­

CONTEMPLANDO LA REALIDAD
CON UNA CLARAESPERANZA

VÍDEO DESTACADO

NÚMERO ANTERIOR

  • Un buen hombre, Clemente Mur

    Recuerdo que de niña me gustaba ver en la televisión especialmente los programas donde aparecían caricaturas, cómics y series infantiles y prestaba especial atención en cada uno de los personajes y sus características. Pienso que en esos programas, los héroes, heroínas y animales con poderes especiales que conviven de forma natural con la gente, tienen unas características determinadas que los hacen dividirse en dos grupos, el de los buenos y el de los malos. La persona buena es aquella que cuenta con unas características espefícicas, fácilmente identificable y sobre todo propensas a que la gente se les acerque de manera rotunda y con alegría; por otro lado, nos encontramos con aquellos que se instalan en el egoísmo, en el rencor, en la mentira de forma natural y crean división entre las personas, pero curiosamente cuentan con un cierto magnetismo que atrae, que vislumbra y que atrapa. A medida que iba creciendo me daba cuenta de las características diferenciales relativas a las buenas personas. Con el pasar de los años he ido cambiando la visión de aquellos personajes infantiles de la televisión; lógicamente a ello también ha contribuido las personas que se han cruzado en mi camino y eso ha hecho que la primera visión se haya transformado. Un entrañable amigo me contó una vez la historia de un gran amigo suyo que se llamaba Clemente Mur Linares. Recuerdo que me explicó detalles especiales de su vida, sobre su testimonio y que destacó concretamente en ciertos valores humanos como la sencillez, espíritu de servicio, de acogida, solidaridad, humildad, don de consejo, alegría y sobre todo, buen humor! Quedé maravillada de la forma en que me narró su historia y la manera tan cariñosa con la cual se expresaba y lo recordaba. Eso provoco en mí una gran inquietud de conocer más sobre él, e insistí a mi amigo, para que siguiera contándome más. Recuerdo que le pedí con insistencia que continuara narrándome la vida de aquel hombre bueno y no hizo más que exclamar: “Clemente se lo merece todo!, se que es poca cosa lo que puedo contarte de él e intentaré hacerte un esbozo sencillo y sin fantasías sobre la manera transparente como vivió Clemente. Continúo con su narración y me explicó que un grupo de gente que había conocido a Clemente habían organizado en su nombre una entrega de premios, que llevan como título: «Premios Clemente Mur». Se trata de premiar a las buenas personas. Este premio lo organiza una entidad que busca difundir los valores humanos, desde una nueva perspectiva, propiciando espacios donde la belleza fluya con el arte y que además las personas sean las protagonistas en todo lo que la entidad organiza. Pero, ¿un premio para las buenas personas?, me parece una cuestión novedosa en nuestros días ya que poca gente se fija en la bondad de las personas que nos rodean y menos como para darles un premio. Remarcó mi amigo que no se trataba de buscar personas importantes dentro del mundo de la política, la cultura o del deporte, sino de reconocer el trabajo silencioso y sencillo de aquellas personas que favorecen una convivencia agradable, construyendo a su alrededor un mundo solidario y en definitiva, un mundo más humano. Los galardonados con el premio suelen ser personas que manifiesten que cualquier ser humano es digno de ser estimado por el sólo hecho de existir y estos candidatos han de ser presentados por un grupo, una asociación, una entidad o comunidad de vecinos. Posteriormente son elegidos por un jurado que analiza y valora las propuestas presentadas y selecciona a los que serán premiados. Después de la extensísima explicación de mi amigo, me di cuenta que estamos rodeados de muchísimas personas buenas y que, muchas veces, ni nos detenemos a pensar en ellas, ni mucho menos, detectamos aquello que las hace diferentes y especiales. Seguramente hay hombres y mujeres santas que conviven con nosotros día a día y que por nuestro quehacer diario no reconocemos o simplemente, no queremos reconocerlo, por envidias, egoísmo o miedo a que nos interpelen demasiado y nos provoquen cambios en nuestros hábitos, muchas veces tan obcecados y tan sin razón. Al final de la charla con mi amigo, me di cuenta de que todos estamos invitados a ser buenas personas, a generar esperanza todos los días y sobre todo, a ser motores que empujen al otro, al más cercano, a la gran alegría que es existir y vivir la vida sintiendo la brisa que nos acaricia la cara. Al acabar de escribir estas líneas me di cuenta de que podemos escribir ‘buen hombre’ u ‘hombre bueno’ y he visto que hay una gran diferencia entre una expresión y la otra, ya que cuando el adjetivo viene delante de un sujeto, eso quiere decir que es una constatación y por eso quise hacer constar que Clemente realmente fue un buen hombre de nuestros días. Texto: Thelma Gil Samaniego Ibarra Fuente: Nuestra Señora de la Paz y la Alegría  

