfiguración anticipa ya el final de la historia: habrá Resurrección. Es un texto paralelo al bautismo: Jesús se presenta como el hombre nuevo resplandeciente a quien hay que escuchar porque la luz de Jesús ilumina todas las oscuridades, todos los repliegues de nuestra alma.<br />
Nos podría parecer que el pasaje de la Transfiguración es una cosa de otro tiempo, excepcional, pero hemos de comprender que es un mensaje que se nos dice a cada uno de nosotros ahora y aquí. El color que predomina en la escena es el blanco intenso, el color de los vestidos de Jesús, el color del alba, el color de la pureza, el color de los muros de la celda carmelitana o de la cartuja. El mensaje de Jesús es nuevo, supera el de la ley (representada por Moisés) y el de los profetas (representados por Elías). Por eso la Palabra que tenemos que escuchar es, sobre todo, la del Evangelio. Como un signo de su importancia en la eucaristía nos ponemos de pie para escucharla. Es una manera de decir, como Abraham: “aquí me tienes”, y una voluntad como la que expresa la antífona del salmo: “continuaré caminando entre los que viven en la presencia del Señor”.<br />
Al terminar la teofanía, ven a Jesús solo con ellos. Jesús estaba con los discípulos, pero estaba solo. Solo pero acompañado, acompañado pero solo. Lo interpretó muy bien Leonardo da Vinci en aquella Última Cena del refectorio de Santa Maria delle Grazie en Milán, ten reproducida, donde los apóstoles están agrupados en cuatro grupos de tres y dejan a Jesús muy solo en su Pasión. Los discípulos no acababan de entender su propuesta y discutían qué quería decir eso de resucitar de entre los muertos. Aún no habían entendido que acababan de ser testigos de una anticipación de la resurrección. Aún no habían entendido que la Pasión es necesaria para llegar a la gloria. De hecho, nosotros lo podemos entender conceptualmente pero nos cuesta comprenderlo con el corazón. Y muchas veces aceptamos los males contrariados, sin intentar leer las claves de resurrección que esconden.<br />
Por eso, Isaac es una figura anticipada de Jesús. Isaac no fue sacrificado, Jesús sí que lo será, pero al final resuscitará. Y la fe de María será más grande que la de Abraham.<br />
Nosotros también estamos llamados a resuscitar con Él. En el momento de elevar la sagrada forma, en la consagración, nos pasa ante los ojos aquello que hemos cantado tantas veces quizás sin ser conscientes: “lo contemplamos transfigurado / en el momento de la despedida.»</p>
<p>Texto: <strong>Jaume Aymar</strong><br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Desautorizar o llevar a plenitud</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 08:58:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Audio: Desautorizar o llevar a plenitud Jesús no viene a desautorizar,  sino a llevar a plenitud.  Desautorizar es muy fácil. Basta una palabra, incluso una sonrisa o una insinuación para robarle a una persona el buen nombre o la fama, o para ponerla bajo sospecha: “¡Si yo te explicara!”.  Dicen que “la lengua no tiene</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><div class="fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 hundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling" style="--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-overflow:visible;--awb-flex-wrap:wrap;" ><div class="fusion-builder-row fusion-row"><div class="fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last fusion-column-no-min-height" style="--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;"><div class="fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy">[audio:https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/desautorizar_plenitud.mp3|titles=Desautorizar o llevar a plenitud]Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/desautorizar_plenitud.mp3">Desautorizar o llevar a plenitud</a></p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-1770" title="desautorizar_o_llevar_a_plenitud" alt="" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/desautorizar_o_llevar_a_plenitud-300x212.jpg" width="240" height="170" />Jesús no viene a desautorizar,  sino a llevar a plenitud.  Desautorizar es muy fácil. Basta una palabra, incluso una sonrisa o una insinuación para robarle a una persona el buen nombre o la fama, o para ponerla bajo sospecha: “¡Si yo te explicara!”.  Dicen que “la lengua no tiene huesos, pero rompe muy gruesos”. Llevar a plenitud implica hacer que las cosas sean lo que han de ser, lo cual no es fácil. Ayudar a que las personas lleguen a ser aquello que Dios espera de ellas, a veces es una cuesta arriba. Lo saben todos los que tienen hijos&#8230; Educar es una labor larga, paciente y delicada. Pero este es el cometido del cristiano, siguiendo las pisadas luminosas de su Maestro: no desautorizar, llevarlo todo a plenitud.</p>
