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CONTEMPLANDO LA REALIDAD
CON UNA CLARAESPERANZA

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  • XLIII Coloquios Punta de la Mona «#Teología del cuerpo: un camino de #plenitud» – 1 de 4

       XLIII Coloquios Punta de la Mona 2020 «#Teología del cuerpo: un camino de #plenitud» – Primera sesión Impartida por la Dra. Leticia Soberón. Autora del libro «Perlas. Teología del cuerpo en Juan Pablo II». Entidad organizadora: Fundación Prieto-Moreno La Ermita Con la colaboración de la Asociación Universitas Albertiana #corporeidad #JuanPabloII  

  • La visualidad como estrategia de oración

      Las artes visuales, concepto en movimiento Un comentario en torno a las relaciones entre oración y artes visuales exige detenerse en los alcances de las artes de la visualidad. La evolución del concepto del arte de lo visual en los últimos 100 años es notable y compleja. A las tradicionales artes plásticas -dibujo, pintura y escultura- se han sumado nuevos medios como la fotografía, el arte del objeto, la imagen en movimiento en el cine y la animación, las acciones del mismo artista en la performance y las realizadas por otros en distintos formatos como el happening, las prácticas políticas, el arte de la tierra, el uso del propio cuerpo, internet y los nuevos medios en sus diversas y complejas expresiones. Es así como el objeto del arte cada vez se encuentra menos acotado, cada día está más expandido. En este contexto, ¿qué reúne y aúna todos estos medios y lenguajes? Podríamos decir que junto a la intencionalidad del artista, el común denominador de estas prácticas consiste en su capacidad de producir significado a nivel social e individual y en su visualidad. Más allá del arte, la visualidad nos construye Avanzando un poco más en el análisis, es innegable que los múltiples estímulos visuales que nos bombardean día a día cumplen un rol protagónico en la construcción de nuestras identidades. Las imágenes están en todos lados y al arte se expande cada día más fusionándose con la cultura popular y relacionándose con disciplinas aledañas como el diseño, la moda, los video juegos, la publicidad y la arquitectura, entre otras. Ante esta realidad hoy enfrentamos la emergencia de nuevas aproximaciones teóricas respecto a la visualidad que han surgido en los últimos 15 años tales, como los Estudios Visuales, que entienden la dificultad de delimitar en un marco lo que es una práctica artística y amplían el foco respecto al tradicional análisis de las Artes Visuales realizado por la Historia del Arte y la Estética o Teoría del Arte, entendiendo así la visualidad como un fenómeno ampliado respecto a las prácticas artísticas intencionadas. Todas estas señales nos recuerdan que las imágenes nos construyen, que de algún modo somos lo que vemos y nos muestran a su vez que hoy nos encontramos inmersos en un contexto donde la cantidad de información visual es enorme, y la riqueza y variedad de las prácticas artísticas se ha ampliado de manera impensada. La oración y el arte, una relación antigua y fecunda Al revisar la historia del arte y la historia de las religiones nos encontramos con un camino que transita de la mano. Centrándonos en la historia de la Iglesia Católica, es fácil apreciar cómo durante cientos de años la pintura y la escultura fueron el principal medio de comunicación de la Palabra de Dios. Esta alianza dio los grandes frutos del arte durante la edad antigua y la edad media y fue fundamental en la edad moderna y la primera parte de la edad contemporánea. Al día de hoy, son muchos los artistas que exploran mediante diversos lenguajes, las posibilidades de encuentro entre Arte y Fe de manera más o menos directa. Es así como la Historia del Arte ha entregado un material fecundo como base para la oración y hoy mismo el orante puede acceder a este material como fuente de inspiración para su contacto con Dios. La visualidad como estrategia de oración Ahora bien, más allá de las múltiples posibilidades que cientos de años de producción artística ofrecen en esta materia, existe la posibilidad para el orante de producir sus propias imágenes para poder establecer una intimidad con Dios, a través de un lenguaje propio. Ya San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales nos habla de la Composición de lugar como una herramienta para entrar en situación, a partir de un pasaje del Evangelio y poder imaginar el ser parte de una escena como un personaje, procesándola con los distintos sentidos, saboreándola, oliéndola, visualizándola. Orar no es sólo adorar, pedir, agradecer o hacer, es también estar y la visualidad es una herramienta poderosa para poder permanecer en un lugar de oración de manera asilada de los estímulos externos. Entrar en este mundo agudiza nuestros sentidos y nos entrega una concentración especial, personal, específica y fina, delicada, llena de imágenes personales más allá de las socialmente consensuadas. El desafío es así el de construir un lenguaje propio que nos permita entrar en ese encuentro con Cristo, con el Padre. Cerrar los ojos y morir al mundo para abrirlos en el interior y descubrir ahí múltiples espacios de encuentro, de comprensión, de calma, de aceptación…. Si nosotros logramos el escenario adecuado, Dios hará el resto, se manifestará. Texto e imágenes: Jorge Rojas Goldsack Fuente: Nuestra Señora de la Paz y la Alegría    

