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	<title>Jordi Cussó Porredón, autor en Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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	<title>Jordi Cussó Porredón, autor en Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>Un Mural de Valores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Cussó Porredón]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Jul 2025 05:03:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Muchos de nosotros crecimos convencidos de que nuestros valores eran los más acertados para construir una vida plena, tanto en lo personal como en lo social. Sin darnos cuenta, intentamos —a veces incluso con cierta insistencia— transmitir nuestras creencias y modos de vida allá donde íbamos. Estábamos persuadidos de que sin los esquemas culturales de</p>
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<p>Muchos de nosotros crecimos convencidos de que nuestros valores eran los más acertados para construir una vida plena, tanto en lo personal como en lo social. Sin darnos cuenta, intentamos —a veces incluso con cierta insistencia— transmitir nuestras creencias y modos de vida allá donde íbamos. Estábamos persuadidos de que sin los esquemas culturales de Occidente no era posible vivir con dignidad.</p>
<p>Sin embargo, el paso del tiempo —y, sobre todo, el encuentro con otros pueblos y culturas— nos ha abierto los ojos: el Espíritu de Dios sopla donde quiere, y la sabiduría no es patrimonio exclusivo de ningún rincón del mundo. Hemos aprendido que no existe una única escala de valores válida para todos, sino múltiples caminos que conducen al bien, a la verdad y a la belleza. Caminos que, cuando son auténticos, nos ayudan a vivir como hijos de Dios y como hermanos entre nosotros.</p>
<p>Hoy sabemos que es posible construir sociedades basadas en diferentes sistemas de valores. Hemos comprendido que no existe un modelo ideal y perfecto al que todos deban adaptarse para vivir con dignidad. Lo que sí existen son personas y pueblos que desean vivir con dignidad, y que para ello se valen de los valores: la mayoría heredados de generaciones anteriores, otros aprendidos en el camino, y algunos descubiertos al contacto con lo diverso. La vida no consiste en copiar el cuadro que otros han pintado, sino en atrevernos a pintar un gran mural de sentido, incorporando aquellos elementos que, a lo largo de la experiencia, descubrimos como verdaderos, buenos y edificantes.</p>
<p>Porque los valores no se copian, se descubren. No se imponen, se comparten. No se fabrican en laboratorios ideológicos, sino que nacen de la vida misma: del amor vivido, del sufrimiento atravesado, de la esperanza que se sostiene incluso en medio de la adversidad. Cada persona, cada cultura, va dibujando su parte del gran mural de la humanidad, en el que resplandecen los colores de la fe, la compasión, la justicia y la paz.</p>
<p>En cada cultura brillan destellos del Reino de Dios. Cada encuentro con el otro es una oportunidad para redescubrir valores que tal vez teníamos adormecidos, apagados por el ruido de la prisa, la búsqueda del éxito o el exceso de consumo. La sociedad occidental, con frecuencia centrada en el rendimiento y la individualidad, ha olvidado lo esencial. Pero otras culturas nos han recordado lo simple y profundo: la hospitalidad, la presencia, el respeto, la escucha, la compasión… esos valores que nos permiten vivir con mayor humanidad.</p>
<p>La globalización ha terminado por acercar esas otras visiones del mundo a nuestras propias casas, barrios y ciudades. Lo que antes nos parecía lejano, hoy habita entre nosotros. En nuestras calles y escuelas convivimos con personas que traen consigo formas de entender la vida que aún calificamos de “extrañas”. Pero lo verdaderamente inquietante es que, mientras viajando a sus países esas diferencias nos fascinaban e interpelaban, aquí, al convivir con ellas, muchas veces no sabemos reconocer su riqueza. Quizá hemos perdido la capacidad de apertura. Tal vez el miedo a perder algo cerró nuestro corazón e impide que nos interesemos por el prójimo que vive al lado: por su historia, su fe, sus heridas, su manera de entender la vida, la muerte, la familia, la belleza o a Dios.</p>
