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CONTEMPLANDO LA REALIDAD
CON UNA CLARAESPERANZA

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  • Vivir una inmensa alegría

    Por Assumpta Sendra Mestre. ¿Somos o estamos alegres? Esta es la distinción clave para descubrir y saber si realmente vivimos una inmensa alegría. A menudo, nos parece que para sentirnos alegres todo ha de salir bien sin cometer errores ni asumir fracasos. Esto sí que sería un terrible error ya que como seres humanos y limitados forman parte de nuestro ser las equivocaciones y los fracasos que han de ser asumidos para aceptarlos y corregirlos. Quien se cree invencible y capaz de no equivocarse probablemente se siente inmortal y seguro que no percibe ni siente la alegría. Además, cuando hablamos de sensaciones de más o menos alegría es necesario distinguir otras percepciones que también sentimos como la euforia, el entusiasmo, la felicidad, el placer o el gozo, pero son actitudes diferentes. Ser profundamente alegre supone haberse percatado del hecho de existir y de las posibilidades que lo han condicionado. Cuando uno es consciente de este hecho y acepta todo aquello que le ha posibilitado su existir de forma realista y auténtica sin esconder ni un matiz, vive, siente y contagia esta inmensa alegría existencial que surge desde lo más íntimo del ser. Estar alegre depende del estado de ánimo que es ondulante, del cual influyen muchos aspectos: desde la salud, el buen humor, el clima… Son muchos los factores que alteran a la persona y sí, fácilmente, se deja influenciar siente estos desniveles que sin saber el porqué está más o menos alegre. Igualmente este estado de ánimo interior se expresa en el rostro exterior que explicita claramente como uno se siente. A veces, incluso querer mostrar una sonrisa sin sentirla es una falsa alegría porque no corresponde al sentimiento real. La Beata Madre Teresa de Calcuta fue un testimonio de la alegría de amar y de darse a los demás. Su biografía relata que la alegría, precisamente, no es simplemente cuestión de temperamento. Ella insistía que la alegría debía crecer en los corazones y por eso “la alegría es oración, la alegría es fuerza y la alegría es amor”. Además en su trabajo para los más pobres entre los más pobres, siempre, decía a las monjas que “una sonrisa en los labios alegra nuestro corazón y guarda nuestra alma en paz”. Por lo tanto, ante esta realidad vivida por la Madre Teresa y ante su legado de la Misioneras de la Caridad es impresionante tener presente sus palabras que nos invitan a vivir con mucha profundidad la alegría desde la raíz también de nuestro ser ya que: “Sin alegría no hay amor, y el amor sin alegría no es verdadero amor. Por eso, necesitamos traer ese amor y esa alegría al mundo de hoy”. Este mundo de hoy es nuestro entorno, nuestro ambiente, nuestra realidad cotidiana… pero un gran papel a ejercer en este sentido es desde la educación tanto en las familias como en las escuelas es el aprendizaje de la alegría como tarea primordial para poder cultivar la alegría por el gozo de existir. Si lo que decía Romano Guardini que “educamos más por lo que somos y hacemos que por lo que decimos” posibilita ser personas alegres y modificar nuestras actitudes. Es posible que desde esta reflexión se pudiera dar más sentido y valor a otras realidades que probablemente prescindimos de ellas. La alegría es un reto humano que nos invita a ser emprendedores y creativos en cualquier quehacer. Las personas realmente alegres son capaces de contagiar con palabras, actitudes y gestos, este ánimo para ayudar a superar contrariedades. Además vivir esta inmensa alegría te hace sentir libre porque no depende de ninguna fórmula ni receta, únicamente depende del ser, del propio deseo de vivir desde la alegría y con la alegría porque la verdadera alegría nace de la bondad de nuestras acciones e intenciones. Parecido a la alegría profunda por el sólo hecho de existir podría ser la perfecta alegría vivida y proclamada por San Francisco de Asís que tuvo la valentía y paciencia de aguantar toda una noche al ser rechazado y sin embargo no se molestó: “Esa es la verdadera alegría y la verdadera virtud y salvación del alma”. Como nos recuerda la cabecera de este pliego “No hay alegría si no hay paz”, esto nos confirma que Francisco de Asís se sentía y vivía en paz y esto le permitía aguantar cualquier situación, a pesar de ser una injusticia. Otro requisito significativo para saber si eres persona alegre es alegrarte, también, de los demás por el sólo hecho de existir y de todo lo que les acontece. No se trata solamente de mostrar una sonrisa sino que es sentirlo desde el corazón. ¡Este es un buen termómetro para verificar si realmente eres alegre! Asimismo la alegría también se considera como una virtud. Cuando Santa Joaquina de Vedruna hablaba de la alegría no se refería un mero sentimiento ni a una alegría psicológica, sino “de una alegría ontológica: de un ganar peldaños en la ascensión hacia la propia plenitud. Es, por tanto, un estado dinámico constitutivo de la persona. Por esto existe el verbo alegrarse. Y este estado dinámico es fruto de un esfuerzo personal. En este sentido es una virtud: es una forma de ser y de reaccionar ante la vida de modo creativo. Es una modulación esencial de la personalidad: ser alegre”. Ella misma dijo “atreveos a ser alegres en todo momento”. Este es el gran reto y llamada a todo ser humano que a pesar de grandes dificultades y situaciones difíciles poder vivir una inmensa alegría porque surge de nuestro corazón que desea vivir y compartir aquello que soy. Texto: Assumpta Sendra Mestre Fuente: Nuestra Señora de la Paz y la Alegría (http://pliegotante.blogspot.com/2011/03/vivir-una-inmensa-alegria.html)  

