Azules purpúreos del atardecer

rasgan el horizonte, traspasado por el dolor

de tu Hijo, María, en el Calvario.

Santa María del Consuelo,

estoy aquí junto a ti,

abrazando el misterio de Cristo,

perdonando la libertad hiriente,

encarnando la humanidad sufriente.

Santa María del Silencio,

siento el palpitar de tu corazón de amor ardiente,

con Cristo en tu regazo, yaciente,

gestando tu humilde sí en el Cenáculo naciente.

Santa María de la Claraesperanza,

de rostro resplandeciente,

al alba dorada del Sábado Santo,

de infinita luz de fe en el Resucitado,

inunda de paz los mares de nuestra historia presente.

Santa María,

fuente viva de alegría en el encuentro con el Amado,

irradia tu mirada de ternura en tu Iglesia peregrina.

 

Anna Castro