Cada año, por el mes de mayo, se celebra una romería que tiene como punto de llegada la capilla donde se venera la imagen de Santa María de la Claraesperanza, en el antiguo monasterio de Sant Jeroni de la Murtra (Badalona, España). Este año, por motivos de calendario, pasó al 12 de junio, coincidiendo con la fiesta de San Onofre, co-patrón del monasterio.

En esta 35a edición no hubo, como otros, años la andadura a pie que promueve la Asociación de Amigos de la Murtra, desde la cercana iglesia del Santo Cristo de Canyet hasta la Murtra. Sin embargo, se quiso recoger el sentido de la romería y del peregrinaje: un punto de partida, un camino con sus paradas y la llegada a un lugar santo.

Punto de partida

Como punto de partida se hizo la siguiente reflexión delante de la fachada del monasterio.

Todo peregrinaje tiene una finalidad espiritual y física. Implica una salida de sí mismo y del lugar donde se encuentra. También hay un proceso de transformación que se va dando en el hecho de caminar, de seguir un itinerario. Durante el camino se encuentran momentos para contemplar y disfrutar del paisaje, pero también hay momentos difíciles, de cansancio, de enfrentarse con los propios límites y, quizás, de tentación de abandonarlo. Pero si no se pierde la esperanza, al final hay un punto de llegada que trae alegría al alma y descanso para el cuerpo. Cuando se llega al destino, el sentimiento también es de ligereza: algo ha quedado atrás. Pero también es importante señalar que el propio camino ya es la meta.

La biografía de san Onofre es una especie de itinerario, ya que nos explica que este ermitaño renunció a una vida de lujo y comodidad para adentrarse en el desierto, que era para él templo de la Creación. Se alimentaba de las cosas que le brindaba la naturaleza, pero además, cada día un ángel le llevaba un trozo de pan. La Providencia siempre estaba presente.

Cabe mencionar que en esta romería se encontraban presentes los Amigos de las Ermitas que cada año, en esta fecha, convocan a subir a la ermita de San Onofre, cercana al monasterio, para celebrar al santo.

En medio aún de la pandemia del Covid19, este itinerario también ha sido la ocasión para recoger algunas de las vivencias que nos han marcado, para revivirlas en clave de fe y de esperanza. El equipo de la Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza estuvo también presente en este acto mariano.

Procesión por el claustro

Para evocar el camino de la romería se realizó una procesión por las galerías del claustro, tal como hicieron los monjes Jerónimos durante siglos en las principales conmemoraciones religiosas.

Una primera procesión en total silencio sirvió para recordar los momentos de la pandemia que más nos han marcado: el confinamiento, la incertidumbre, el miedo, la enfermedad, la muerte… Y también aquellas cosas que hemos aprendido: descubrir nuevos espacios de convivencia familiar, la soledad y el silencio, el hecho de vivir toda la humanidad, simultáneamente, lo mismo sin distinción económica, social, de creencias…

Este recorrido en silencio también fue ocasión para recordar a aquellas personas que sufrieron el Covid19 y a aquellas que murieron a causa de esta enfermedad.

Una segunda procesión fue acompañada por cantos y se hicieron cinco paradas en el recorrido, en las cuales el artista Albert López-Vivancos compartió cinco meditaciones. Primeramente, bajo la clave de bóveda de la aparición de Jesús resucitado a María Magdalena, reflexionó cómo la pandemia es nuestro propio claustro por donde giramos, orando esperanzados, y la palabra de Jesús es nuestra fuerza. Tal como Magdalena giraba en torno a la palabra de Jesús, profundizando su mensaje.

La siguiente parada fue bajo la clave de bóveda de la Anástasis. Aquí Albert López nos hizo meditar en cómo este año de pandemia ha sido un tiempo de pérdidas de todo tipo, al igual que Jesús fue perdiendo todo, incluso la vida. Pero Él siguió adelante más allá de todo lo que parece imprescindible hasta llegar al encuentro con el Padre: la Resurrección.

La tercera meditación fue bajo la clave de San Onofre. Nosotros hemos pasado un desierto de pandemia sin ser muchas veces conscientes de que, como Onofre, siempre ha estado Dios presente en nuestras vidas.

El cuarto lugar en el camino fue el portal del Ave María, donde se encuentra la clave del Juicio Final. Aquí la invocación fue a María para que ella sea nuestra fuerza para que no olvidemos a los que nos han dejado. Que les mantengamos vivos en nuestro corazón hasta el día en que nos re-encontremos ante Dios.

Por último, ante las tumbas modernas del claustro en la zona de levante, se reflexionó y se oró por aquellas personas que han luchado y siguen luchando por combatir la pandemia.

Llegada

Al terminar la procesión, los peregrinos entramos a la antigua iglesia del monasterio, parcialmente destruida por un incendio en 1835, y nos dirigimos a la capilla de Santa María de la Claraesperanza.

Al entrar, el flautista Pablo Ramírez tocó un Avemaría, al momento en que se hacía una ofrenda floral a los pies de la imagen. Después el padre Jaume Aymar leyó el pasaje del evangelio de San Lucas donde María y José buscan a Jesús y lo encuentran en el templo y pronunció una homilía donde recogía el dolor de las madres a manera de letanía mariana. En una plegaria participativa, los peregrinos fuimos mencionando nombres de personas que han sufrido especialmente por el Covid19, mientras íbamos encendiendo un cirio por ellas.

Para finalizar la romería, el padre Aymar hizo una plegaria especial por el fin de la pandemia que el Papa Francisco está promoviendo para los diferentes lugares de culto.

Reseña: Javier Bustamante
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza

 


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