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	<title>Vísperas de Subdiaconado archivos - Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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	<title>Vísperas de Subdiaconado archivos - Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>Vísperas de Subdiaconado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Rubio de Castarlenas]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Nov 2012 09:07:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Realismo Existencial]]></category>
		<category><![CDATA[Alfredo Rubio de Castarlenas]]></category>
		<category><![CDATA[claraesperanza]]></category>
		<category><![CDATA[Vísperas de Subdiaconado]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Alfredo Rubio de Castarlena (1919-1996) Esta noche, Señor, de pronto la nada se abrazó a mi cuerpo. Y me ahogaba, Señor... ¡Cómo pesa la nada!   Mañana tu Enviado –báculo, mitra– me llamará. Y yo daré un paso hacia adelante simbólico, viril, decisivo, solemne.* Esto será poco después del alba. ...................................................   No me turba,</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2012/11/visperas-de-subdiaconado/">Vísperas de Subdiaconado</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas2.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-10413" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas2-226x300.jpg" alt="" width="226" height="300" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas2-226x300.jpg 226w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas2.jpg 596w" sizes="(max-width: 226px) 100vw, 226px" /></a>Alfredo Rubio de Castarlena (1919-1996)</strong><br />
Esta noche, Señor, de pronto</p>
<p>la nada se abrazó a mi cuerpo.</p>
<p>Y me ahogaba, Señor&#8230;</p>
<p>¡Cómo pesa la nada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mañana tu Enviado</p>
<p>–báculo, mitra–</p>
<p>me llamará.</p>
<p>Y yo daré un paso hacia adelante</p>
<p>simbólico, viril,</p>
<p>decisivo,</p>
<p>solemne.*</p>
<p>Esto será</p>
<p>poco después del alba.<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me turba, Señor,</p>
<p>la difícil promesa de obediencia;</p>
<p>ni que tenga que ser mi carne</p>
<p>ceniza en vez de llama,</p>
<p>ni que me llamen loco</p>
<p>mis amigos de antes.<br />
No es esto, no, lo que sentí esta noche;</p>
<p>que esto desde el principio lo sabía.<br />
Fue&#8230; otra cosa.</p>
<p>Algo más mío casi que yo mismo.<br />
Fue un súbito gritar desde la nada</p>
<p>de los hijos que habría de tener</p>
<p>y que jamás serán.<br />
Sus caras –que tenían mis facciones–</p>
<p>me acusaban de haberles olvidado</p>
<p>para siempre, dejándoles</p>
<p>hechos nada en el fondo de la nada,</p>
<p>sin poder conocerte y alcanzarte</p>
<p>y amarte por los siglos de los siglos.<br />
Señor, yo sé que tengo<br />
en mi cuerpo robusto</p>
<p>la divina potencia de traerlos</p>
<p>desde tan larga lejanía.</p>
<p>¡Y los he despreciado!</p>
<p>Y les volví la espalda.</p>
<p>Y anduve mucho.<br />
Pero esta noche</p>
<p>–esta noche precisamente–</p>
<p>de pronto me acordé de ellos.</p>
<p>Y una lástima intacta</p>
<p>fue aventando alas negras por mi sangre.</p>
<p>Y musité sus nombres.<br />
