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	<title>Pascua archivos - Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>Pascua comunitaria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Bustamante Enríquez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Nov 2019 05:02:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[comunitaria]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Bustamante Enriquez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los evangelios fueron escritos a la luz de la resurrección de Jesús, para que las nuevas generaciones de cristianas y cristianos vivieran la experiencia pascual. El tránsito de la muerte a la vida siguiendo los pasos de Jesús. No son propiamente una biografía. Lo da a entender el final del evangelio de Juan cuando dice</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2019/10/Portada_pascua_cumunitaria.jpg" alt="" width="648" height="401" class="aligncenter size-full wp-image-12406" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2019/10/Portada_pascua_cumunitaria-300x186.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2019/10/Portada_pascua_cumunitaria.jpg 648w" sizes="(max-width: 648px) 100vw, 648px" /></p>
<p>Los evangelios fueron escritos a la luz de la resurrección de Jesús, para que las nuevas generaciones de cristianas y cristianos vivieran la experiencia pascual. El tránsito de la muerte a la vida siguiendo los pasos de Jesús. No son propiamente una biografía. Lo da a entender el final del evangelio de Juan cuando dice que si se hubiera de escribir todo lo que hizo y dijo Jesús harían falta muchos libros. Todo lo que se ha escrito sobre Jesús y las primeras comunidades que posteriormente fueron llamadas cristianas, son textos que se han de leer desde la fe, es decir, desde un marco simbólico y con una finalidad de trascendencia. No podemos quedarnos con una lectura literal de lo que se expone. </p>
<p>Siguiendo esta línea, en el capítulo 11 del evangelio según San Juan, se narra la resurrección de Lázaro. Entre los versículos 17 y 27 podemos encontrar un diálogo muy hondo y directo de Marta con Jesús. En él contemplamos cómo se desarrolla un Credo por parte de Marta, una confesión de fe. Antes de la muerte de su hermano, por el cual Jesús también lloró, Marta creía en la resurrección de una manera digamos doctrinal, teórica. Aquel encuentro con Jesús que viene a dolerse de la muerte de su amigo, le hace comprender que la resurrección no es una cosa del “último día”, sino una realidad presente que tiene que ver con la vida. Con la vida en Dios.</p>
<p>Para resucitar, antes hay que morir. Era necesario que Lázaro muriese con tal de que viera la nueva Luz. Pero Lázaro no era él solo, era la comunidad de Lázaro, María y Marta. La comunidad de Betania con todas las personas que seguían a Jesús al lado de los tres hermanos. Esta comunidad hizo el paso de la muerte a la vida antes de la Pasión de Jesús. Posiblemente esta pascua comunitaria fue como un preludio de la Pascua de Jesús, donde también hubo dolor, pero después reencuentro y alegría.</p>
<p>La muerte de Lázaro, el discípulo amado, es motivo de esperanza y de confianza, no tanto en la resurrección del último día, sino en la resurrección de Jesús que ilumina la vida de las personas y los grupos humanos que lo seguimos. Haciendo una lectura trascendente, ¡cuántas ocasiones las comunidades y los grupos no pasamos por momentos en que nuestra fe está en agonía! Incluso, vivimos en esa espera de un futuro mejor que nos saque de la situación actual. Jesús viene a decirnos que la resurrección se arraiga en el presente: “Yo soy la resurrección y la vida”. No nos dice: yo seré la resurrección. Nos habla en presente. </p>
<p>En cada momento, tanto personal como grupal, podemos contemplar la realidad desde la luz de la resurrección, por más difícil que sea. En el grito y en el silencio de la cruz, ya habían trazas de resurrección. En el vacío del sepulcro quedó la huella de la resurrección. Pero, sobre todo, en el encuentro con las hermanas y hermanos –esa Galilea siempre presente– es donde podemos vivir palpablemente la presencia viva de Dios.</p>
<p>Texto: <strong>Javier Bustamante</strong><br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<tbody>
