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	<title>santidad archivos - Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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	<title>santidad archivos - Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>Resarcir a Dios, Ser Santos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Josep M. Forcada]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Jun 2021 09:00:14 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1.jpg" target="_blank" rel="noopener"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-13880 aligncenter" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1-300x203.jpg" alt="" width="800" height="540" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1-200x135.jpg 200w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1-300x203.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1-400x270.jpg 400w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1-600x405.jpg 600w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1-768x518.jpg 768w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1-800x540.jpg 800w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2022/08/resarcir_1.jpg 1000w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">“Esta es mi silla”, “yo tengo todo el derecho a ocupar este asiento”, “desde siempre esto ha sido para mi”, “yo tengo derecho de toda la vida a estar aquí”… ¡Cuantas afirmaciones arriesgadas e incluso algunas de ellas absurdas! Si en la vida ordinaria estas actitudes nos parecen prepotentes y de un dominio inmerecido, cuando las atribuimos a nuestra relación con Dios, acompañadas de tantas exigencias, todavía es más absurdo.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué no nos preocupamos más en pensar el por qué estoy aquí, o pensar qué don Dios me ha concedido para que yo pueda estar aquí i ahora en este mundo? Muchas veces la gratuidad y la libertad de Dios contrastan con la opinión que yo tengo sobre la gratuidad y la libertad. Fácilmente pretendemos atar de manos a Dios, creyendo que nosotros somos imprescindibles y necesarios.</p>
<p style="text-align: justify;">Dios soñó para los humanos un mundo de paz, de alegría y de paraíso, pero esto lo hemos trasmutado y manipulado de tal manera que poco se parece al proyecto originario de Dios. Lo hemos convertido en algo muy distinto a lo que Dios sueña para nosotros. La creación del ser humano es una maravillosa y sorprendente realidad, distinta a la creación de la naturaleza con sus mares, sus montañas, bosques, animales, etc.</p>
<p style="text-align: justify;">Dios dotó al hombre de una capacidad de libertad desconocida en el universo. Libertad humana que se conjuga con la libertad de Dios. ¡Qué gran contenido de comunión representa para los humanos! Dios seguro que soñaba con unos hombres y mujeres “de paraíso”, así es como nos lo describe el libro de Génesis.</p>
<p style="text-align: justify;">El proceso ideal de crear una humanidad llena de amor, contrasta con tantos desamores y rebeldías de los humanos que nos parece como si Dios fallara ante la gran fuente de caridad que es Él mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que Dios sueña para el hombre no siempre se cumple, a causa, precisamente, de la libertad humana. Pero si los humanos no fueran libres, serían como meros robots del designio divino. A pesar de que no somos lo que dios soñaba, Él nos ama infinitamente y no escatima esfuerzos para que seamos redimidos por medio de la Pasión de Cristo y su Resurrección. Ciertamente se trata de ese Dios humilde y cercano a la humanidad el que nos conduce a la redención. ¡Cuán necesaria es la gratitud de los humanos para con Dios! Es la misma humildad que Dios tiene para con nosotros lo que nos salva.</p>
<p style="text-align: justify;">La redención no se entiende si no es desde la gratuidad (Dios, lleno de amor desinteresado quiere salvarnos), y desde la gratitud que es uno de los grados más sublimes de la humildad. Tampoco se entiende si no es desde la alegría; no olvidemos que la muerte redentora de Cristo conlleva una resurrección redentora. Las infidelidades de los humanos en forma de odios, guerras, hambres, desconsideración, iras, celos… parece que frustren el plan de Dios. Sin duda todos estos acontecimientos de anti-caridad alteran los planes de Dios. Alfredo Rubio comentaba en una charla que dio el 25 de abril de 1991 en Talanquera: “¡Qué humildad reconocer que yo y todo el mundo con sus pecados frustramos continuamente los nuevos planes de Dios! Entonces naturalmente, visto que somos culpables de frustrar los planes de Dios, de que no nazcan los que Él deseaba, pues tenemos que hacer penitencia al máximo para reparar este daño. (…) Reconociendo el daño que uno ha hecho, pues, es otro grado de humildad” Por tanto esta penitencia no es otra –indica Alfredo Rubio- que esforzarse en ser santos para resarcir a Dios por todos los pecados míos y de los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">Dios nos ha creado, a pesar de no ser los que Él hubiera deseado. Son otros que Él ha creado a pesar de todo. Nosotros, en este contexto de humildad, es decir de santidad, a partir de la gratitud, de la alabanza, de la paz y de la alegría, podemos resarcir el camino. Nos abrimos al Espíritu que es el que nos ayuda a avanzar hacia la santidad. No se puede ser santo desde la vanidad, sino desde la humildad y por la penitencia. Ésta no consiste en darse azotes o terribles privaciones sino en un constante acto de amor al prójimo, amar a pesar de todo, aunque no exista correspondencia e incluso haya anti-amor. Debe ser un gozo amar como Dios nos ama. Poder colaborar a que se realice el verdadero “paraíso” que Jesucristo inaugura.</p>