.<a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas1.jpg"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-10415" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas1-197x300.jpg" alt="" width="197" height="300" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas1-197x300.jpg 197w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/11/visperas1.jpg 588w" sizes="(max-width: 197px) 100vw, 197px" /></a>..Uno se llama Alfredo, como yo. Su cabello rizado</p>
<p>se desvanecía</p>
<p>por entre las estrellas.</p>
<p>¡Qué bullicio en sus manos</p>
<p>al yo llevarle aquél perrazo rojo</p>
<p>que vi ayer tarde</p>
<p>en la juguetería de la esquina!<br />
A otro le puse Federico;</p>
<p>como mi padre,</p>
<p>como mi abuelo&#8230;<br />
Y una hijita de ojos vivarachos se llama ya en la nada</p>
<p>como mi madre&#8230;<br />
¡Los vi, Señor!;</p>
<p>palpé en la noche</p>
<p>sus cabezas llorosas,</p>
<p>atormentadas</p>
<p>por el ansia brutal</p>
<p>de ser.<br />
Terrible enfermedad la de la nada.</p>
<p>Removían frenéticos sus manos</p>
<p>de sombra, queriendo palpar</p>
<p>sus cuerpos doloridos, y no los encontraban.<br />
Sus gargantas –que nunca conocieron</p>
<p>el milagro de un sorbo de agua fresca–</p>
<p>me gritaban febriles</p>
<p>con rojos alaridos,</p>
<p>porque nunca serían nada más</p>
<p>que nada.<br />
Y ese caudal de gritos</p>
<p>crecía&#8230;, se sumaban los afluentes</p>
<p>de vez en vez más caudalosos</p>
<p>de las voces, lejanas, rotas,</p>
<p>de mis nietos y nietos de mis nietos.<br />
Señor, ¿cómo oso yo</p>
<p>lanzarlos para siempre</p>
<p>en ese mar vacío y sin orillas</p>
<p>y sin peces para jugar?<br />
Yo, minúsculo ser,</p>
<p>aniquilar como si fuera un dios</p>
<p>tantos y tantos</p>
<p>seres posibles</p>
<p>que sonreirían</p>
<p>y entonarían cánticos</p>
<p>de alabanzas a Ti,</p>
<p>su Creador, su Padre eterno,</p>
<p>que ya, desde que eres Tú mismo</p>
<p>cultivas amoroso en tus entrañas</p>
<p>un Paraíso –flores, nubes, pájaros&#8230;</p>
<p>¡Tú!– para ellos.<br />
No es el temor a mi futuro</p>
<p>el que hurga esta noche en el zarpazo</p>
<p>que me hizo la nada:</p>
<p>el deseo de un abrazo musculoso,</p>
<p>solícito,</p>
<p>donde apoyar</p>
<p>el mío tembloroso cuando viejo,</p>
<p>o el ansia de una mano</p>
<p>–a mí infinitamente agradecida–</p>
<p>que seque con amor la baba</p>
<p>de mi boca impotente.<br />
No es eso, no.<br />
Esta angustia, Señor. Tú bien lo sabes,</p>
<p>es un puro temor de ser</p>
<p>robador de tu gloria;</p>
<p>causante</p>
<p>de que haya sobre la tierra</p>
<p>menos bocas que recen y te imploren.<br />
Por mi culpa, Señor,</p>
<p>tu enorme Cielo</p>
<p>estará despoblado</p>
<p>de las caras gozosas</p>
<p>–resucitadas–</p>
<p>de mis hijos, que aunque no existan</p>
<p>ya tienen nombre.<br />
¡Tu cielo!&#8230; ¡Y yo los condeno<br />
al infierno sin fuego de la nada!<br />
En vez de darles madre y apellido,</p>
<p>cierro sus bocas</p>
<p>para que nunca puedan respirar</p>
<p>ni pueda florecer en ellas</p>
<p>el capullo de un balbuceo</p>
<p>ni la fruta madura</p>
<p>de una palabra llena de sentido.<br />
La noche se me ha hecho</p>
<p>más despiadadamente grande.</p>
<p>Y más sombra. Y sin embargo,</p>
<p>veo mis manos pálidas</p>
<p>manchadas de una sangre aun incolora</p>
<p>y virgen de latidos y de heridas</p>
<p>¡y me siento asesino</p>
<p>de eternidades!</p>
<p>Señor, no creas que te engaño.</p>
<p>Mi inquieta desazón</p>
<p>no es la furia silvestre de mi carne,</p>