  • Pascua comunitaria

    Los evangelios fueron escritos a la luz de la resurrección de Jesús, para que las nuevas generaciones de cristianas y cristianos vivieran la experiencia pascual. El tránsito de la muerte a la vida siguiendo los pasos de Jesús. No son propiamente una biografía. Lo da a entender el final del evangelio de Juan cuando dice que si se hubiera de escribir todo lo que hizo y dijo Jesús harían falta muchos libros. Todo lo que se ha escrito sobre Jesús y las primeras comunidades que posteriormente fueron llamadas cristianas, son textos que se han de leer desde la fe, es decir, desde un marco simbólico y con una finalidad de trascendencia. No podemos quedarnos con una lectura literal de lo que se expone. Siguiendo esta línea, en el capítulo 11 del evangelio según San Juan, se narra la resurrección de Lázaro. Entre los versículos 17 y 27 podemos encontrar un diálogo muy hondo y directo de Marta con Jesús. En él contemplamos cómo se desarrolla un Credo por parte de Marta, una confesión de fe. Antes de la muerte de su hermano, por el cual Jesús también lloró, Marta creía en la resurrección de una manera digamos doctrinal, teórica. Aquel encuentro con Jesús que viene a dolerse de la muerte de su amigo, le hace comprender que la resurrección no es una cosa del “último día”, sino una realidad presente que tiene que ver con la vida. Con la vida en Dios. Para resucitar, antes hay que morir. Era necesario que Lázaro muriese con tal de que viera la nueva Luz. Pero Lázaro no era él solo, era la comunidad de Lázaro, María y Marta. La comunidad de Betania con todas las personas que seguían a Jesús al lado de los tres hermanos. Esta comunidad hizo el paso de la muerte a la vida antes de la Pasión de Jesús. Posiblemente esta pascua comunitaria fue como un preludio de la Pascua de Jesús, donde también hubo dolor, pero después reencuentro y alegría. La muerte de Lázaro, el discípulo amado, es motivo de esperanza y de confianza, no tanto en la resurrección del último día, sino en la resurrección de Jesús que ilumina la vida de las personas y los grupos humanos que lo seguimos. Haciendo una lectura trascendente, ¡cuántas ocasiones las comunidades y los grupos no pasamos por momentos en que nuestra fe está en agonía! Incluso, vivimos en esa espera de un futuro mejor que nos saque de la situación actual. Jesús viene a decirnos que la resurrección se arraiga en el presente: “Yo soy la resurrección y la vida”. No nos dice: yo seré la resurrección. Nos habla en presente. En cada momento, tanto personal como grupal, podemos contemplar la realidad desde la luz de la resurrección, por más difícil que sea. En el grito y en el silencio de la cruz, ya habían trazas de resurrección. En el vacío del sepulcro quedó la huella de la resurrección. Pero, sobre todo, en el encuentro con las hermanas y hermanos –esa Galilea siempre presente– es donde podemos vivir palpablemente la presencia viva de Dios. Texto: Javier Bustamante Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza  

  • Primavera misionera en la Iglesia

    Primavera misionera en la Iglesia El Video del Papa: El Papa Francisco ha convocado un Mes Misionero Extraordinario con el que quiere recordarnos que vivimos en estado permanente de misión. Todo bautizado y bautizada es una misión. Una Misión que no es hacer proselitismo, sino ofrecer la salvación cristiana respetando la libertad de cada uno. “Hoy, es necesario un nuevo impulso en la actividad misionera de la Iglesia para afrontar el desafío de anunciar a Jesús muerto y resucitado. Llegar a las periferias, a los ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio: en esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. Y recordar que el corazón de la misión de la Iglesia es la oración. Recemos para que que el Espíritu Santo suscite una nueva primavera misionera para todos los bautizados y enviados por la Iglesia de Cristo.” El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración – http://www.apmej.org).  

MEDITANDO

ENTRAR

GALERÍA DE ARTÍCULOS

VER TODOS LOS ARTÍCULOS

Cambiar libera

“Si no cambiáis y os hacéis como los infantes, no entraréis al Reino del cielo”. Con esta frase del evangelio de Mateo nos presenta a Jesús su propuesta de acercar el Reino del cielo a [...]

Rescatémonos los unos a los otros, para volver allí donde todo comenzó

Estamos inmersos en una sociedad desvinculada, individualizada y personalista, donde impera el más fuerte, por sobre el ser, por sobre el vínculo personal, por sobre la comunidad, la solidaridad y el acompañamiento. Es pues, válido [...]

Yukti, Junquillar

Junquillar es una pequeña población al sur de Chile que se desarrolla alrededor de una sola calle. En ella no hay apenas movimiento. Cada cual está en su casa, en lo suyo. Hay un hombre [...]