<p style="text-align: justify;">Jesús pone en positivo los mandamientos y va mucho más allá: donde dice “no mates”, Él dice “no te enfades, no menosprecies a tu hermano”. Matar, acabar con una vida, es relativamente fácil: una bala, una piedra, un segundo de distracción en el volante&#8230; En cambio, ¡sacar adelante una vida, educar a una persona, requiere muchos años de esfuerzos y sacrificio!</p>
<p style="text-align: justify;">Nosotros, difícilmente mataremos a alguien físicamente&#8230; Pero, lo que sí<img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-1771" title="portada_desautorizar_o_llevar_a_plenitud" alt="" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/portada_desautorizar_o_llevar_a_plenitud-300x212.jpg" width="240" height="170" /> podemos, es matar la alegría de una convivencia, de una reunión o de una persona. El menosprecio y el insulto son formas de violencia verbal que pueden hacer mucho mal y matar moralmente al otro. Quizás no caigamos en el adulterio,  pero podemos perder la fidelidad del corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Jesús mira el corazón. Nosotros también hemos de mirarlo. Hemos de auto-examinarnos sin ánimo de juzgarnos, porque podemos ser injustos, incluso, con nosotros mismos. Preguntémonos: ¿qué elegimos? Desautorizar o llevar a plenitud, matar o dar vida, desear apropiarnos del otro o ayudarlo a ser lo que está llamado a ser&#8230; La decisión es nuestra.</p>
<p><em>Por</em><strong><em> Jaume Aymar Ragolta<br />
</em></strong><em><em>Voz: Santos Batzín<br />
</em></em><em><em>Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales<br />
</em><em>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</em> </em></p>
<p style="text-align: right;"><a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/11/revista_ce_61.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><img decoding="async" class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" alt="Descargar PDF" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" width="40" height="45" /></a></p>
<div class="fusion-clearfix"></div></div></div></div></div></p>
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		<title>Sal y luz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Aug 2011 08:35:58 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Audio: Sal y luz La rutina es un enemigo de la persona y de la convivencia. Cuando el ambiente se torna aletargado y mediocre, Jesús nos pide que seamos sal y luz. ¿Por qué? La sal preserva de la corrupción y, administrada en su justa medida, da buen gusto. En el evangelio, los necios son</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2011/08/sal-y-luz/">Sal y luz</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-2 hundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling" style="--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-overflow:visible;--awb-flex-wrap:wrap;" ><div class="fusion-builder-row fusion-row"><div class="fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-1 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last fusion-column-no-min-height" style="--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;"><div class="fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy">[audio:https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/sal-y-luz.mp3|titles=Sal y luz]Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/sal-y-luz.mp3">Sal y luz</a></p>