  • La realidad profética

    Por Javier Bustamante. “Un profeta sólo es menospreciado en su pueblo y en su casa”. Estas palabras de Jesús son reseñadas por el evangelista Mateo cuando es rechazado al enseñar en la sinagoga de su pueblo. El profeta, recordemos, es la persona que actúa como intermediaria entre Dios y los seres humanos. Muchos son conocidos desde el Antiguo Testamento. Jesús, aquí, se presenta como profeta y vemos que el trato que recibe de desconocimiento y menosprecio es una anticipación del que recibirá de su mismo pueblo en el momento de la Pasión. ¿Por qué será que, en ocasiones, cuando alguien cercano nos quiere ser un signo del Reino lo rechazamos? No damos crédito a lo que nos dice o a las cosas buenas que es capaz de hacer. Parece que lo bueno sólo puede venir de fuera o de alguien con reconocimiento social. Pareciera que las personas cercanas no pudieran representarnos a Dios. Y, precisamente, Jesús quiere que nos fijemos en los que tenemos más cerca, sobretodo los más desfavorecidos en nuestra sociedad. Jesús, como estos pequeños, es menospreciado porque habla de injusticias, de amor al enemigo, de poner en común los bienes y los dones. Este menosprecio impide que los corazones se abran y se puedan realizar milagros, es decir, hechos que cambien la dinámica de las relaciones y la mirada sobre la propia realidad. El Reino de Dios sólo es posible si se materializa. No puede quedarse en abstracción o en palabras que no se encarnan. Hemos de aprender a leer la realidad, cada hecho, cada persona que se nos acerca, con la cual compartimos casa y alimento o simplemente nos cruzamos un momento durante el día, es profética. Sí, porque nos tiende un puente entre Dios y nosotros. Hagamos un sencillo ejercicio. Observemos los alimentos que tenemos sobre la mesa al sentarnos a comer. Contemplemos en ellos la cantidad enorme de manos por los cuales han pasado desde su cultivo en la tierra, pasando por su traslado a las ciudades, su comercio, su elaboración… Cada mano es una persona y cada persona una historia de vida. Y dentro de cada vida está Dios. Estas historias de vida no son neutras. Sufren y gozan y, desgraciadamente, en nuestras sociedades las más menospreciadas y las más invisibles son las personas que hay escondidas en los procesos económicos. Y si vamos más allá, no sólo los seres humanos, sino la naturaleza misma, en toda su extensión, también nos habla de Dios. Es profética, nos indica quiénes estamos siendo y hacia dónde iremos si no cambiamos de dirección en el presente. Intentemos ver lo profético de la realidad cercana: nuestro cuerpo, las personas con las que convivimos, nuestro entorno rural o urbano, la huella que vamos dejando a nuestro paso. Detengámonos a escuchar a Dios en todo. Texto: Javier Bustamante Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza  

  • Estilo de vida de los sacerdotes

    Estilo de vida de los sacerdotes El Video del Papa: Acerquémonos a uno de los muchos párrocos que trabajan en nuestras comunidades. ¿Qué da sentido a su vida? ¿A quién dedican su servicio? ¿Porqué se entregan tanto? Jesucristo es el centro de sus vidas, y quieren vivir según su estilo. No es fácil vivir la «simplicidad evangélica», que entiende y practica todas las cosas en clave de misericordia, cercana a los más pobres. “Quiero pedirles que dirijan su mirada a los sacerdotes que trabajan en nuestras comunidades. No todos son perfectos, pero muchos se la juegan hasta el final ofreciéndose con humildad y alegría. Son sacerdotes cercanos, dispuestos a trabajar duro por todos. Demos gracias por su ejemplo y su testimonio. Recemos por los sacerdotes para que, con la sobriedad y la humildad de sus vidas, se comprometan en una solidaridad activa, sobre todo hacia los más pobres.” El Video del Papa difunde cada mes las intenciones de oración del Santo Padre por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia. Por la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración – http://www.apmej.org).  

