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Por Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza|2024-08-30T16:36:07+00:0020 noviembre, 2023|

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ACTUALIZACIÓN DEL MES

  • Vivir la Pascua con esperanza renovada

    La Pascua es, ante todo, una invitación a mirar la vida con esperanza renovada. En medio de un mundo que a menudo parece marcado por la incertidumbre, el dolor o la prisa, la celebración pascual irrumpe como un recordatorio sereno pero firme de que la última palabra no la tiene la muerte, sino la vida. No se trata solo de un acontecimiento del pasado, sino de una experiencia que puede hacerse presente en lo cotidiano de cada persona. El mensaje pascual nos habla de transformación. Allí donde parecía haber fracaso, surge una nueva posibilidad; donde reinaba la oscuridad, comienza a abrirse paso la luz. Esta dinámica no es ajena a nuestra propia existencia. Todos atravesamos momentos de dificultad, pérdidas o desánimo. Sin embargo, la Pascua nos propone una mirada distinta: nos anima a descubrir que incluso en circunstancias adversas puede gestarse algo nuevo, algo que todavía no vemos con claridad, pero que ya está creciendo en silencio. La esperanza pascual no es ingenua ni superficial. No ignora el sufrimiento ni lo disfraza, sino que lo atraviesa con sentido. Nos recuerda que las heridas pueden convertirse en lugares de encuentro, que la fragilidad no es un obstáculo para el amor, y que siempre es posible recomenzar. En este sentido, la Pascua nos invita a confiar, incluso cuando no tenemos todas las respuestas. La fiesta de Pascua tiene una dimensión profundamente comunitaria. La vida nueva no es solo un regalo individual, sino una llamada a construir relaciones más humanas, más justas y solidarias. Vivir la Pascua con esperanza renovada, implica también comprometerse con la vida de los demás, especialmente de quienes más lo necesitan. Nos impulsa a salir de uno mismo, a tender la mano, a ser signo de esperanza para otros, tal y como Jesús resucitado lo es para los discípulos en los relatos evangélicos. En lo sencillo de cada día —un gesto de bondad, una palabra de ánimo, una reconciliación pendiente— se hace visible ese espíritu pascual. No hace falta esperar grandes acontecimientos para experimentar la renovación; muchas veces, es en lo pequeño donde la vida florece con más fuerza. Así, la Pascua se convierte en una invitación constante a creer que siempre hay un nuevo comienzo posible. Nos anima a mirar hacia adelante con confianza, a vivir con más profundidad y a no rendirnos ante las dificultades. En definitiva, nos recuerda que la vida, incluso en sus momentos más oscuros, está llamada a renacer.    

  • Santa María

    Azules purpúreos del atardecer rasgan el horizonte, traspasado por el dolor de tu Hijo, María, en el Calvario. Santa María del Consuelo, estoy aquí junto a ti, abrazando el misterio de Cristo, perdonando la libertad hiriente, encarnando la humanidad sufriente. Santa María del Silencio, siento el palpitar de tu corazón de amor ardiente, con Cristo en tu regazo, yaciente, gestando tu humilde sí en el Cenáculo naciente. Santa María de la Claraesperanza, de rostro resplandeciente, al alba dorada del Sábado Santo, de infinita luz de fe en el Resucitado, inunda de paz los mares de nuestra historia presente. Santa María, fuente viva de alegría en el encuentro con el Amado, irradia tu mirada de ternura en tu Iglesia peregrina.   Anna Castro  