<p style="text-align: justify;">La rutina es un enemigo de la persona y de la convivencia. Cuando el ambiente se torna aletargado y mediocre, Jesús nos pide que seamos sal y luz. ¿Por qué? La sal preserva de la corrupción y, administrada en su justa medida, da buen gusto. En el evangelio, los necios son los sosos, los insípidos, los faltos de sabor. Ser salado equivale a ser sabio. Acumular conocimientos no lleva a la felicidad, lo que sí nos lleva es a saborear estos conocimientos. Hemos de aprender a vivir la sabiduría del corazón. Cuando se bautizaban a los niños, antes se les ponía un poco de sal en los labios, para recordar que tenían que ser sal para el mundo. Cuando en el ambiente rural se hacía el ritual del “salpás”, se oraba porque aquella casa quedara preservada de todo mal y, a la vez, que los que la habitaban fueran sal.</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-1216" title="sal y luz" alt="" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/sal-y-luz-300x225.jpg" width="300" height="225" />Jesús también nos pide que seamos luz.  Si en una habitación oscura encendemos una luz, hay exactamente lo mismo que había antes, pero todo parece nuevo: todo toma color y relieve. Descubrimos que hay cosas que ni imaginábamos. Y, a menudo, nos hace más felices reconocer que conocer&#8230; Jesús no ha venido a añadirnos nada nuevo, sino a dar plenitud a todo lo que somos y lo que tenemos. Por eso el clamor: ¡abrid las puertas a Cristo! Ha venido a iluminar nuestra vida.  Cuando una persona sabe cultivar la soledad y el silencio aprende a hacerse cargo de los dolores y de los sufrimientos de los otros. Nos lo ha dicho el profeta Isaías: cuando compartes el pan, cuando acoges al vagabundo, estalla en tu vida una luz como la de la mañana y se cierran al instante tus heridas. En ti se enciende la luz y tú mismo eres luz para los otros.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué humildad la de San Pablo! Dice a la comunidad de Corinto. “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor&#8230;”. ¿Por qué? Porque sabía, porque sabemos, que aquello que anunciamos, nos sobrepasa.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando hoy se habla de nueva evangelización, pensamos que quizás la Iglesia, en otros tiempos, había fracasado por negligencia o por poca credibilidad. Es posible que haya sido así, pero no nos podemos quedar en el fenómeno sociológico, porque la Iglesia en el mundo presenta signos de santidad constante y testimonios&#8230; En todas las épocas, hasta en las más oscuras, ha habido personas que han sido luz. Como dice el presidente del nuevo dicasterio para la evangelización, Rino Fisichella, “ponerse al servicio de la persona humana para comprender la angustia que lo mueve y proponerle una salida que le ofrezca serenidad y alegría, es la bella noticia que anuncia la Iglesia”.</p>
<p><em>Por<strong> Jaume Aymar Ragolta<br />
</strong><em>Voz: Ester Romero<br />
</em><em>Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales<br />
</em><em>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</em></em></p>
<p><em><em><br />
</em></em></p>
<p style="text-align: right;"><a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/08/revista_ce_58.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><img decoding="async" class="alignright size-full wp-image-632" style="margin: 0px;" title="Descargar PDF" alt="Descargar PDF" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/pdf.png" width="40" height="45" /></a></p>
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		<title>Las Bienaventuranzas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 May 2011 12:33:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[bienaventuranzas]]></category>
		<category><![CDATA[Jaume Aymar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Audio: Las Bienaventuranzas Las Bienaventuranzas son los dichos más conocidos del Sermón de la Montaña que Jesús de Nazaret pronunció, de acuerdo a los registros de los evangelios según Lucas y según Mateo. San Lucas se dirige a los paganos; San Mateo, a los judíos, a gente ya religiosa, ya iniciada. Se han encontrado</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-3 hundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling" style="--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-overflow:visible;--awb-flex-wrap:wrap;" ><div class="fusion-builder-row fusion-row"><div class="fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-2 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last fusion-column-no-min-height" style="--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;"><div