<p>Texto: <strong>Josep M. Forcada</strong><br />
Fuente: <a href="http://pliegotante.blogspot.com/2011/07/" target="_blank" rel="noopener">Nuestra Señora de la Paz y la Alegría</a></p>
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		<title>Dos santos que además fueron Papas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 May 2014 03:01:56 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Iglesia ha proclamado la santidad de dos grandes hombres que además fueron sucesores de Pedro. Algunos califican ambos Papas como “opuestos” y por ello su canonización conjunta como “un equilibrio” para no descontentar a nadie. Pienso que esta visión maniquea y simplista no le hace justicia a nadie: ni a la Iglesia, ni a</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La Iglesia ha proclamado la santidad de dos grandes hombres que además fueron sucesores de Pedro. Algunos califican ambos Papas como “opuestos” y por ello su canonización conjunta como “un equilibrio” para no descontentar a nadie.</p>
<p style="text-align: justify;">Pienso que esta visión maniquea y simplista no le hace justicia a nadie: ni a la Iglesia, ni a esos dos grandes hombres, ni al Espíritu Santo. Es la mente racionalista la que tiene que dividir y cortar, oponer para comprender.</p>
<p style="text-align: justify;">Giuseppe Roncalli abrió un camino valiente en la Iglesia, compuesto de sencillez y cercanía, de escucha hacia el mundo de su tiempo, diálogo con los alejados y con los cristianos de otras confesiones. ¡Y nada menos que convocó el Vaticano II! Quería que las antiguas formas de la Iglesia fueran renovadas, desempolvado el rostro de la comunidad de los creyentes y despojándolo de adherencias históricas ya sin sentido. Quería que la liturgia fuera comprendida y que la Iglesia fuera realmente el pueblo de Dios en camino. Pablo VI continuó su trayectoria, no sin momentos de duda. Juan Pablo I sólo tuvo tiempo de señalar hacia la misma dirección.</p>
<p style="text-align: justify;">Karol Wojtyla continuó adelante. Se lanzó por los caminos del mundo a encontrar y abrazar a personas de toda condición, allá donde estuvieran. Rescató a la mujer –aunque poquísimos se han dado cuenta- con la carta “Mulieris dignitatem”. Rescató también la dignidad del cuerpo y del placer sexual en sus catequesis sobre la Teología del cuerpo. Continuó decididamente el acercamiento ecuménico. Se hermanó con los judíos y como Papa entró en la Sinagoga de Roma, rompiendo un tabú de dos milenios. Habló y colaboró con los musulmanes. Convocó a líderes de todas las religiones a rezar juntos por la paz.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos temas, como el rechazo al aborto o la insistencia en el valor de la familia tradicional, hicieron que algunos lo etiquetaran como conservador, y por ello –qué ingenuos- lo opusieran a la figura de Juan XXIII.</p>
<p style="text-align: justify;">Son distintos, claro está. Pero orientados por la misma brújula. Dos gigantes de la fe, no dos seres perfectos o sin errores. Dos hombres que se dejaron llenar y llevar por el Espíritu Santo.</p>
<p style="text-align: justify;">La Iglesia no los declara santos porque hayan sido perfectos en todo. Seguramente se equivocaron muchas veces, y tuvieron desenfoques en algunos asuntos. Pero fueron realmente portadores de Dios, eran presencia de Dios para millones de personas, llevaron su amor a Jesucristo hasta las últimas consecuencias según su entender. Y en eso fueron heroicos, sobrellevando cansancios, incomprensiones y ataques, dudas e incertidumbres interiores.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo pude ver muchos años, muy de cerca, al Papa Juan Pablo II. Y puedo asegurar que su manera de relacionarse con las personas era totalmente fuera de lo común. Personal, directa, entrañable. Atento a todos hasta la extenuación.</p>
<p style="text-align: justify;">Bendigo a Dios por ellos, por el bien que hicieron a la Iglesia, por la muchísima gente que encontró a Cristo gracias a ellos, y confío en que nosotros sigamos este camino de libertad interior, de amor a Jesús y a la Iglesia. De cercanía con toda persona, simplemente porque existe.</p>
<p><strong><em>Texto: Leticia Soberón</em></strong><br />
<em>Voz: Javier Bustamante</em><br />
<em>Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales</em><br />
<em>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claeraesperanza</em></p>
