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No tener prisa

No tener prisa

no-prisa_sintxtTengo un amigo sacerdote que siempre dice que hoy vivimos en una especie de riada que nos lleva y arrastra a todos. Estamos sumergidos, vamos arriba y abajo, chocamos los unos con los otros, nos sentimos atareados, agobiados, sin tiempo para dedicar a los amigos y a la familia. Todo va a una gran velocidad.

He llegado a la conclusión de que nos gusta este ritmo trepidante, que si las cosas se serenan o adquieren un ritmo más suave, rápidamente nos aburrimos. Necesaitamos que la vida nos proporcione adrenalina en grado elevado. Las prisas, las agendas llenas y no tener tiempo para nada es una manera de sentirnos importantes y de que nuestra vida tenga un sentido: el de las cosas que hacemos, por tanto, cuantas más hagamos, más llena de sentido.

El problema de la prisa es que nuestra vida acaba convirtiéndose en una especie de patinaje sobre hielo. Vamos rápidos sobre dos cuchillas afiladas que nos hacen pasar por la vida de una manera muy superficial. Quizás este es el drama, que no tenemos tiempo para mirar las cosas en profundidad, conocerlas a fondo. Con los cinco minutos que dedico sólo puedo pasar por encima, pero no con la madurez que piden la mayoría de las cuestiones de la vida.

Esta superficialidad, con el paso del tiempo, nos va volviendo frívolos, y la frivolidad es como una especie de aceite que impregna toda la sociedad. Con este tipo de ungüento podemos resbalar por encima de la vida, de los problemas, de los acontecmientos, del sufrimiento y de las personas. Y, poco a poco, también nos acaban resbalando la vida, los problemas, los acontecimientos, el sufrimiento y, sobre todo, las personas.

Y, por otro lado, no somos tan autónomos como quisiéramos y necesitamos de los demás. Su presencia y su amistad se vuelven imprescindibles para vivir con paz y alegría. Y extendemos la mano para encontrar la mano del otro. Pero cuando nos damos las manos, como están llenas del aceite de la frivolidad se nos resbalan y no nos podemos sujetar. Lo volvemos a intentar, pero no tenemos donde cogernos, porque todo resbala. Es cuando más solos y desamparados nos sentimos. Estamos en plena riada.

¿Qué necesitamos? Hombres y mujeres que sequen sus manos. Que se conviertan en un punto sólido donde poder apoyar la vida y todas las cosas que esta nos depara, que me estiren y me ayuden a salir de esta riada. Pero, para eso hay que abandonar la frivolidad, secarse las manos para poder conducir la vida y las cosas con firmeza. Nada me puede resbalar, porque todo lo que afecta a las personas es importante.

Jesús tomó las manos de Pedro cuando este se hundía en las aguas, “Hombre de poca fe”, le dijo. Hemos de ser estas manos limpias por el bautismo, que con el calor del Espíritu forman una red sólida, viva, seria, capaz de ayudar al que lo necesite, de dar la mano, para que nadie se hunda en la riada. No tengamos miedo, esta ha de ser una nueva manera de caminar por encima de las aguas.

Texto: Jordi Cussó Porredón
Voz:Javier Bustamante
Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales.
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza
 

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