<p>Los grandes valores de la existencia —la dignidad, la fraternidad, el perdón, la esperanza— no son propiedad de una cultura concreta. Son patrimonio común de la humanidad. Cuando buceamos en lo profundo de nuestro ser, descubrimos que las necesidades humanas fundamentales son universales, y que todos buscamos referencias compartidas. Salir de nosotros mismos para encontrarnos con el otro, vivir y convivir, no implica renunciar a nuestra identidad, sino ofrecerla como un don, y al mismo tiempo acoger, con gratitud, lo que el otro aporta.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone wp-image-15904 size-full" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale.jpg" alt="" width="1116" height="719" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-200x129.jpg 200w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-300x193.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-400x258.jpg 400w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-460x295.jpg 460w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-600x387.jpg 600w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-768x495.jpg 768w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-800x515.jpg 800w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale-1024x660.jpg 1024w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2025/07/marina-vitale.jpg 1116w" sizes="(max-width: 1116px) 100vw, 1116px" /></p>
<p>Cuando nos dejamos tocar por la mirada del otro, comprendemos que lo que en verdad anhelamos es común a todos: amar y ser amados, vivir con sentido, caminar con esperanza. Y si en lugar de atrincherarnos en el miedo, nos abrimos al amor, seremos capaces de construir una convivencia en la que nadie quede excluido.</p>
<p>El Evangelio nos enseña a mirar al otro no como amenaza, sino como hermano. Nos invita a amar al prójimo como a nosotros mismos y a no pasar de largo ante el herido del camino. Cada encuentro puede convertirse en una ocasión de conversión, una invitación a ampliar nuestra tienda, una oportunidad para edificar un gran mural de valores compartidos. Un mural en el que todas las personas se sientan representadas, y en el que nadie quede excluido ni ostente una posición de dominio o monopolio.</p>
<p><strong>Jordi Cusso</strong></p>
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		<title>«&#8230;Pero tanto la riqueza como el poder son falsas imágenes de Dios&#8230; Leer más</title>
		<link>https://hoja.claraesperanza.net/2024/08/prueba-de-texto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jordi Cussó Porredón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Aug 2024 16:49:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[¿Tú qué opinas?]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«...Pero tanto la riqueza como el poder son falsas imágenes de Dios. Nos han hecho creer que Dios es todopoderoso e infinitamente rico, como son ricos los poderosos de nuestro mundo, y en él ponemos nuestra esperanza de que cambiará todas las cosas y las hará nuevas. Este Dios es falso, y yo me manifiesto</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p style="font-weight: 400;">«&#8230;Pero tanto la riqueza como el poder son falsas imágenes de Dios. Nos han hecho creer que Dios es todopoderoso e infinitamente rico, como son ricos los poderosos de nuestro mundo, y en él ponemos nuestra esperanza de que cambiará todas las cosas y las hará nuevas. Este Dios es falso, y yo me manifiesto ateo de este dios porque estoy totalmente convencido de que no existe. Nosotros seguimos al Dios que no quiere tener poder porque ha renunciado a él desde el momento en que nos ha hecho hombres y mujeres libres y respeta nuestra libertad. El Dios de Jesús se manifiesta humilde, mendigo de amor. Dios ama, y ​​quien ama no impone ni obliga. De la esencia del amor es su gratuidad…»</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿En qué Dios crees? </strong></p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Crees em un Dios que respeta nuestra libertad?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Te sientes amada/amado por Dios?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Párrafo del artículo:<br /><a href="https://hoja.claraesperanza.net/2024/08/razones-para-la-esperanza/">Razones para la esperanza</a><br />Jordi Cussó</p>
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</div>


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		<title>Razones para la esperanza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Cussó Porredón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Aug 2024 05:03:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Parece que hoy en día la esperanza es una palabra en crisis, y que muchas personas se quejen de no tener muchas razones para tenerla. Sin embargo, casi todo el mundo la necesita para salir adelante y hacer del día a día una expectativa gozosa y agradable. Nuestro mundo tiene hambre y sed de esperanza,</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2024/08/razones-para-la-esperanza/">Razones para la esperanza</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-14574" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1.jpg" alt="" width="1116" height="719" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-200x129.jpg 200w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-300x193.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-400x258.jpg 400w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-460x295.jpg 460w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-600x387.jpg 600w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-768x495.jpg 768w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-800x515.jpg 800w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1-1024x660.jpg 1024w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2024/08/Razones_para_la_esperanza_notxt_1.jpg 1116w" sizes="(max-width: 1116px) 100vw, 1116px" /></p>