  • ROSALÍA – La Madrugá, saeta

    https://youtu.be/a-FjPyXlaJs?si=hkGZPAbsQWkBcnc6 Ay Cuando la noche se rompe y Sevilla queda en vela, no hay reloj que marque el tiempo, ni pena que no duela. Las calles huelen a cera a promesa y a clavel. Y el silencio se arrodilla cuando pasa al Nazareno. Ahí hay quien pudiera ser la piedra donde apoya el cansancio. Quien pudiera ser la sangre que te corre por los brazos. Más despacio, tan despacio que separa el corazón. Cada paso es un martirio, cada paso una oración. Ay, mi Cristo, Ay mi Cristo, la noche entera te mira con los ojos de su gente. Nadie habla, nadie respira, todo el mundo está presente. Que no suene ni un suspiro cuando cruce la ciudad. Que Sevilla va descalzar siguiéndote la madrugada. Ahí. ¿Quién te dio tanta condena? ¿Quién te puso ese madero? Si tu culpa fue quernos más de lo que nos queremos, llevas el mundo a la espalda, no te queas, no te va. Y aunque el alma se te caiga, sigues andando despacio. Ay, Señor, las rejas lloran bajito, los balcones se persinan y hay un nudo en cada pecho que ni grita ni se quita. No hay voz que pueda cantarte sin partirse por la mitad, porque tu cara ensangrentada no se puede olvidar. Ahí míralo como camina. Solo roto y desangrado. Con el perdón en los labios y el dolor atravesado. Si supieras cuántas veces te hemos vuelto a crucificar con promesas [música] que no cumplimos. Silencios que hacen mamal. Cristo mío, no te vayas de esta calle, no te [música] vayas todavía. Que hay un niño que te espera rezando desde la esquina, que hay una madre en la sombra que no puede llorar y solo al verte pasar vuelve a creer y aguantar. Ahí cuando el alba se asoma y la noche empieza a huir, sigues clavado en la pena sin pensar nunca en ti. La madruga se hace herida, se hace fe y se hace verdad. Porque nadie sale y les verte pasar. Ay, Señor, quien pudiera ser tu llanto para aliviarte el dolor. ¿Quién pudiera ser tus manos cuando te fallamos todos? No hay oro que valga tanto como tú andar fatigado. Ni corona más brillante que tu rostro destrozado. Ay. Sevilla entera se inclina no por miedo, por amor, porque en tu cruz va colgada la esperanza del perdón. Y aunque el día amanezca y la noche muera atrás, tu mirada se nos queda clavada en la madruga. Ahí, mi Cristo, si algún día no estoy aquí para cantar de frente, que esta voz quede en el aire como rezan los valientes. Que sepan que en esta esquina un alma se desangró cuando al verte la madrugada. Se le partió el corazón. Ahi Madruga, hay madruga. Ahi.

  • Por los sacerdotes en crisis

    En la vida de la Iglesia, los sacerdotes están llamados a acompañar, sostener y servir a sus comunidades, pero también ellos pueden atravesar momentos de dificultad que requieren cercanía y apoyo. Con esta mirada, el Papa León XIV, en su intención de oración para el mes de abril, invita a rezar por los sacerdotes en crisis, para que puedan experimentar la cercanía de Dios y de su pueblo, y redescubrir la esperanza y la alegría de su vocación. En la oración de este mes, el Santo Padre pide especialmente por los sacerdotes “cuando la soledad pesa, las dudas oscurecen el corazón y el cansancio parece más fuerte que la esperanza”, y ruega que puedan redescubrir que “no son funcionarios ni héroes solitarios, sino hijos amados […] y pastores sostenidos por la oración de su pueblo”. Asimismo, invita a toda la comunidad a cuidar de ellos con cercanía, escucha sincera y oración constante, reconociendo que también ellos necesitan ser sostenidos en su camino. Señor Jesús, Buen Pastor y compañero de camino, hoy ponemos en tus manos a todos los sacerdotes, especialmente a quienes atraviesan momentos de crisis, cuando la soledad pesa, las dudas oscurecen el corazón y el cansancio parece más fuerte que la esperanza. Tú que conoces sus luchas y heridas, renueva en ellos la certeza de tu amor incondicional. Hazles sentir que no son funcionarios ni héroes solitarios, sino hijos amados, discípulos humildes y queridos, y pastores sostenidos por la oración de su pueblo. Padre bueno, enséñanos como comunidad a cuidar de nuestros presbíteros: a escucharlos sin juzgar, a agradecer sin exigir perfección, a compartir con ellos la misión bautismal de anunciar el Reino con gestos y palabras, y a acompañarlos con cercanía y oración sincera. Que sepamos sostener a quienes tantas veces nos sostienen. Espíritu Santo, aviva en nuestros sacerdotes la alegría del Evangelio. Concédeles amistades sanas, redes de apoyo fraterno, sentido del humor cuando las cosas no salen como esperaban, y la gracia de redescubrir siempre la belleza de su vocación. Que nunca pierdan la confianza en Ti, ni el gozo de servir a tu Iglesia con corazón humilde y generoso. Amén. https://youtu.be/3cJxa7o-C1w?si=-baQyVrCG2T406zm    

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