class="fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy">[audio:https://hoja.claraesperanza.net/audio/bienaventuranzas.mp3|titles=Las bienaventuranzas]Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/audio/bienaventuranzas.mp3">Las Bienaventuranzas</a></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Las Bienaventuranzas</em> son los dichos más conocidos del <em>Sermón de la Montaña</em> que <a title="Jesús de Natzaret" href="http://ca.wikipedia.org/wiki/Jes%C3%BAs_de_Natzaret">Jesús de Nazaret</a> pronunció, de acuerdo a los registros de los evangelios según <a title="Evangeli segons Lluc" href="http://ca.wikipedia.org/wiki/Evangeli_segons_Lluc">Luc</a>as y según Mate<a title="Evangeli segons Mateu" href="http://ca.wikipedia.org/wiki/Evangeli_segons_Mateu">o</a>. San Lucas se dirige a los paganos; San Mateo, a los judíos, a gente ya religiosa, ya iniciada.</p>
<p style="text-align: justify;">Se han encontrado dichos similares en los <em>Manuscritos del mar Muerto</em>, que fueron escritos antes del nacimiento de <a title="Jesucrist" href="http://ca.wikipedia.org/wiki/Jesucrist">Jesucrist</a>o. La palabra “bienaventuranza” es una palabra técnica. Ahora, entre nosotros, no es de uso común, pero se entiende. En algunas traducciones se hace sinónimo de feliz. Es más rica la expresión “bienaventurado” que feliz, pero feliz se comprende mejor. Dios quiere que seamos felices y lo repite muchas veces. Las bienaventuranzas describen las características de las personas que son consideradas bendecidas por Dios. Hay un matiz, por lo tanto, de perennidad y de arraigo. No se trata de una felicidad pasajera ni efímera: es una felicidad para siempre.</p>
<p style="text-align: justify;">Las bienaventuranzas están escritas (y probablemente fueron dichas) en plural. Los pobres, los humildes, los afligidos&#8230; “Vosotros”, es la concreción. Jesús habla a una comunidad concreta: a la mía, a la tuya, a la nuestra. Hay otras expresiones de bienaventuranza que se encuentran en diversos lugares del evangelio: “Feliz tú que has creído, todo lo que el Señor te ha hecho saber se cumplirá”, dice María a Isabel. María, en el canto del <em>Magnificat</em>, profetiza: “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada”.  O bien, lo que Jesús dice a Tomás: “Bienaventurados los que creerán sin haber visto”, que somos todos nosotros.<a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/bienaventuranzas-internet-1.jpg"><img decoding="async" class="alignright size-full wp-image-422" title="bienaventuranzas (internet)" alt="" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/05/bienaventuranzas-internet-1.jpg" width="200" height="229" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Jesús predicó con el ejemplo, él fue el primer “pobre”, “humilde”, “afligido”, “compasivo”, “limpio de corazón&#8230;”. El que amó hasta dar la vida. Las bienaventuranzas sólo las entiende quien ama. Cabe preguntarnos, ¿somos felices? Eso no impide que un día estemos tristes o de mal humor. Pero hay una felicidad más profunda que es la felicidad del que ama y se siente amado.</p>
<p style="text-align: justify;">Las bienaventuranzas son una teofanía, la manifestación de cómo es Dios, pero la mentalidad hebrea elude el nombre de Dios por respeto. Jesús, a través de las bienaventuranzas y a través de su propia vida, anuncia cómo es Dios: Dios reina y su reino está cerca, Dios consuela, Dios da la tierra, Dios sacia, Dios compadece, Dios se deja ver, Dios es padre. Las bienaventuranzas son pistas luminosas para saber cómo es el Dios de Jesús.</p>
<p style="text-align: justify;">El Reino de Dios está cerca. Una parábola muy breve para decir que Dios mismo está cerca. Este Dios no es un Dios lejano, sino un <em>Abbá</em> amoroso. Nuestro Dios es un Dios de consuelo. Vemos cómo Jesús consuela a Jairo por la muerte de su hija, o a la viuda de Naím por la pérdida de su hijo, o a Marta y María por el traspaso de Lázaro, o a la pecadora arrepentida&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Dios da la tierra, es decir, nosotros avanzamos hacia un cielo nuevo y una tierra nueva. Para el pueblo judío la tierra era sinónimo de felicidad. Tener un espacio donde vivir, un espacio que me dé su fruto. Nosotros avanzamos hacia el Reino.</p>