<p>Parece que hoy en día la esperanza es una palabra en crisis, y que muchas personas se quejen de no tener muchas razones para tenerla. Sin embargo, casi todo el mundo la necesita para salir adelante y hacer del día a día una expectativa gozosa y agradable.</p>
<p>Nuestro mundo tiene hambre y sed de esperanza, pero no sabe dónde fundamentarla, o no sabe cómo hacerlo. Es como si estuviera esperando algo, pero sin saber demasiado qué, lo que le lleva a una espera pasiva, a un cierto quietismo, a un triste pasotismo: <em>«¿Por qué?</em> <em>si las cosas tampoco cambiarán</em>&#8230;». ¿Quién nos ha enfermado la esperanza? ¿Quién ha traído esa oscuridad que nos impide mirar con claridad el futuro y trabajar con entusiasmo? El futuro se ha convertido en tan negro, que solo nos interesa vivir el presente, mejor dicho, el momento de ahora, el instante, saborearlo al máximo sin esperar nada más nuevo.</p>
<p>Cuando vivimos momentos de tanta incertidumbre, tenemos la tentación de poner nuestra esperanza en la riqueza y en el poder, que son lo contrario a la esperanza. El rico quiere poder, es decir, necesita poder para conseguir todas las cosas que quiere, las que ambiciona, las que cree más convenientes. Incluso, con un rasgo de generosidad, piensa que cuando él mande, podrá dar a los demás todo lo que necesitan, que tendrá los medios para arreglar este mundo tan injusto en el que vivimos. Evidentemente, cuando se actúa de esta manera, cuando se pone la esperanza en el poder, en las propias fuerzas, se desconfía de Dios. Aún diría más, se piensa que Dios hace un mal uso de su omnipotencia, <em>porque si yo tuviera su poder, con un santiamén, solucionaría los problemas que tanto hacen sufrir a la humanidad.</em></p>
<p>Pero tanto la riqueza como el poder son falsas imágenes de Dios. Nos han hecho creer que Dios es todopoderoso e infinitamente rico, como son ricos los poderosos de nuestro mundo, y en él ponemos nuestra esperanza de que cambiará todas las cosas y las hará nuevas. Este Dios es falso, y yo me manifiesto ateo de este dios porque estoy totalmente convencido de que no existe. Nosotros seguimos al Dios que no quiere tener poder porque ha renunciado a él desde el momento en que nos ha hecho hombres y mujeres libres y respeta nuestra libertad. El Dios de Jesús se manifiesta humilde, mendigo de amor. Dios ama, y ​​quien ama no impone ni obliga. De la esencia del amor es su gratuidad.</p>
<blockquote><p><strong>Estamos llamados a ser testigos de esperanza. Hemos descubierto la presencia de Dios entre nosotros y vivimos la gracia de su amor.</strong></p></blockquote>
<p>Lo contrario al poder es la pobreza espiritual; ser pobre de espíritu, como dicen las bienaventuranzas. No solo soy pobre real de las cosas a las que no quiero idolatrar (dinero, riquezas&#8230;), sino que además soy pobre de espíritu: renuncio a tener poder, a esclavizar y dominar a los demás según mis conveniencias, intereses o creencias, a doblar su libertad. Me fío de su libertad, por eso la pobreza espiritual se convierte en el fundamento para construir nuestra esperanza.</p>
<p>Creo que se ha perdido un valor crucial como el de la gratuidad. El don inesperado y gratuito es la actitud básica que nos lleva a la esperanza. Recibir cuando no esperabas nada, sentirte lleno de cariño cuando sabes que no te lo merecías, saberte perdonado cuando te habías equivocado, sentirte acogido cuando nadie te esperaba, vivir la vida como un gran regalo de Dios y de los demás es empezar a encontrar razones para vivir la esperanza. Y no necesariamente espero que sea en el mañana, basta con vivir la gratuidad del presente para ver que el futuro tiene sentido, tanto, que incluso la muerte es una puerta a una nueva vida.</p>
<p>Estamos llamados a ser testigos de esperanza. Hemos descubierto la presencia de Dios entre nosotros y vivimos la gracia de su amor. Es esa luz que nos lanza a trabajar para hacer realidad el proyecto del Reino de Dios entre nosotros. Somos conscientes de nuestros límites, de nuestra pequeñez y de nuestro pecado. Pero no nos da miedo, el don del amor va más allá de todas estas cosas. Con Jesús hemos aprendido que el amor de Dios todo lo redime y que Él siempre confía y espera en nosotros. Y si Él lo hace, ¿podemos dudarlo nosotros? Vivamos la gratuidad y seremos camino de esperanza para nuestros hermanos.</p>