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Esperar pidiendo a Dios lo que, de verdad, es bueno para mí y para los otros. Él siempre nos procurará, con sobreabundancia, nuestro bien real. Pidamos a María de la Claraesperanza el don de esperar [...]

Reconocimiento de los derechos de las comunidades cristianas

Hoy, nuestra sociedad tan moderna, tan avanzada, sigue persiguiendo a personas por motivo de su fe. Hay gente que muere, que es perseguida por seguir a Jesucristo. Sin contar la discriminación de los cristianos en tantos países donde no son reconocidos o donde de manera sutil, con exacciones e insultos se niega su existencia. ¡Defendamos sus derechos!

SECCIÓN ALFREDO RUBIO

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  • Esclarecer la esperanza

    Por Alfredo Rubio de Castarlenas . Hoy día muchas personas lamentan la ausencia de razones para tener esperanza. Y sin embargo casi todo el mundo quiere tenerla. La persona humana siente hambre y sed de esperanza, pero muchas veces este anhelo es difuso y también, desgraciadamente, oscuro. A pesar de todo, por muy desesperado que uno esté, no renunciaría nunca a tenerla aunque no supiera bien en qué ni en quién. Existe una figura de mujer que colmó las esperanzas de todas las generaciones. Una mujer que esperó siempre contra toda esperanza; que acogió en su seno al que era el Hombre Nuevo, que creyó en todo momento en Él aunque no pudiera llegar a entenderle completamente. Ella se mantuvo firme al pie de la cruz cuando todos huían. Y al final, se colmó de gozo al saberle vivo para siempre, como Él lo había prometido. Fue, también, co-mediadora de Pentecostés. Esta mujer es María de Nazareth. Podemos, pues, pedirle a María que la claridad de su esperanza esclarezca los contenidos de la nuestra que, tantas veces, busca a tientas. Solamente teniendo una clara esperanza, las personas podemos lanzarnos a trabajar para hacer realidad los proyectos. La publicación de esta hoja quiere ser un humilde cauce para que tantas esperanzas difusas se iluminen a la luz de María y hagan que la realidad sea así más gozosa, puesto que la auténtica esperanza y la verdadera alegría son el único motor para actuar con fruto. Texto: Alfredo Rubio de Castarlenas  

  • No te temo, Señor, que eres mi amigo

    SONETO XXXII No te temo, Señor, que eres mi amigo Sólo temo no amarte lo suficiente; o sea sin ardor, cual inconsciente de tu gigante amor para conmigo. Quiero quererte más, No lo consigo a pesar de mi esfuerzo permanente. Debería vibrar divinamente para poder mejor estar Contigo. Envíame tu Espíritu de Amor que asumiendo ¡el mío tan pequeño! transforme mi querer en algo digno. ¡Pues qué vergüenza hallarme tan indigno! Si no me das lograr este alto empeño, los dos perdemos con mi desamor. Alfredo Rubio de Castarlenas Sonetos en la Ermita    

  • Amar y servir

    Jesús en el mismo lugar y en la misma ocasión de la Última Cena, nos dio esos dos Mandamientos Nuevos: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» X(Jn. 15,12) y cuando les lavó los pies: servíos unos a otros como yo he hecho (cf.Jn. 13,14). En ambos casos, dio ejemplo de lo que predicaba. Sabemos que nadie da más testimonio de amor que el que ofrece la vida por los amigos. Y Él, horas después, la dio en la Cruz. Igual en ese otro mandamiento: lavar los pies era tarea del más ínfimo de los esclavos de la casa. Y Él, nos da asimismo este supremo testimonio: se hace el Último y sirve. Falso sería nuestro amor al prójimo si no les servimos con abnegación o sea con olvido de nosotros mismos y de nuestros intereses. Pero falso sería igualmente, un servicio que no provenga del amor. Sería adulación, o deseo de conseguir favores, o hipocresía. Amar y servir; ambas cosas son prueba inseparable de la autenticidad de lo uno y de lo otro. Cristo añade también: «Seréis mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Jn. 15,14) Desengañémonos: no puedo ser amigo de Cristo, si no realizo como dos caras de una misma medalla, el amar y servir. Jesús nos dio a todos y para siempre estos dos mandamientos nuevos. Lo hizo en el mismo sitio y casi al mismo tiempo: en el Cenáculo y a lo largo de la Última Cena Pascual. Amaos y servíos. Por Alfredo Rubio de Castarlenas