<p style="text-align: justify;">Dios sacia. Dios llena nuestra medida, colmada hasta derramar. Decía Teresa de Jesús: “<em>Solo Dios basta</em>”, y también: “<em>Nunca estoy menos sola que cuando estoy sola</em>”. Dios tiene entrañas de misericordia. ¡Se compadece de nosotros! Dios sufre por nosotros, Dios Padre padeció una pasión al costado de su hijo. El silencio del viernes santo se rompe con la palabra definitiva dicha la mañana de Pascua. Dios se deja ver a través de Jesús. “¿Tanto tiempo y no me conocías?”. “¡Quien me ve a mí ve al Padre!” A Francisco de Asís todo le hablaba de Dios y, por eso, una vez contemplando unas plantas les dijo: “¡calla!”.</p>
<p style="text-align: justify;">Qué bonito el testimonio de la religiosa francesa sor Marie Simon-Pierre, que se ha curado del Parkinson por la intercesión de Juan Pablo II: “He visto muchos enfermos, he acompañado muchos infantes discapacitados&#8230; y me he preguntado, ¿por qué a mí? Es un misterio. Pero lo que está claro es que se trata de una llamada a servir a aquellos que sufren, a estar a su lado y animarlos para que no pierdan la confianza. Si he sido curada es para continuar al servicio de la vida, defender las familias, sobre todo las más pobres, las de origen extranjero&#8230;”.</p>
<p style="text-align: justify;">Dice el jesuita Xavier Melloni que, “las bienaventuranzas, pronunciadas desde una montaña, tienen el carácter de una teofanía (manifestación de Dios) y constituyen una de las páginas más bellas de la literatura universal. Hablan de una felicidad paradójica que se abre camino en medio de la adversidad y de la contradicción. Cada frase es un pasaje, una pascua, donde se extrema la paradoja: las tierras de escasez se revelan tierras de plenitud. No hay otra manera de alcanzar lo divino que a partir de lo que es humano mismo, yendo hasta al fondo último, perforando la cáscara que se resiste”.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada bienaventuranza comienza en precariedad y acaba en plenitud. El vacío de tener se convierte en plenitud de ser (Mt 5, 3). Por el llanto solidario con los que sufren se llega a ser consolado (Mt 5, 4). Por la desposesión, los humildes se convierten en la capa de humus fértil que cubre la tierra (Mt 5, 5). El deseo de que haya justicia anuncia las primicias de una humanidad nueva (Mt 5, 6). El descentramiento de poner el corazón en la miseria ajena se convierte en capacidad para recibir el corazón de Dios en la propia miseria (Mt 5, 7). La transparencia de la mirada que no juzga ni compara, sino que acoge incondicionalmente, se convierte en percepción de que Dios está presente en todo (Mt 5, 8). La preocupación por la paz nos hace partícipes de una fraternidad sin fronteras, en esta difícil tarea de reconciliar a los humanos (Mt 5, 9). Los que son fieles a causas justas, más allá de las modas y de los intereses cambiantes, son felices porque tienen el absoluto dentro y fuera de sí mismos, aunque sean perseguidos porque se anticipan a su tiempo, tal como sucedió con los profetas y con Jesús (Mt 5, 10-11).</p>
<p style="text-align: justify;">En estos tiempos de tensión y de crispación que vivimos en la sociedad y en la Iglesia, optemos por el estilo de las Bienaventuranzas.</p>
<p><em>Por</em><strong> <em>Jaume Aymar Ragolta</em><br />
</strong><em>Voz: Eduardo Romero<br />
</em><em>Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales<br />
</em><em>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</em></p>
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		<title>Retorno a los brazos de María</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Jan 2011 09:43:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Jesús en la parábola del hijo pródigo nos habla de un padre que perdona. Un padre que es capaz de salir al encuentro de su hijo y sin pedirle explicaciones, de abrazarle y de vestirlo de fiesta y de entrarle al banquete. Sabemos que esa es una bella imagen de Dios Padre. Podemos decir que</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Jesús en la parábola del hijo pródigo nos habla de un padre que perdona. Un padre que es capaz de salir al encuentro de su hijo y sin pedirle explicaciones, de abrazarle y de vestirlo de fiesta y de entrarle al banquete.