<p>Texto: <strong>Jordi Cussó</strong></p>
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		<title>No tener prisa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Cussó Porredón]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:00:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Tengo un amigo sacerdote que siempre dice que hoy vivimos en una especie de riada que nos lleva y arrastra a todos. Estamos sumergidos, vamos arriba y abajo, chocamos los unos con los otros, nos sentimos atareados, agobiados, sin tiempo para dedicar a los amigos y a la familia. Todo va a una gran velocidad.</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2020/03/no-tener-prisa/">No tener prisa</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/07/no-prisa_sintxt1.jpg"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-6901" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/07/no-prisa_sintxt1-300x185.jpg" alt="no-prisa_sintxt" width="300" height="185" /></a>Tengo un amigo sacerdote que siempre dice que hoy vivimos en una especie de riada que nos lleva y arrastra a todos. Estamos sumergidos, vamos arriba y abajo, chocamos los unos con los otros, nos sentimos atareados, agobiados, sin tiempo para dedicar a los amigos y a la familia. Todo va a una gran velocidad.</p>
<p style="text-align: justify;">He llegado a la conclusión de que nos gusta este ritmo trepidante, que si las cosas se serenan o adquieren un ritmo más suave, rápidamente nos aburrimos. Necesaitamos que la vida nos proporcione adrenalina en grado elevado. Las prisas, las agendas llenas y no tener tiempo para nada es una manera de sentirnos importantes y de que nuestra vida tenga un sentido: el de las cosas que hacemos, por tanto, cuantas más hagamos, más llena de sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">El problema de la prisa es que nuestra vida acaba convirtiéndose en una especie de patinaje sobre hielo. Vamos rápidos sobre dos cuchillas afiladas que nos hacen pasar por la vida de una manera muy superficial. Quizás este es el drama, que no tenemos tiempo para mirar las cosas en profundidad, conocerlas a fondo. Con los cinco minutos que dedico sólo puedo pasar por encima, pero no con la madurez que piden la mayoría de las cuestiones de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta superficialidad, con el paso del tiempo, nos va volviendo frívolos, y la frivolidad es como una especie de aceite que impregna toda la sociedad. Con este tipo de ungüento podemos resbalar por encima de la vida, de los problemas, de los acontecmientos, del sufrimiento y de las personas. Y, poco a poco, también nos acaban resbalando la vida, los problemas, los acontecimientos, el sufrimiento y, sobre todo, las personas.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, por otro lado, no somos tan autónomos como quisiéramos y necesitamos de los demás. Su presencia y su amistad se vuelven imprescindibles para vivir con paz y alegría. Y extendemos la mano para encontrar la mano del otro. Pero cuando nos damos las manos, como están llenas del aceite de la frivolidad se nos resbalan y no nos podemos sujetar. Lo volvemos a intentar, pero no tenemos donde cogernos, porque todo resbala. Es cuando más solos y desamparados nos sentimos. Estamos en plena riada.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué necesitamos? Hombres y mujeres que sequen sus manos. Que se conviertan en un punto sólido donde poder apoyar la vida y todas las cosas que esta nos depara, que me estiren y me ayuden a salir de esta riada. Pero, para eso hay que abandonar la frivolidad, secarse las manos para poder conducir la vida y las cosas con firmeza. Nada me puede resbalar, porque todo lo que afecta a las personas es importante.</p>
<p style="text-align: justify;">Jesús tomó las manos de Pedro cuando este se hundía en las aguas, “Hombre de poca fe”, le dijo. Hemos de ser estas manos limpias por el bautismo, que con el calor del Espíritu forman una red sólida, viva, seria, capaz de ayudar al que lo necesite, de dar la mano, para que nadie se hunda en la riada. No tengamos miedo, esta ha de ser una nueva manera de caminar por encima de las aguas.</p>
<p><strong><em>Texto: Jordi Cussó Porredón</em></strong><br />
<em> Voz:Javier Bustamante</em><br />
<em> Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales.</em><br />
<em> Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</em><br />