<p>otro tiempo rebelde y desabrida.</p>
<p>NI es tan siquiera el lícito deseo</p>
<p>de marchar por el mundo con el alma</p>
<p>arropada por manos femeninas.<br />
No es eso, no. Es otra cosa.</p>
<p>Algo más íntimo, más llaga.<br />
La que hubiera podido ser</p>
<p>mi compañera, existe ya.</p>
<p>Y por el mundo alcanzará sin duda</p>
<p>su fecundidad y su gozo,</p>
<p>y hasta tu Cielo.<br />
&#8230;Pero mis hijos</p>
<p>–¡que son los tuyos, Señor!–</p>
<p>ellos jamás ni a Tí ni a mí</p>
<p>podrán llamarnos ¡padre!<br />
Yo te pido que al menos para Tí</p>
<p>nazcan estos hijitos míos,</p>
<p>que aunque no me conocen, yo los amo.<br />
&#8230;Yo no sé cómo puedas hacer esto.</p>
<p>¡Que nazcan de otros hombres,</p>
<p>de otras mujeres!</p>
<p>Que sean para ellos</p>
<p>la alegre nueva</p>
<p>de un hijo no esperado.<br />
Yo renuncio , Señor,</p>
<p>–y al decirlo parece</p>
<p>se me tornan escarcha las palabras–</p>
<p>sentir el roce</p>
<p>en mis mejillas</p>
<p>de las manos abiertas</p>
<p>–sonrisas en el aire– de mis hijos.<br />
Renuncio</p>
<p>al placer de mostrarles,</p>
<p>teniéndoles en mis rodillas,</p>
<p>las horas del reloj,</p>
<p>el juego de escondite de la luna,</p>
<p>que hay unas flores que se llaman</p>
<p>rosas</p>
<p>y que todo eso</p>
<p>lo has hecho Tú.<br />
Renuncio a ser el ángel de sus horas</p>
<p>y a ser también el caballo juguetón</p>
<p>que entre risas les lleva</p>
<p>jinetes</p>
<p>en sus espaldas.<br />
Renuncio a todo&#8230; ¡pero no</p>
<p>a que no sean!<br />
Tú, que das vida hasta a los muertos,</p>
<p>sácalos de ese no vivir</p>
<p>que es su vida en el vientre yermo, frío,</p>
<p>sin varón, de la nada.<br />
Despiértalos, Señor,</p>
<p>a este mundo de estrellas</p>
<p>y de humildes cigarras estivales.<br />
No me importa que nazcan idiotas.</p>
<p>Tú, que eres bueno,</p>
<p>con el Agua y la Muerte</p>
<p>les ceñirás la Gracia y sobrehumana</p>
<p>inteligencia.<br />
Señor, no me importa ni dónde,</p>
<p>ni cuándo, ni de quién,</p>
<p>¡pero haz que mis hijos nazcan!<br />
Y yo iré por el mundo predicándote</p>
<p>y bautizando</p>
<p>&#8230;y espiando al pasar</p>
<p>en todos los ojillos infantiles</p>
<p>un atisbo delatador</p>
<p>de tu Voz, Señor, que me diga</p>
<p>que ése es uno que habría de haber sido</p>
<p>hijo de mí.<br />
Pero tengo amarga la boca.</p>
<p>Se me ha hecho nido</p>
<p>del pájaro sin alas</p>
<p>de la blasfemia,</p>
<p>que lo es, Señor, el que te pida absurdos.<br />
Nunca esos hijos de los otros</p>
<p>serán mis hijos, carne de mi carne,</p>
<p>con un alma a la medida</p>
<p>de este vestido.<br />
&#8230;De nuevo desde el fondo de la nada</p>
<p>he sentido encresparse</p>
<p>la furia del no ser</p>
<p>contra mí: dique</p>
<p>que le impido el ser gesto,</p>
<p>ser gozo, ser amor</p>
<p>y ser eternidad.<br />
¡Señor,</p>
<p>en esa muda rosa de los vientos</p>
<p>de mi alma perpleja,</p>
<p>dime por dónde viene</p>
<p>el soplo de tu Espíritu,</p>
<p>que yo no sé por dónde ir!<br />
Y tu Voz en la noche</p>
<p>ha sonado cercana.</p>
<p>Estabas junto a mí</p>
<p>y yo no lo sabía.<br />
Tu palabra ha ahuyentado</p>
<p>la nada de la nada.</p>
<p>Mi alma en un instante quedó tersa</p>
<p>como aquél Tiberiades.<br />
Un aire quieto, trascendente,</p>
<p>iluminado, rodeó</p>
<p>la barca sosegada de mi ser.<br />
Parecía que un Ángel</p>
<p>pusiera en mis oídos</p>