IMÁN DE LA CLARAESPERANZA

DESCARGAR APP HOJA CLARAESPERANZA

SUSCRIPCIÓN A LA NEWSLETTER


 

GALERÍA DE VIDEOS

VER TODOS LOS VÍDEOS

La protección de los océanos

 La protección de los océanos El Video del Papa: El Papa aborda el grave desafío de proteger los océanos. Yann Arthus-Bertrand y Michael Pitiot comparten la advertencia de Francisco y la urgencia de tomar [...]

Un buen horóscopo

Están de moda los horóscopos. En revistas y diarios ocupan espacios importantes. Ya de buena mañana, en la radio y en la televisión, nos leen el horóscopo como para resituarnos en el día. Muy seguro [...]

Familias, laboratorio de humanización

Familias, laboratorio de humanización El Video del Papa: En las familias se aprenden las cosas que nos acompañarán toda la vida. En ellas se forman nuestros valores. Y, sobre todo, son el lugar donde primero [...]

SECCIÓN ALFREDO RUBIO

VER TODOS LOS ARTÍCULOS
  • Esclarecer la esperanza

    Por Alfredo Rubio de Castarlenas . Hoy día muchas personas lamentan la ausencia de razones para tener esperanza. Y sin embargo casi todo el mundo quiere tenerla. La persona humana siente hambre y sed de esperanza, pero muchas veces este anhelo es difuso y también, desgraciadamente, oscuro. A pesar de todo, por muy desesperado que uno esté, no renunciaría nunca a tenerla aunque no supiera bien en qué ni en quién. Existe una figura de mujer que colmó las esperanzas de todas las generaciones. Una mujer que esperó siempre contra toda esperanza; que acogió en su seno al que era el Hombre Nuevo, que creyó en todo momento en Él aunque no pudiera llegar a entenderle completamente. Ella se mantuvo firme al pie de la cruz cuando todos huían. Y al final, se colmó de gozo al saberle vivo para siempre, como Él lo había prometido. Fue, también, co-mediadora de Pentecostés. Esta mujer es María de Nazareth. Podemos, pues, pedirle a María que la claridad de su esperanza esclarezca los contenidos de la nuestra que, tantas veces, busca a tientas. Solamente teniendo una clara esperanza, las personas podemos lanzarnos a trabajar para hacer realidad los proyectos. La publicación de esta hoja quiere ser un humilde cauce para que tantas esperanzas difusas se iluminen a la luz de María y hagan que la realidad sea así más gozosa, puesto que la auténtica esperanza y la verdadera alegría son el único motor para actuar con fruto. Texto: Alfredo Rubio de Castarlenas  

  • No te temo, Señor, que eres mi amigo

    SONETO XXXII No te temo, Señor, que eres mi amigo Sólo temo no amarte lo suficiente; o sea sin ardor, cual inconsciente de tu gigante amor para conmigo. Quiero quererte más, No lo consigo a pesar de mi esfuerzo permanente. Debería vibrar divinamente para poder mejor estar Contigo. Envíame tu Espíritu de Amor que asumiendo ¡el mío tan pequeño! transforme mi querer en algo digno. ¡Pues qué vergüenza hallarme tan indigno! Si no me das lograr este alto empeño, los dos perdemos con mi desamor. Alfredo Rubio de Castarlenas Sonetos en la Ermita    

  • Amar y servir

    Jesús en el mismo lugar y en la misma ocasión de la Última Cena, nos dio esos dos Mandamientos Nuevos: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» X(Jn. 15,12) y cuando les lavó los pies: servíos unos a otros como yo he hecho (cf.Jn. 13,14). En ambos casos, dio ejemplo de lo que predicaba. Sabemos que nadie da más testimonio de amor que el que ofrece la vida por los amigos. Y Él, horas después, la dio en la Cruz. Igual en ese otro mandamiento: lavar los pies era tarea del más ínfimo de los esclavos de la casa. Y Él, nos da asimismo este supremo testimonio: se hace el Último y sirve. Falso sería nuestro amor al prójimo si no les servimos con abnegación o sea con olvido de nosotros mismos y de nuestros intereses. Pero falso sería igualmente, un servicio que no provenga del amor. Sería adulación, o deseo de conseguir favores, o hipocresía. Amar y servir; ambas cosas son prueba inseparable de la autenticidad de lo uno y de lo otro. Cristo añade también: «Seréis mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Jn. 15,14) Desengañémonos: no puedo ser amigo de Cristo, si no realizo como dos caras de una misma medalla, el amar y servir. Jesús nos dio a todos y para siempre estos dos mandamientos nuevos. Lo hizo en el mismo sitio y casi al mismo tiempo: en el Cenáculo y a lo largo de la Última Cena Pascual. Amaos y servíos. Por Alfredo Rubio de Castarlenas