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<p><div class="fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 hundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling" style="--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-overflow:visible;--awb-flex-wrap:wrap;" ><div class="fusion-builder-row fusion-row"><div class="fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last fusion-column-no-min-height" style="--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;"><div class="fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy">[audio:https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/07/no-tener-prisa.mp3|titles=No tener prisa] Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/07/no-tener-prisa.mp3" target="_blank" rel="noopener noreferrer">No tener prisa</a></p>
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		<title>La humildad del ser humano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Cussó Porredón]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Dec 2010 10:56:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Francesc Viñas]]></category>
		<category><![CDATA[Humillidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Cussó]]></category>
		<category><![CDATA[La humildad del ser humano]]></category>
		<category><![CDATA[Ser humano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dios nos llama a que seamos santos. Y el primer paso para caminar hacia la santidad es reconocer con humildad lo que uno es. La humildad no significa que hemos de menospreciar nuestra forma de ser, o considerarnos inferiores a lo que somos. Ser humildes es reconocer y aceptar la condición de nuestro ser, que</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-4426" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2010/12/lahumildad-225x300.jpg" alt="lahumildad" width="225" height="300" />Dios nos llama a que seamos santos. Y el primer paso para caminar hacia la santidad es reconocer con humildad lo que uno es. La humildad no significa que hemos de menospreciar nuestra forma de ser, o considerarnos inferiores a lo que somos. Ser humildes es reconocer y aceptar la condición de nuestro ser, que es frágil y limitado.</p>
<p style="text-align: justify;">La necesaria humildad óntica -humildad del ser- es reconocer que no somos «dioses» y aceptar gozosamente que somos unos seres limitados, que antes de nuestro engendramiento no existíamos, más aun que podíamos no haber existido (por ejemplo si nuestros padres no se hubieran conocido); ahora estamos siendo pero que un día, más o menos lejano, dejaremos este mundo, siendo la mera razón impotente para saber con certeza nada más. Agradecer este don de existir como seres humanos -pues es nuestra única posibilidad de existir- nos abre a la alegría de vivir e incluso nos lleva a asumir y tratar de superar gozosamente nuestras limitaciones y defectos, así como potenciar nuestras cualidades. Este agradecimiento nos invita también a la aceptación existencial de todos aquellos acontecimientos y personas que han posibilitado que nosotros existamos, lo cual no quiere decir que justifiquemos éticamente lo que pudo haber de malo en sus actuaciones.</p>
<p style="text-align: justify;">La humildad óntica ayuda también mucho a reconocernos como posibles pecadores. Así no es sorprendente comprobar que los Santos habidos a lo largo de la historia de la Iglesia, confiesan compungidos sus pecados. Porque cuando uno reconoce sus límites, descubre la facilidad para pecar. Por el contrario, cuando el hombre no quiere reconocer la limitación de su ser y se cree una especie de semidiós, hace de sí mismo la norma de todas las cosas y se cree capaz de disponer de su persona, de los demás y del mundo según su conveniencia; cree que nunca hace nada mal, puesto que no es propio de un ser absoluto pecar.</p>
<p style="text-align: justify;">Santa Teresa afirma que la humildad es la verdad. Esa verdad que vamos descubriendo por la experiencia, por la vida y sobre todo por la revelación de Jesús. La humildad de sentirse pecador es el principio de la santidad. Saber pedir perdón, es abrirse al don de Dios, fuente de toda santidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Donde hay claridad hay esperanza. En nuestra Señora de la Claraesperanza tenemos la esperanza de llegar a ser santos, porque podemos encontrar la claridad de la humildad óntica; o sea, la humildad de nuestro ser limitado.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Por</em> <strong><em>Jordi Cussó y Francesc Viñas (Barcelona)</em></strong></p>
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		<title>Las fiestas del calendario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Cussó Porredón]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Oct 2010 08:23:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[calendario]]></category>