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<p>Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/04/dos-santos-papas.mp3" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Dos santos que además fueron Papas</a><div class="fusion-clearfix"></div></div></div></div></div>
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		<title>La santidad escondida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lourdes Flaviá Forcada]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Dec 2011 09:40:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[escondida]]></category>
		<category><![CDATA[La santidad escondida]]></category>
		<category><![CDATA[Lourdes Flavià]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una amiga tenía dos sobrinos. Ambos de la misma edad, cinco años, hijos de distintos hermanos. Uno de ellos, vivía una realidad familiar en la que sus padres ponían el centro de su vida en los bienes materiales y en las apariencias. El entorno familiar del otro era bastante distinto. Sus padres eran gente esforzada</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2011/12/la-santidad-escondida/">La santidad escondida</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Una amiga tenía dos sobrinos. Ambos de la misma edad, cinco años, hijos de distintos hermanos. Uno de ellos, vivía una realidad familiar en la que sus padres ponían el centro de su vida en los bienes materiales y en las apariencias. El entorno familiar del otro era bastante distinto. Sus padres eran gente esforzada y trabajaban para vivir con dignidad, pero sin arribismos ni comodidades superfluas. Un día, mi amiga les preguntó a sus sobrinos qué querían ser de mayores. El primero contestó: “yo quiero ser rico”. El segundo dijo: “yo quiero ser santo”. Esto, que puede parecer un cuento, es estrictamente cierto.</p>
<p style="text-align: justify;">La santidad pareciera a<img decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-4089" alt="personas" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2012/12/personas.jpg" width="300" height="200" />lgo reservada a unos pocos. Hombres y mujeres extraordinarios que se salen de lo común. Personas elegidas por Dios para ser testimonios y llevar a cabo la misión por Él encomendada. Sin embargo, el deseo de santidad es algo que, como a este niño, nos tendría que surgir de forma natural, porque es en ella donde encontramos la plenitud y el sentido de la existencia. La santidad como algo que se puede ir viviendo en lo cotidiano, en lo ordinario. No pensemos que sólo llegan a la santidad los que veneramos en los altares. ¡Son más, muchos más, los santos anónimos! De ellos, nada sabemos. Sus vidas fueron vidas, podríamos decir, ¿normales? Santidad tejida en la urdimbre del día a día, en el trabajo, en la familia, en la ciudad o en el campo, en el bullicio o en el silencio, en la guerra o en la paz,… ¡Cuántos de ellos o ellas han entregado la vida por amor, sin que nadie haya percibido que, detrás de ese gesto, de esa actitud, de esas palabras o silencios, detrás de ese itinerario existencial, había alguien que, sin pensar en sí mismo o en sí misma, se daba por entero a otros!</p>
<p style="text-align: justify;">Ser santo, ser santa, no significa ir por la vida con una aureola. Ni adoptar posturas de falsa humildad. Precisamente la santidad es ser capaz de reconocer que, a pesar de mi fragilidad, de mi pequeñez, Dios puede obrar a través mío… si yo no le pongo objeciones.</p>
<p style="text-align: justify;">La santidad, no como algo que nos merezcamos, o como un “regalo” que queramos ofrecerle a Dios, sino santidad para resarcir a Dios y al prójimo por el daño causado. Esto puede vacunarnos de la vanidad que podría conllevar el deseo de santidad. Si hago el mal, debo repararlo, sanar la herida causada, enmendar la ofensa. Querer caminar hacia la santidad es abrirse al Espíritu Santo para que él vaya quemando, en nosotros, los vestigios del pecado.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos santos anónimos son como esos luceros que nos van marcando el camino hacia el cielo. Ellos nos guían y nos iluminan en nuestras noches oscuras. Con su “santidad escondida” nos muestran que a la santidad estamos todos convocados.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Por</em><strong><em> Lourdes Flavià</em></strong></p>
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		<title>Clara, la mujer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Jan 2011 11:02:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Creación está llena de maravillas. Nos pasmamos ante la belleza de las noches con estrellas; de las rosas; del agua cuando cae en catarata. Y la más grande belleza, es un ser humano. Toda persona, en su simple y llana existencia natural, es un prodigio que respira, elige, piensa, ama. Es la obra cumbre</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La Creación está llena de maravillas. Nos pasmamos ante la belleza de las noches con estrellas; de las rosas; del agua cuando cae en catarata. Y la más grande belleza, es un ser humano. Toda persona, en su simple y llana existencia natural, es un prodigio que respira, elige, piensa, ama. Es la obra cumbre de la Creación, a quien Dios dio el enorme don de la libertad. Un regalo con frecuencia mal utilizado, pero que es la máxima muestra de su Amor de Padre.</p>
