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María, estrella del mar

¿Cómo no escribir cuatro palabras de la reciente encíclica Spe salvi del papa Benedicto XVI? Es una carta dirigida a todos los fieles sobre la esperanza cristiana.

En los dos últimos capítulos, el sumo pontífice hace una invocación a María, la Madre de Dios. Ella es Estrella del Mar, como la saludaba la Iglesia en un himno (“Ave Maris Stella”) de hace más de mil años.

Después de preguntarse el Papa hacia qué meta lleva el camino de la vida humana, nos dice que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, como lo han sido tantas personas que han sabido vivir rectamente. Ella es una luz cercana que da luz reflejando la luz por antonomasia, que es Cristo.

En forma de plegaria la invoca –la invocamos-: “Tú que fuiste una de aquellas almas humildes que esperaron la redención de Jerusalén…; esperanza de las Sagradas Escrituras; esperanza de Israel; esperanza del mundo.”

Haciendo un repaso a la historia de la vida de María en relación con lo que plasman los evangelios y el nuevo testamento, recuerda que por su “sí”, se hacía realidad la esperanza de milenios;

visitando a su pariente Isabel se convertía en imagen de la futura iglesia, que en su seno, llevaba la esperanza del mundo por los montes de la historia;

en su Magnificat difundió la alegría en los siglos, conociendo las afirmaciones de los profetas sobre el sufrimiento de Jesús;

en el nacimiento de su Hijo se hizo palpable la pobreza de Dios en este mundo;

en la actividad pública de Jesús, María se quedaba a un lado para que pudiera crecer la nueva familia que Él había venido a instituir;

experimentó la verdad como “signo de contradicción” y en la creciente hostilidad hasta la hora de la cruz en la que vio morir como un fracasado al Salvador del mundo;

recibió entonces una nueva misión: ser madre de todos los que quieren creer en Jesús y seguirlo.

María con gran fe, “ que en la oscuridad del Sábado Santo fue también certeza de la esperanza, te has ido a encontrar con la mañana de Pascua, la alegría de la Resurrección…”

Y acaba la reflexión con la invocación: “Santa María, Madre de Dios, enséñanos a creer, esperar y amar contigo, indicando el camino hacia su reino. Estrella del Mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.”

Por Josep Lluis Socias Bruguera

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