		<category><![CDATA[fiestas]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Cusó Porredon]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Audio: Las fiestas del calendario Hoy he estado repasando los días festivos del calendario, siempre caigo en la tentación de mirar las fiestas y, sobre todo, los puentes. Haciendo esta rápida ojeada me he dado cuenta de algo que hasta ahora no me había fijado. En Catalunya, donde he nacido, las tres fechas cristianas principales se</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2010/10/fiestas_del_calendario1.mp3">Las fiestas del calendario</a></p>
<p style="text-align: justify;">Hoy he estado repasando los días festivos del calendario, siempre caigo en la tentación de mirar las fiestas y, sobre todo, los puentes. Haciendo esta rápida ojeada me he dado cuenta de algo que hasta ahora no me había fijado. En Catalunya, donde he nacido, las tres fechas cristianas principales se celebran con dos días de fiesta. Navidad, Pascua y Pentecostés: las tres tienen el día siguiente festivo. No sé exactamente el motivo histórico de esta coincidencia, pero la encuentro muy oportuna. Las cosas importantes han de tener siempre su espacio y tiempo adecuado, sobretodo para gozarlas al máximo.</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-1654" title="rostros 4" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/10/rostros-4-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /> Sea o no reconocida civilmente, lo cierto es que la fiesta nace cuando la gente sabe darlo todo, ponerlo sobre la mesa y compartir. Si hay tanta confianza que puedo hacer el gesto de darlo todo, estoy propiciando que aquel momento sea festivo. Nosotros somos los que hacemos posible que el día después y todos los días del año sean fiesta.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante todo el año, los cristianos vamos recordando diariamente diferentes hombres y mujeres que han dado su vida y han hecho de aquel día una jornada especial. Pero, además de las personas que recordamos de manera especial, ¡hay tantísimas más! En muchos lugares del mundo hay hombres y mujeres que, en silencio, sin hacer ruido, hacen de su vida una donación. Una donación al marido, a la esposa, a los hijos, a los padres, a los amigos, a los vecinos, a la gente. Personas que conocemos, que viven cerca de nosotros y que diariamente optan por vivir de esta manera. Gente normal y corriente que ama y hace del amor el eje de su vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra vida cotidiana es muy normal, a veces tenemos la sensación de que no pasan muchas cosas extraordinarias, el año va muy deprisa y agotamos los días sin darnos cuenta. Pero, si tenemos la suerte de convivir con personas que viven amando, que con su manera de ser y hacer crean fiesta, no necesitaremos de unos días marcados de color rojo, ni que comience o acabe el año para celebrar unas fiestas señaladas, ni esperar unos puentes más o menos largos. Nuestro calendario será diferente, todo el año podrá ser fiesta. Somos las personas las que hacemos posible que el paso de los días sea diferente, que, a pesar de las dificultades que comporta vivir, se pueda convertir el día en gozoso y festivo. Nosotros podemos hacer que cada día del año sea festivo. No esperemos que el calendario marque una fiesta, seamos nosotros portadores de la fiesta.</p>
<p><strong>Por Jordi Cussó Porredon</strong><br />
<em>Voz:  Ester Romero</em></p>
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		<title>Sois sal de la tierra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jordi Cussó Porredón]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jan 2010 10:19:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Cussó]]></category>
		<category><![CDATA[mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Sois sal de la tierra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Días atrás fui a mi dietista. Evidentemente, el asunto no pintó demasiado bien, porque estamos algo lejos de los objetivos propuestos para estas fechas. Pese a todo, como existe buena voluntad por ambas partes, seguiremos intentándolo. Durante la entrevista médica me recordaron por enésima vez que somos lo que comemos y nuestra dieta no puede</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Días atrás fui a mi dietista. Evidentemente, el asunto no pintó demasiado bien, porque estamos algo lejos de los objetivos propuestos para estas fechas. Pese a todo, como existe buena voluntad por ambas partes, seguiremos intentándolo. Durante la entrevista médica me recordaron por enésima vez que somos lo que comemos y nuestra dieta no puede quedar al margen de lo que somos y de lo que intentamos llevar a cabo. Como ella me dice: “Recuerda las veces que lo que has comido te ha comportado una mala digestión, o te ha dejado mal sabor de boca, o al acostarte te ha dado acidez, lo que indica que has hecho caso omiso de lo que tan a menudo te recomienda tu doctora”.</p>