  • Acción de gracias

    Todas y todos tenemos presente el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces en el Evangelio de Mateo. Cinco panes y dos peces para miles de personas. Parece una alusión al minimalismo, con poco se hace mucho. En este caso, es claro que nos encontramos ante un simbolismo y que el evangelista quería transmitir algo importante al situarnos ante un hecho tan descomunal. Si retrocedemos un poco, en ese mismo capítulo, nos encontramos con el momento en que a Jesús le dan la noticia de la muerte de Juan el Bautista. Recordemos que fue decapitado en prisión. Jesús, ante la noticia, decide retirarse solo a vivir su duelo. Juan, su amigo y precursor en el anuncio del Reino. Juan, que invitaba a la conversión y era un hombre de desiertos. A Jesús, el retiro le dura poco, porque a donde fuere le esperaba una multitud que iban en busca de su mesías. Jesús, nos lo cuenta Mateo, no de encierra en sí mismo, sino que se compadece de esas personas que se habían trasladado al descampado para verle, para escucharle hablar del Reino, para pedirle… Pero, ¿qué es la compasión? Es compartir la pasión de la otra persona. Si lo buscan es porque lo necesitan. Y Jesús responde. Estamos viviendo a nivel mundial una época de duelo, de pasión. Hemos perdido la salud, entre muchas otras cosas. La pandemia es sólo uno de los síntomas de tantas enfermedades que como especie venimos arrastrando. Enfermedades físicas, sociales, económicas, antropológicas, existenciales, que repercuten en toda la Creación. Hemos de detenernos, retirarnos cada quien a nuestro lago interior y hacer silencio y soledad. Y allí escuchar a Dios y escucharnos a nosotros y nosotras mismas. Contemplar qué estamos haciendo con nuestras vidas. Pero, importante, no quedarnos encerrados. Sabemos lo que es un confinamiento. Hacer soledad y silencio no es un acto de miedo o una precaución ante un peligro. Retirarnos a estar con Dios y con uno mismo es un acto de plena libertad y responsabilidad. Y cuando hemos llegado a fondo, cuando hemos tocado a Dios y nos hemos dejado tocar por Él, el sentimiento siguiente es de salida, de ir al encuentro de la realidad llevando esta Buena Nueva encontrada en la soledad y el silencio. Por este motivo, para Jesús no es difícil encontrarse con las multitudes y entregarse a ellas. Él ya viene saciado de estar a solas con Dios. Su vida es el Cielo en la tierra. Por eso la Multiplicación de los panes y los peces es una gran fiesta, una gran eucaristía, una emotiva acción de gracias. Gracias por compartir la salud de los enfermos, que en el fondo es la reconciliación con la propia realidad frágil. Gracias por todo lo que viene de Dios. Gracias por el don de la vida compartida, de ser unos para los otros. Por este motivo hay saciedad y sobreabundancia. Las personas se sientan sobre la tierra: comparten la misma realidad. Se serenan y se sienten iguales. El milagro es que todas y todos aceptan su realidad tal y como es, la propia, la de los demás, la de los recursos que hay y que tienen que alcanzar para todos. Demos gracias por el momento histórico que pasamos que nos ayuda a vivir a toda la humanidad en igualdad de condiciones. Y abrámonos a la compasión de unos hacia los otros. Vayamos a las raíces de nuestras enfermedades, contemplemos nuestra fragilidad y abracémosla para que seamos capaces de encontrar soluciones para un nuevo equilibrio. Texto: Javier Bustamante Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza    