<p><a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/01/claralamujer.jpg"><img decoding="async" class="alignright size-medium wp-image-5354" alt="claralamujer" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2011/01/claralamujer-271x300.jpg" width="271" height="300" /></a>Clara es un ser humano. Como tal, ya en sí misma es una obra de artesanía. Es una persona femenina, lo que le da un matiz particular a su modo de ser y de obrar. Y por todo ello, esta mujer se dirige al Autor de todo, exclamando con sencillez: «Gracias, Señor, porque me has creado». Como buena discípula de Francisco, está contenta de ser simplemente una criatura de Dios.</p>
<p>Este es el mejor punto de partida para que Clara salte mucho más allá, abriendo su libertad a Jesucristo de un modo total e incondicional.</p>
<p>Es bueno recordar que Clara fue una mujer. Una persona como todas, con sus dudas, sus limitaciones, sus tentaciones, temores, los condicionantes propios de su época, y hasta sus errores y pecados. No creamos hacerla «más santa» suponiendo que no tuvo necesidad de conversión. Sólo ha habido y habrá en la Historia una mujer Inmaculada. Con el resto de los mortales, Dios debe emplear una paciente y amorosa pedagogía. Y esto no resta valor a nuestra Clara, ni a ninguno de los Santos. ¡Al contrario!, hace que luzca más hermosamente la potencia de la Redención, y la obra santificadora del Espíritu de Dios, que en ella dejó ver muy pronto sus frutos.</p>
<p>¿Cuál fue el mérito de Clara, la mujer, y de las que la siguieron? Seguramente, no estorbar a Dios que la habitaba. No intentar ser perfecta por sí misma, sino dejar al Alfarero modelarla a Su entera voluntad. Estar atenta, velando, para responder de inmediato a cada nueva llamada a la Santidad. Y sobre todo, amar y dejarse amar. Dejar que fuera configurada en su corazón y en su rostro la imagen de Cristo para amar como Él ama: a toda persona, sin cansarse, con total generosidad. Con paz y con alegría. En unidad con sus hermanas.</p>
<p>Cada ser humano, tú, yo, todos, estamos invitados a esta aventura impresionante. Basta sólo con dejarse conducir por Cristo.</p>
<p>Clara, obra de artesanía como mujer, obra de arte que el Espíritu cinceló para que fuera, junto con sus hermanas, luz del mundo.</p>
<p><em><strong>Por Leticia Soberón</strong></em><br />
<em>(Santafé de Bogotá)</em></p>
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		<title>Familias de santos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaume Aymar Ragolta]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 Jan 2010 11:32:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un beato de nuestro tiempo, Manuel Domingo y Sol, escribió: «no estamos destinados a salvarnos solos». En esta línea, es hermoso descubrir que la santidad no es sólo algo individual sino que, históricamente, un santo aparece casi siempre rodeado de otros santos. La santidad de Clara de Asís va íntimamente unida a la de Francisco</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Un beato de nuestro tiempo, Manuel Domingo y Sol, escribió: «no estamos destinados a salvarnos solos». En esta línea, es hermoso descubrir que la santidad no es sólo algo individual sino que, históricamente, un santo aparece casi siempre rodeado de otros santos.<a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2010/01/foto_familiasdesantos.jpg"><img decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-5358" alt="foto_familiasdesantos" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2010/01/foto_familiasdesantos.jpg" width="245" height="138" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La santidad de Clara de Asís va íntimamente unida a la de Francisco con quien se encontró varias veces de adolescentes y a quien admiró y siguió toda la vida, realizando plenamente el ideal franciscano, consagrada a Cristo. Pero no hay que olvidar que Clara, a su vez, fue seguida pronto por su hermana Inés que fue abadesa en Monticelli (Florencia) y a quien después la Iglesia elevó también a los altares. Ambas abrazaron una pobreza radical, obteniendo el privilegio del papa de no poseer nada. Clara, Inés, la prima de ambas, Felipa, fueron de aquellas pobres mujeres que se santificaron a la sombra de San Damián. Por otra parte es conocida la correspondencia que Clara de Asís sostuvo con Santa Inés de Bohemia (*). Contemporáneamente, en Padua, san Antonio y la beata Elena Ensélmini convergieron como Francisco y Clara. Y en Rieti otra hermana pobrecilla, Felipa Mareri, murió en 1236, siendo beatificada en 1254.</p>
<p style="text-align: justify;">Es bueno encomendarnos a esas familias de santos, grupos humanos unidos por vínculos de sangre o de amistad. Ellos nos recuerdan que nuestra vocación a la santidad es también comunitaria.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Por Jaume Aymar</em></strong><br />
<em>(Barcelona)</em></p>
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