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	<title>Verdad archivos - Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>Alabar a Dios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un hombre mayor había quedado viudo, había empezado a sufrir dolor en sus piernas y ya no podía desplazarse grandes distancias sol, aunque era autónomo, había bajado su nivel de actividad. Como dependía de los demás para cuidarse, prefirió pedir a sus hijos residir en una residencia. Así, convivía con otras personas de sus mismas</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Un hombre mayor había quedado viudo, había empezado a sufrir dolor en sus piernas y ya no podía desplazarse grandes distancias sol, aunque era autónomo, había bajado su nivel de actividad. Como dependía de los demás para cuidarse, prefirió pedir a sus hijos residir en una residencia. Así, convivía con otras personas de sus mismas características y ello le daba alegría. Les hablaba y hacía reír y todos salían ganando de la situación. Con frecuencia alababa a Dios, ello le daba mucha energía.</span></p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;">Una mujer joven había quedado sola con sus pequeños hijos, por suerte tenía trabajo y no les faltaba lo básico para vivir, por este motivo daba gracias. Tenía la suerte de tener buen carácter y no envidiaba nada a nadie, sonreía mucho a los niños y se ocupaba de que en su casa hubiera lectura y música, a pesar que su esposo y papá de los niños no estuviera, eran felices. Logró tener serenidad y armonía en la casa. Con frecuencia alababan a Dios y mostraba a sus hijos que la belleza, la verdad y el amor estaban de la mano del creador.</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;">Un hombre con muchas responsabilidades tenía muy poco tiempo para él y su familia. Siempre exigido por los compromisos de trabajo, a veces tenía que alargar las horas fuera de la casa para cumplirlos. La toma de decisiones laborales no eran fáciles y le producían dolor de cabeza y angustia, no lo resolvía solo, a menudo pedía ayuda a especialistas para mediar y resolver los conflictos. Hacía un tiempo que no tenía muy buen ánimo y se sentía muy cansado, cuando un día, antes de dejar la oficina se sentó y se quedó mirando la ventana. Empezaba a ocultarse el sol, como era un hombre listo, se dio cuenta que empezaba el crepúsculo y decidió acomodarse y contemplarlo, cosa que nunca se permitía por las prisas. Colores preciosos se combinaban ante él sin ningún criterio de forma, ni color y en cambio, resultaban insuperables en belleza. Eran cambiantes e indescriptibles. Sacó un par de fotos que, a pesar de no ser nunca como el original le recordarían la experiencia, y, de repente, sin esperarlo empezó a emocionarse. Las lágrimas le brotaban de los ojos y se sentía feliz. Los problemas de aquel día no parecían importantes, o por lo menos, estaban en otro plano y se dio cuenta que aquello era parte de lo que le faltaba todos los días. Después de remojarse la cara, se fue a su casa a pie, y llegó todavía temprano para estar relajado con la familia. Aquella noche dio gracias, pero también descubrió que si daba gracias, era porque antes había alabado a Dios.</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;">Alabar es parte de la contemplación. La alabanza brota, deviene. Resultado de la sorpresa de una belleza insospechada, de una autenticidad o un amor que nos supera, quedamos atónitos y alabamos, nos arrodillamos, hacemos una reverencia. Y esta conexión que nos sobrepasa hace que nos sintamos vivos y se lubriquen las ganas de vivir y ser felices. Alabar a Dios es el misterio inexplicable que da sentido a todo.</p>
<p class="Cuerpo"><strong><em>Texto: Elisabet Juanola Soria</em></strong><br />
<em>Voz: Javier Bustamante</em><br />
<em>Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales</em><br />
<em>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/07/alabar-a-Dios.mp3" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Alabar a Dios</a><div class="fusion-clearfix"></div></div></div></div></div>
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		<title>Condiciones de la amistad</title>
		<link>https://hoja.claraesperanza.net/2014/04/condiciones-de-la-amistad-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Apr 2014 02:48:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Videos]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo Rubio de Castarlenas]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La amistad es amistad La amistad no se puede imponer. Nadie puede hacerse amigo de otra persona a la fuerza, sino respetando su libertad. La amistad es libre o no es amistad. La amistad es veraz La amistad no se puede simular. Tampoco se pueden falsear los sentimientos ni aparentar ser lo que no se es.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><iframe src="//www.youtube.com/embed/UY5jiXXUVdM?rel=0" width="640" height="360" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>La amistad es amistad</p>