</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-5375" alt="OLYMPUS DIGITAL CAMERA" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/01/retornoalosbrazosdemaria-225x300.jpg" width="225" height="300" />Sabemos que esa es una bella imagen de Dios Padre. Podemos decir que ese padre paciente, que espera el retorno de su hijo, nos habla de la paciencia infinita de Dios. Dios nos espera porque tiene puesta su esperanza en nosotros. Espera que al fin, fruto de nuestra libertad responsable volvamos de nuevo a Él.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero existe otra hermosa imagen de la esperanza divina. Esa imagen es, precisamente, María. El Sábado Santo, cuando casi todos se habían dispersado, ella fue la única que mantuvo una claraesperanza. Esperaba que Jesús volviera. Esperaba abrazarle de nuevo, tenerle junto a ella, volver a escuchar su voz. Esperaba serena la gran fiesta del re-encuentro. Jesús, libre de todo pecado, inocente, había sido arrebatado de los suyos y clavado en una cruz. Ahora volvía glorioso, trascendido, a compartir con ellos la mesa, la palabra y la alegría inmensa de dejarse ver de nuevo por los hermanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Su presencia sola era capaz de colmar todas las esperanzas. La esperanza de María es pues como un destello nítido de la esperanza de Dios que nos aguarda ya libres de pecado, siendo ya unos con Cristo resucitado para llevarnos al banquete que no tendrá fin. Si nuestro retorno muchas veces se asemeja al del Hijo Pródigo, está llamado a ser tan pleno como el retorno de Cristo en brazos de María y de los suyos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Jaume Aymar</em></strong><br />
<em>(Barcelona)</em></p>
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		<title>Mujer de la levadura</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Dec 2010 13:04:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Jaume Aymar]]></category>
		<category><![CDATA[Levadura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jesús de Nazareth es un hombre profundamente realista. Sus imágenes y parábolas, tan bellas y directas, tienen el sabor de la experiencia vivida. Se diría, la mayoría de veces, que responden a situaciones cotidianas que el mismo Cristo había vivido a lo largo de los años en su hogar de Nazareth. Por ejemplo: Jesús compara</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Jesús de Nazareth es un hombre profundamente realista. Sus imágenes y parábolas, tan bellas y directas, tienen el sabor de la experiencia vivida. Se diría, la mayoría de veces, que responden a situaciones cotidianas que el mismo Cristo había vivido a lo largo de los años en su hogar de Nazareth.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo: Jesús compara el Reino de Dios a la levadura que una mujer introduce en tres medidas de harina hasta que todo queda fermentado (Mt 13,33). Es evidente que está explicando algo que ha visto hacer también centenares de veces a su madre, a la «mujer» por excelencia. Amasar el pan con las propias manos es una lección de humildad y de paciencia. Invita a creer en la multiplicación de lo poco. Aquel pequeño prodigio se repetía a menudo en el hogar de Nazareth. Y el pan es el símbolo de todo alimento. María, fiel a esta pequeña espera casera en lo poco, fue también para Jesús, modelo de esperanza constante en lo mucho. Resuenan aquí las palabras de Jesús: «Quien es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho».</p>
<p style="text-align: justify;">La víspera de su Pasión, Cristo partió con sus discípulos otro pan, aún no fermentado, como prescribía la Ley. Era un pan que recordaba la salida presurosa de Egipto al inicio del Éxodo. No era, no podía ser como el pan que amasaban en casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Él mismo se proclamó entonces pan amasado y partido. Pan entregado y convertido en alimento de vida eterna. Y a la vez debió sentir un profundo agradecimiento hacia Aquella que por la Gracia le había amasado a Él mismo en sus entrañas y le había dorado al fuego del hogar de Nazareth. Al pan ázimo del Antiguo Testamento, María añadió la levadura del Nuevo e hizo que este pan se multiplicase hasta el fin de los tiempos.</p>