<p style="text-align: justify;">Es cierto que somos lo que comemos, y lo experimentamos de muchas maneras. No sólo en el ámbito culinario o material, sino que sé que también se hace evidente en el ámbito espiritual. ¿Cuántos han mamado desde pequeños un ambiente hostil, de marginación, y después su vida ha sido hostil y marginada? Cuando las personas se alimentan de odio, de indiferencia o de violencia, después acostumbran a ser  violentos, indiferentes a las necesidades de los demás y el odio acumulado termina por originar conflictos y hasta guerras. Ya sé que no siempre es así, que existen honrosas excepciones, pero con frecuencia la guerra genera más guerra, igual que el odio y la violencia. Conviene, pues, que éste no sea el alimento de la infancia, ni de nadie, en nuestro planeta.</p>
<p style="text-align: justify;">A nosotros, los cristianos, nos toca derramar y llenar el mundo de ingredientes de paz, generosidad, amor, honradez, servicio, bondad&#8230; En definitiva, de los ingredientes que son propios del testamento de Jesús y que nos configuran como sus seguidores y creyentes en su mensaje.</p>
<p style="text-align: justify;">A veces pienso que todo consiste en intentar preparar un buen cocido, o cualquier otro plato de la variada cocina mediterránea. Da igual lo que pongamos mientras sea de buena calidad, sólo así  el resultado final tendrá el buen sabor que esperamos. En nuestra sociedad no importa quien suministra los ingredientes, lo que importa es que sean provechosos y saludables. Puede ser que los ingredientes los aportemos entre todos y son muchos los grupos sociales que colaboran para lograr un excelente cocido social. Si se ha hecho bien, nos alimentará y nos ayudará a construir personas sanas o como diríamos en lenguaje religioso, bienaventuradas. Pero jamás debemos olvidar que la cocina no atañe solamente a los cristianos, sino a todos los grupos que forman la sociedad. Y tenemos que alegrarnos de que sea así. Una de las tareas que Jesús nos encomendó es la de saber reconocer lo mucho de bueno que hay en los demás grupos, que sumando todas las aportaciones es cuando estamos construyendo el Reino de Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero como nos recuerda Jesús en el evangelio, nosotros, los cristianos, solamente hemos de ser la sal del cocido. Cuando la comida se sirve en la mesa, la sal ni se ve ni se huele, y sólo sabremos de su presencia al probar la comida. La sal se ha disuelto entre todos los elementos introducidos en el cocido, pero es capaz de darle un gusto especial, sin la cual quedaría soso y más bien insípido. Dar buen sabor, esta es nuestra misión. Pero no un sabor cualquiera, sino el sabor de Cristo. Que todo el mundo se pueda sentir saciado de solidaridad, servicio, humildad, ultimidad, amor desinteresado. Así, bien alimentados, tendremos una convivencia más agradable y gustosa. Insisto, los ingredientes los poseen todos los seres humanos y nosotros tan sólo somos la sal, la que hace que la convivencia tenga el sabor de Cristo. Poca cosa, si queréis, pero muy importante en la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo cierto es que tampoco podemos pasarnos, un exceso de sal hace la comida indigerible. A veces tengo la sensación de que la “cristiandad” no fue otra cosa que un exceso de sal que hizo subir la tensión de la sociedad a tal extremo, que muchos optaron por comer una dieta sin sal. No olvidemos esta lección de humildad  si queremos contribuir con nuestra presencia a la construcción de un mundo mejor.</p>
<p style="text-align: justify;">Los cristianos no podemos perder el sabor de las bienaventuranzas, sin el cual no serviríamos para nada, como nos dice Jesús en el evangelio. La pureza de corazón, el amor a la justicia, la lucha por la paz, la pobreza&#8230;son valores constitutivos de nuestra vida que deseamos aportar a la sociedad en que vivimos. Es posible que haya quien rehúse estos valores y busque otras actitudes y modos de ser ante la vida, pero nosotros no podemos renunciar a lo que somos ni al sabor que tenemos. Cristo nos enseñó a sentarnos alrededor de la mesa, a saborear el encuentro con los hermanos y a hacer de ello el ágape fraternal. Que cuando nos encontremos en el banquete de la vida, no nos falte la sal.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Jordi Cussó</em></strong></p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2010/01/sois-sal-de-la-tierra/">Sois sal de la tierra</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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