<p>mis propios pensamientos:<br />
Toda paternidad es tuya&#8230;</p>
<p>Tú sólo sabes</p>
<p>¡oh Señor de las algas y las brisas!</p>
<p>lo que desde lo eterno</p>
<p>has querido extraer</p>
<p>del lagar sin racimos de la nada.</p>
<p>¿Y acaso voy a ser como otro Dios</p>
<p>para crear</p>
<p>lo que Tú no soñaste?<br />
Yo reverencio con asombro</p>
<p>el misterio inaudito</p>
<p>de Cristo Virgen.<br />
Alabo el que Tú hicieras</p>
<p>a la Virgen María</p>
<p>una vez sólo, Madre.<br />
Y acato</p>
<p>¡gozosamente!</p>
<p>que a mí me hayas hecho final</p>
<p>de mi estirpe. Señal acaso</p>
<p>de que estaba madura.<br />
Vano sería</p>
<p>que hiciera yo girar</p>
<p>con huracán de desesperos</p>
<p>las aspas del molino</p>
<p>sin trigo de la nada.<br />
Otro pan, otro vino dispusiste</p>
<p>para el banquete amplio de mi mesa.<br />
Al engendrar al Verbo</p>
<p>–ya desde entonces–</p>
<p>quisiste para mí</p>
<p>una paternidad como la tuya;</p>
<p>solitaria, inmensa, alta.<br />
Mi ruta –que trazaste inexorable</p>
<p>en el mapa de estrellas y de tiempos,</p>
<p>de mares y de almas–</p>
<p>es ésta:<br />
Coger** la gente</p>
<p>vulgar y cotidiana</p>
<p>que pasa por mi lado</p>
<p>contando sus monedas</p>
<p>para el leve billete del tranvía,</p>
<p>mascando chicle</p>
<p>y leyendo periódicos,</p>
<p>olvidados de Ti y de sí mismos,</p>
<p>siendo sólo vagas figuras</p>
<p>de tu esquema de hombre;</p>
<p>cogerles y decirles</p>
<p>que aún tienen que nacer de nuevo</p>
<p>para ser Hombres como Tú lo mandas.</p>
<p>¡Y que voy a ser yo quien les engendre</p>
<p>hombres completos!<br />
Y si apenas quisieran escucharme</p>
<p>ocupados en recordar</p>
<p>el nombre exótico</p>
<p>de una artista de cine,</p>
<p>les prenderé por la solapa</p>
<p>hasta injertar, como un puñal,</p>
<p>tu Vida</p>
<p>más allá de su torso</p>
<p>sin sol y corrompido.</p>
<p>Y así después, cuando en sus dedos</p>
<p>se haya abierto del todo</p>
<p>la rosa de tu Gracia</p>
<p>y el corazón</p>
<p>les suene a esquila con rocío</p>
<p>y el mundo les parezca nuevo,</p>
<p>sonará en mis oídos frescamente</p>
<p>la anhelada y alegre cantinela</p>
<p>con que me llamarán:</p>
<p>«Padre&#8230;Padre&#8230;Padre&#8230;»</p>
<p>Señor,</p>
<p>yo te voy a poblar el Cielo</p>
<p>con estos hijos de mis manos</p>
<p>bautistas y perdonadoras</p>
<p>y dadoras de Pan.</p>
<p>Así tu enorme casa</p>
<p>estará llena de los hijos</p>
<p>de mis hijos y nietos de mis nietos.<br />
&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.</p>
<p>Señor,</p>
<p>líbrame de las huecas tentaciones</p>
<p>del desván de la nada;</p>
<p>vacías marionetas del demonio</p>
<p>en esta noche vesperal.</p>
<p>Mañana, al alba,</p>
<p>saldré para mi gozo</p>
<p>y tu gozo, Señor,</p>
<p>a dar sobre la alfombra</p>
<p>el solemne paso litúrgico</p>
<p>que pondrá en mis fecundidades</p>
<p>eternas, tuyas, altas.<br />
Publicado en:</p>
<p>Estría, Cuadernos de poesía, que edita el Colegio Español de Roma, Nº 5, Roma, 1953</p>
<p>Revista RE, Época 4, Nº 39, en Julio de 1996<br />
Notas:<br />
* En aquella época, antes del Concilio Vaticano II, en la ceremonia del subdiaconado, se significaba el compromiso del celibato dando un paso hacia adelante cuando el candidato era llamado.<br />
** Término usado en España para significar agarrar, asir.</p>
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