<p style="text-align: justify;">Y María que había aprendido primero en casa y después como discípula de Jesús, la lección de la esperanza, supo esperar con clarividencia la hora de la Resurrección.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Con qué alegría debió compartir entonces con su Hijo glorioso el pan de la Eucaristía!</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Jaume Aymar (Barcelona)</em></strong></p>
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		<title>Desde la soledad y el silencio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Dec 2010 10:42:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este mundo el presente es algo tan fugaz, tan breve, que se nos escapa continuamente de las manos. Es como una frontera, que se desplaza a su largo continuamente y va convirtiendo el futuro en pasado. Cuando uno viaja en automóvil, va viendo que el paisaje que se acerca y que desearía ver con</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En este mundo el presente es algo tan fugaz, tan breve, que se nos escapa continuamente de las manos. Es como una frontera, que se desplaza a su largo continuamente y va convirtiendo el futuro en pasado. Cuando uno viaja en automóvil, va viendo que el paisaje que se acerca y que desearía ver con detalle, pasa enseguida atrás y casi no lo percibe en el momento que está ante sus ojos.<img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-4332" alt="desde" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/12/desde-300x200.jpg" width="300" height="200" /></p>
<p style="text-align: justify;">Dada esa fugacidad para asentarse de alguna manera en el tiempo, la persona humana tiene sólo como posibles alternativas instalarse en el pasado o en el futuro. Quien se sitúa en el pasado es un nostálgico: se vuelve pasivo, inoperante. Quien por el contrario se instala en el futuro, se vuelve ambicioso, insaciable y muchas veces vano. ¿Qué hacer pues, si en este mundo el presente casi no existe y el instalarse en las otras dos dimensiones es tan estéril como disgregador para la persona? ¿Existe algún modo de construir presente?</p>
<p style="text-align: justify;">Sabemos que la eternidad es sólo presente. Y así como en un estanque se refleja el cielo, en la buscada soledad y silencio personal se refleja la eternidad de Dios. Vivir la soledad y el silencio con Dios Padre, es instalarse en la eternidad. Es el único modo de zafarse de la avalancha, del torrente del paso del tiempo que nos puede arrastrar sin sentido. La persona que sabe estar largos ratos en soledad y en silencio, aprende a contemplar su realidad cotidiana con paz y sosiego: su espíritu se mantiene joven. Sólo así puede asumir el pasado porque ya lo ha re-visto. Sólo así está en condiciones de construir el futuro, porque ya lo ha pre-visto.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese es el único anchuroso presente. Al «bajar de la soledad y el silencio», llevamos un trozo de aquél en medio del tiempo y ese es el auténtico presente: el Reino de Dios acá en la tierra, la Iglesia. Es un presente permanente, que se asienta sosegado entre el pasado y el futuro, y todo lo ilumina con renovada claridad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Jaume Aymar (Barcelona)</em></strong></p>
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		<title>Familias de santos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 11:32:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Clara]]></category>
		<category><![CDATA[Familia de Santos]]></category>
		<category><![CDATA[Jaume Aymar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un beato de nuestro tiempo, Manuel Domingo y Sol, escribió: «no estamos destinados a salvarnos solos». En esta línea, es hermoso descubrir que la santidad no es sólo algo individual sino que, históricamente, un santo aparece casi siempre rodeado de otros santos. La santidad de Clara de Asís va íntimamente unida a la de Francisco</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Un beato de nuestro tiempo, Manuel Domingo y Sol, escribió: «no estamos destinados a salvarnos solos». En esta línea, es hermoso descubrir que la santidad no es sólo algo individual sino que, históricamente, un santo aparece casi siempre rodeado de otros santos.