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		<title>El hombre-anuncio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Lluís Socías Bruguera]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 11:00:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[hombre]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Antes de la guerra civil –me explican- había en las Ramblas de Barcelona y en los paseos de las ciudades importantes, el hombre-anuncio. Era un hombre que llevaba unos carteles en pecho y espalda que, como si fueran un enorme escapulario, servían para anunciar lo que los publicistas le ponían en aquellos plafones. He visto alguna que otra fotografía y se ve a este hombre-anuncio caminar por los paseos con dichos carteles que le llegaban hasta los pies. Supongo que serían bastante molestos, cargando su peso en los hombros con unos tirantes y golpeándole frecuentemente las espinillas; y, más de una vez, el hombre caería al tropezar, siendo la irrisión de la gente.</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="alignleft size-medium wp-image-4236" alt="ropa hombreanuncio" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/12/ropa-hombreanuncio-242x300.jpg" width="242" height="300" />Aquel hombre-anuncio seguro que anunciaba cosas que no iban con él mismo. Cosas externas a él y, si de algún producto se trataba, seguro que jamás tendría dinero para comprárselo.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy día los jóvenes se visten a la moda, que es ir mostrando la marca, ya sea del calzado o de los pantalones o de la chaqueta o de la camisa. En cierta manera, también nos hemos convertido en hombre-anuncio que, gratuitamente, anunciamos los comercios y las marcas de las prendas que llevamos. Algunos, muy seguro, se sentirán identificados con las marcas y gozosos de poderlas exhibir.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero creo que los que somos cristianos, sí deberíamos ser como aquel hombre-anuncio. No es que debamos llevar unos carteles en pecho y espalda. Los cristianos deberíamos ser anunciadores de la Pascua de Jesucristo. Ojalá supiéramos proclamar, con palabras y con nuestras vivencias, que Jesús vive resucitado en nuestra vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Seguro que no hará falta que llevemos ni carteles ni etiquetas porque el gozo pascual ha de surgir de nuestro interior.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Que no pare la Pascua! Para los cristianos siempre es fiesta, siempre es domingo, día del Señor, recuerdo del día que resucitó. Nuestra misión es ésta: anunciar y proclamar la Pascua de Jesús.</p>
<p style="text-align: justify;">Que seamos hombre-anuncio de esta buena noticia: Cristo ha resucitado y vive en cada uno de nosotros y en medio de nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">Por Josep Lluís Socias Bruuera</p>
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		<title>Esperanza en el desierto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Natàlia Plá Vidal]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jan 2010 10:37:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El camino de conversión que nos propone la cuaresma no es un camino gris y triste, sino de alegría ante la posibilidad de acercarnos nuevamente a Dios en lo que de Él nos hubiéramos distanciado. Es la hora de aceptar la exhortación que nos hace San Pablo: «¡Dejaos reconciliar con Dios!» De hecho, solemos relacionar</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El camino de conversión que nos propone la cuaresma no es un camino gris y triste, sino de alegría ante la posibilidad de acercarnos nuevamente a Dios en lo que de Él nos hubiéramos distanciado. Es la hora de aceptar la exhortación que nos hace San Pablo: «¡Dejaos reconciliar con Dios!»</p>
<p style="text-align: justify;">De hecho, solemos relacionar la esperanza con el adviento, acariciando qué dimensión de Dios es la que tenemos que dejar nacer en nuestra vida. Pero también en la cuaresma hay una vivencia de esperanza. Es el momento de vivir de ella en la travesía del desierto. Ésta es la prueba de la fidelidad, de la confianza en lo recibido, de la templanza para resistir tentaciones y dosificar las fuerzas, empleándolas en lo más conveniente, de la sensatez de cargar agua donde la haya y así llevar siempre los recipientes llenos, pues habrá momentos áridos&#8230; Podríamos decir que, al templar la esperanza con el fuego de la fe, se fortalece hasta convertirse en claraesperanza, una esperanza firme en la fe. Ése es el tipo de esperanza que nos abre al milagro de la pascua.</p>
<p style="text-align: justify;">En esa travesía del desierto que hacemos durante la cuaresma para vivir el triduo pascual y entrar de lleno en la cincuentena pascual, podemos hacer una depuración de miradas parciales, egoístas, o llenas de prejuicios sobre cómo tienen que ser las cosas y la vida, de modo que no nos permiten valorar cómo realmente son y cómo realmente quiere Dios que sean. Cuando estamos metidos de lleno en nuestros desiertos, con sed, sufriendo temperaturas extremas de calor y de frío, solos, desorientados, con un paisaje tal vez monótono, y tremendamente austero, no queda sino enraizarnos en lo fundamental, en lo básico, para seguir viviendo. Todo ello para al final darnos cuenta de que, en realidad, poco más necesitamos que eso. Y que, cuando lo abrazamos, estalla en múltiples colores y formas que no habíamos sido capaces de descubrir aunque ya estaban presentes en la vida que nos envuelve. Es así como nos habremos dejado reconciliar con Dios. Se abre la posibilidad de nuestra pascua.</p>