<p>La amistad no se puede imponer. Nadie puede hacerse amigo de otra persona a la fuerza, sino respetando su libertad. La amistad es libre o no es amistad.</p>
<p>La amistad es veraz</p>
<p>La amistad no se puede simular. Tampoco se pueden falsear los sentimientos ni aparentar ser lo que no se es. No se puede cultivar una amistad con engaños, en la amistad se ha de ser veraz.</p>
<p><strong> Condiciones de la amistad</strong></p>
<p><i>Por Alfredo Rubio de Castarlenas</i></p>
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		<title>Caridad, verdad, justicia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 09:57:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[caridad]]></category>
		<category><![CDATA[Caridad verdad justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Leticia Soberón]]></category>
		<category><![CDATA[Verdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es prácticamente inevitable que en la convivencia humana surjan roces y diferencias entre las personas. Ello en sí mismo no es negativo, depende cómo se gestione. No es extraño, por ejemplo, que uno se sienta incomprendido, maltratado o poco valorado, y lo que más nos importa es cuando ello sucede ante personas muy cercanas y</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2010/01/caridad-verdad-justicia/">Caridad, verdad, justicia</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Es prácticamente inevitable que en la convivencia humana surjan roces y diferencias entre las personas. Ello en sí mismo no es negativo, depende cómo se gestione. No es extraño, por ejemplo, que uno se sienta incomprendido, maltratado o poco valorado, y lo que más nos importa es cuando ello sucede ante personas muy cercanas y queridas. Surge entonces el interrogante: ¿se lo digo o no se lo digo, y cómo?</p>
<p style="text-align: justify;">No se trata aquí de buscar fórmulas adecuadas según la psicología o las relaciones interpersonales, tantas veces muy positivas y camino pedagógico para una buena existencia humana. Los creyentes sabemos que Cristo está resucitado, que envió a su Espíritu y que estamos llamados a ser “otros Cristos” en medio del mundo. Así, hemos de buscar en el Señor la fuente y los criterios de nuestro comportamiento. Encontramos el supremo mandato de la caridad: “amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os persiguen”; si eso hemos de hacerlo respecto a los enemigos, ¿cuánto más no habremos de aplicarlo con los amigos y personas cercanas en los momentos difíciles?</p>
<p style="text-align: justify;">Pero esta actitud de benevolencia y caridad ¿es incompatible con la verdad? ¿Qué sucede cuando uno siente que debe hacer saber al otro que nos está hiriendo, incluso y más aún si no se da cuenta? La necesidad de ser veraces se nos presenta como un imperativo. Se trata de un camino que lleva a la justicia, a una relación sana, de iguales que se comprenden y se ayudan a ser mejores.</p>
<p style="text-align: justify;">Diría que de la propia caridad puede surgir el grito de la persona mansa que es pisada, a veces con violencia, aunque ésta pueda ser involuntaria.  Este grito es expresión de una verdad que pudiera ser incómoda para el agresor, pero es una importante llamada a la justicia.  Por eso una primera conclusión: hemos de estar atentos a escuchar lo que los demás dicen y expresan, incluso sin palabras, por si somos nosotros los inconscientes verdugos de nuestros semejantes.</p>
<p style="text-align: justify;">En las relaciones interpersonales este camino de amor y verdad no puede soslayar un riesgo. Esa “verdad”, vista desde nosotros mismos, pudiera convertirse en nuestras manos en un afilado cuchillo con el que desearíamos vengar nuestra sensibilidad herida. Más aún tomando en cuenta que nosotros, por buena voluntad que podamos tener, no somos dioses; nuestro amor es limitado, y nuestra visión de las cosas es parcial en el mejor de los casos, cuando no errada.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero estas precauciones no deben convertirse en obstáculos para que aprendamos a amar con verdad y en un clima de justicia. La caridad no puede ir contra la verdad ni contra la justicia. El más excelso ejemplo es Cristo, que es el Amor encarnado, y es por ello mismo la Verdad. Él es el máximo ejemplo de cómo uno debe amar, amar y amar sin cansarse, y ello mismo contiene un mensaje de verdad que interpela al otro. Jesús no dejó de confrontar a los fariseos y escribas por sus incoherencias y ambiciones, llamándolos a conversión; a los apóstoles también les habló claramente, como lo hizo a las mujeres, a los sencillos y a sus interlocutores, sin actitudes blandas ni condescendientes. Pero nos amó a todos y dio la vida por todos sin excepción. Así nos “justificó” a todos. Con ayuda de Dios, caridad, verdad y justicia serán en nuestra vida, inseparables.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Leticia Soberón</em></strong></p>
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