<a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2010/01/foto_familiasdesantos.jpg"><img decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-5358" alt="foto_familiasdesantos" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2010/01/foto_familiasdesantos.jpg" width="245" height="138" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La santidad de Clara de Asís va íntimamente unida a la de Francisco con quien se encontró varias veces de adolescentes y a quien admiró y siguió toda la vida, realizando plenamente el ideal franciscano, consagrada a Cristo. Pero no hay que olvidar que Clara, a su vez, fue seguida pronto por su hermana Inés que fue abadesa en Monticelli (Florencia) y a quien después la Iglesia elevó también a los altares. Ambas abrazaron una pobreza radical, obteniendo el privilegio del papa de no poseer nada. Clara, Inés, la prima de ambas, Felipa, fueron de aquellas pobres mujeres que se santificaron a la sombra de San Damián. Por otra parte es conocida la correspondencia que Clara de Asís sostuvo con Santa Inés de Bohemia (*). Contemporáneamente, en Padua, san Antonio y la beata Elena Ensélmini convergieron como Francisco y Clara. Y en Rieti otra hermana pobrecilla, Felipa Mareri, murió en 1236, siendo beatificada en 1254.</p>
<p style="text-align: justify;">Es bueno encomendarnos a esas familias de santos, grupos humanos unidos por vínculos de sangre o de amistad. Ellos nos recuerdan que nuestra vocación a la santidad es también comunitaria.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Jaume Aymar</em></strong><br />
<em>(Barcelona)</em></p>
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		<title>Evangelizar con la belleza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 10:26:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Belleza]]></category>
		<category><![CDATA[Diversidad]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelizar]]></category>
		<category><![CDATA[Evangelizar con la belleza]]></category>
		<category><![CDATA[Jaume Aymar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pude asistir a un acto singular: un magno encuentro de entidades corales de Cataluña. Siete mil quinientos cantores reunidos en un estadio deportivo interpretaron al unísono diversas piezas. El efecto era extraordinario, en algunos momentos, estremecedor. Cavilaba que la música es la más sublime de todas las artes. La voz humana el más bello de</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Pude asistir a un acto singular: un magno encuentro de entidades corales de Cataluña. Siete mil quinientos cantores reunidos en un estadio deportivo interpretaron al unísono diversas piezas. El efecto era extraordinario, en algunos momentos, estremecedor.</p>
<p style="text-align: justify;">Cavilaba que la música es la más sublime de todas las artes. La voz humana el más bello de todos los instrumentos. El canto coral es un ejemplo de cómo se puede –y se debe- alcanzar la unidad a través de la diversidad: en aquel encuentro dominical cada mujer, cada hombre, cada niño, cantaba desde su registro y procuraba hacerlo lo mejor posible. Y unidos formaban un todo armonioso. En un conjunto tan grande –pasa también a escala más pequeña- alguien eventualmente podía desafinar o equivocarse. Importaba bien poco.</p>
<p style="text-align: justify;">Diversos directores –algunos muy jóvenes- eran los encargados del milagro de la conjunción. La técnica permitía que los cantantes además pudiesen ver a los directores en una pantalla gigantesca situada al fondo del estadio.</p>
<p style="text-align: justify;">Este singular concierto emocionó a muchos, sorprendió a bastantes, agradó a casi todos. A mí, además, me habló de Dios y de la Iglesia.</p>
<p style="text-align: justify;">De Dios porque la belleza es una de las manifestaciones primigenias, del Creador. Allí la diversidad y la riqueza de modulaciones unas veces evocaba al viento, otras el oleaje del mar, otras los lamentos y las risas, otras la oración o el tañido de las campanas. Me hablaba de la Iglesia porque en ella, como en los coros, importa aquella frase de San Pablo: «los dones son diversos pero un solo es el Espíritu que los anima».</p>
<p style="text-align: justify;">¡Qué importante y qué bello es ponerse de acuerdo y cantar juntos!</p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>Por Jaume Aymar</strong></em><br />
<em>(Barcelona)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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