<p style="text-align: justify;">Para que la pascua llegue con plenitud de sentido para nosotros, deberíamos preguntarnos qué tenemos que dejar resucitar en nuestras vidas. Hay cosas que ya han vivido o viven en nosotros, pero que aún lo hacen sólo con nuestras propias energías. La resurrección es la recepción de una vida que viene enteramente de Dios. Es su soplo amoroso, el aliento que nos da un modo nuevo de vivir. Posiblemente hay cosas en nosotros que ya son buenas, pero quizás todavía no las hemos entregado de lleno a Dios para que él las vivifique y las haga plenamente suyas a través nuestro. Es decir, una vez más, conviene plantearnos el morir a esas actitudes o acciones con nuestro estilo y dejarlas nacer al estilo de Dios. Tras dejarnos reconciliar con Dios, toca dejarse resucitar por Él.</p>
<p style="text-align: justify;">Si la cuaresma es la travesía del desierto, la pascua es el camino a Galilea, donde Cristo Resucitado se muestra a los suyos para que puedan resucitar con él. La esperanza da paso a la experiencia de la certeza.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Natàlia Plá</em></strong></p>
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		<title>María, estrella del mar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep Lluís Socías Bruguera]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Jan 2010 10:58:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Estrella del mar]]></category>
		<category><![CDATA[Josep Lluís Socías Bruguera]]></category>
		<category><![CDATA[madre]]></category>
		<category><![CDATA[Madre de Dios]]></category>
		<category><![CDATA[María]]></category>
		<category><![CDATA[María estrella del mar]]></category>
		<category><![CDATA[Pascua]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cómo no escribir cuatro palabras de la reciente encíclica Spe salvi del papa Benedicto XVI? Es una carta dirigida a todos los fieles sobre la esperanza cristiana. En los dos últimos capítulos, el sumo pontífice hace una invocación a María, la Madre de Dios. Ella es Estrella del Mar, como la saludaba la Iglesia en</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">¿Cómo no escribir cuatro palabras de la reciente encíclica Spe salvi del papa Benedicto XVI? Es una carta dirigida a todos los fieles sobre la esperanza cristiana.</p>
<p style="text-align: justify;">En los dos últimos capítulos, el sumo pontífice hace una invocación a María, la Madre de Dios. Ella es Estrella del Mar, como la saludaba la Iglesia en un himno (“Ave Maris Stella”) de hace más de mil años.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de preguntarse el Papa hacia qué meta lleva el camino de la vida humana, nos dice que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, como lo han sido tantas personas que han sabido vivir rectamente. Ella es una luz cercana que da luz reflejando la luz por antonomasia, que es Cristo.</p>
<p style="text-align: justify;">En forma de plegaria la invoca –la invocamos-: “Tú que fuiste una de aquellas almas humildes que esperaron la redención de Jerusalén&#8230;; esperanza de las Sagradas Escrituras; esperanza de Israel; esperanza del mundo.”</p>
<p style="text-align: justify;">Haciendo un repaso a la historia de la vida de María en relación con lo que plasman los evangelios y el nuevo testamento, recuerda que por su “sí”, se hacía realidad la esperanza de milenios;</p>
<p style="text-align: justify;">visitando a su pariente Isabel se convertía en imagen de la futura iglesia, que en su seno, llevaba la esperanza del mundo por los montes de la historia;</p>
<p style="text-align: justify;">en su Magnificat difundió la alegría en los siglos, conociendo las afirmaciones de los profetas sobre el sufrimiento de Jesús;</p>
<p style="text-align: justify;">en el nacimiento de su Hijo se hizo palpable la pobreza de Dios en este mundo;</p>
<p style="text-align: justify;">en la actividad pública de Jesús, María se quedaba a un lado para que pudiera crecer la nueva familia que Él había venido a instituir;</p>
<p style="text-align: justify;">experimentó la verdad como “signo de contradicción” y en la creciente hostilidad hasta la hora de la cruz en la que vio morir como un fracasado al Salvador del mundo;</p>
<p style="text-align: justify;">recibió entonces una nueva misión: ser madre de todos los que quieren creer en Jesús y seguirlo.</p>
<p style="text-align: justify;">María con gran fe, “ que en la oscuridad del Sábado Santo fue también certeza de la esperanza, te has ido a encontrar con la mañana de Pascua, la alegría de la Resurrección&#8230;”</p>
<p style="text-align: justify;">Y acaba la reflexión con la invocación: “Santa María, Madre de Dios, enséñanos a creer, esperar y amar contigo, indicando el camino hacia su reino. Estrella del Mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.”</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Josep Lluis Socias Bruguera</em></strong></p>
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