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  • Esclarecer la esperanza

    Por Alfredo Rubio de Castarlenas . Hoy día muchas personas lamentan la ausencia de razones para tener esperanza. Y sin embargo casi todo el mundo quiere tenerla. La persona humana siente hambre y sed de esperanza, pero muchas veces este anhelo es difuso y también, desgraciadamente, oscuro. A pesar de todo, por muy desesperado que uno esté, no renunciaría nunca a tenerla aunque no supiera bien en qué ni en quién. Existe una figura de mujer que colmó las esperanzas de todas las generaciones. Una mujer que esperó siempre contra toda esperanza; que acogió en su seno al que era el Hombre Nuevo, que creyó en todo momento en Él aunque no pudiera llegar a entenderle completamente. Ella se mantuvo firme al pie de la cruz cuando todos huían. Y al final, se colmó de gozo al saberle vivo para siempre, como Él lo había prometido. Fue, también, co-mediadora de Pentecostés. Esta mujer es María de Nazareth. Podemos, pues, pedirle a María que la claridad de su esperanza esclarezca los contenidos de la nuestra que, tantas veces, busca a tientas. Solamente teniendo una clara esperanza, las personas podemos lanzarnos a trabajar para hacer realidad los proyectos. La publicación de esta hoja quiere ser un humilde cauce para que tantas esperanzas difusas se iluminen a la luz de María y hagan que la realidad sea así más gozosa, puesto que la auténtica esperanza y la verdadera alegría son el único motor para actuar con fruto. Texto: Alfredo Rubio de Castarlenas  

  • No te temo, Señor, que eres mi amigo

    SONETO XXXII No te temo, Señor, que eres mi amigo Sólo temo no amarte lo suficiente; o sea sin ardor, cual inconsciente de tu gigante amor para conmigo. Quiero quererte más, No lo consigo a pesar de mi esfuerzo permanente. Debería vibrar divinamente para poder mejor estar Contigo. Envíame tu Espíritu de Amor que asumiendo ¡el mío tan pequeño! transforme mi querer en algo digno. ¡Pues qué vergüenza hallarme tan indigno! Si no me das lograr este alto empeño, los dos perdemos con mi desamor. Alfredo Rubio de Castarlenas Sonetos en la Ermita    

  • Amar y servir

    Jesús en el mismo lugar y en la misma ocasión de la Última Cena, nos dio esos dos Mandamientos Nuevos: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» X(Jn. 15,12) y cuando les lavó los pies: servíos unos a otros como yo he hecho (cf.Jn. 13,14). En ambos casos, dio ejemplo de lo que predicaba. Sabemos que nadie da más testimonio de amor que el que ofrece la vida por los amigos. Y Él, horas después, la dio en la Cruz. Igual en ese otro mandamiento: lavar los pies era tarea del más ínfimo de los esclavos de la casa. Y Él, nos da asimismo este supremo testimonio: se hace el Último y sirve. Falso sería nuestro amor al prójimo si no les servimos con abnegación o sea con olvido de nosotros mismos y de nuestros intereses. Pero falso sería igualmente, un servicio que no provenga del amor. Sería adulación, o deseo de conseguir favores, o hipocresía. Amar y servir; ambas cosas son prueba inseparable de la autenticidad de lo uno y de lo otro. Cristo añade también: «Seréis mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Jn. 15,14) Desengañémonos: no puedo ser amigo de Cristo, si no realizo como dos caras de una misma medalla, el amar y servir. Jesús nos dio a todos y para siempre estos dos mandamientos nuevos. Lo hizo en el mismo sitio y casi al mismo tiempo: en el Cenáculo y a lo largo de la Última Cena Pascual. Amaos y servíos. Por Alfredo Rubio de Castarlenas