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Por Juan Miguel González Feria|2026-02-06T19:15:07+00:006 febrero, 2026|

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ACTUALIZACIÓN DEL MES

  • Seguimos siendo peregrinos de esperanza

    El año recién pasado, 2025, vivimos en la Iglesia católica un Año Jubilar Ordinario. Sabemos por el Antiguo Testamento que en aquellas épocas el Pueblo de Dios cada 50 años hacía un alto, dedicaba un año al descanso de la tierra de la que Dios era el único dueño. La tierra volvía al Creador y se renovaba, los esclavos recuperaban su libertad. En la era cristiana los jubileos se comenzaron a celebrar en el año 1300 y la periodicidad ha variado entre 100, 33, 50 y 25 años. A partir de 1475, la periodicidad entre Jubileos Ordinarios ha sido de 25 años, con dos excepciones a causa de las guerras napoleónicas. Desde 1875, cada 25 años se han celebrado estos Jubileos Ordinarios. [1] Al Jubileo también se le llama “Año Santo”, porque es un tiempo en el que se busca de manera especial experimentar la santidad de Dios que nos transforma. El Jubileo Ordinario que recién acabamos de finalizar, que fue convocado e inaugurado por el Papa Francisco y clausurado por el Papa León XIV, tuvo como lema “Peregrinos de Esperanza”. La santidad de Dios entonces, nos ha exhortado de manera especial en este Jubileo a transformar nuestras vidas para ser portadores y testigos de su esperanza. Ahora bien, el Año Santo ha finalizado, las Puertas Santas se han cerrado. ¿Qué ha quedado en nosotros luego de este año? ¿La transformación es pasajera o está llamada a permanecer? El Papa León XIV en su Mensaje de Navidad dijo: “Se cerrarán las Puertas Santas, pero Cristo, nuestra esperanza, permanece siempre con nosotros. Él es la Puerta siempre abierta, que nos introduce en la vida divina.” Este es un llamado a no dejar la vivencia del Jubileo Ordinario 2025 como una bella experiencia guardada en el baúl de los recuerdos. Si Cristo, nuestro centro, fuente de vida, permanece y está siempre con los brazos abiertos a la humanidad, también nosotros que hemos tenido esta vivencia transformadora iluminada por la esperanza hemos de continuar nuestra peregrinación. Como dice el Papa León XIV, “somos vidas en camino”. En este sentido, la Iglesia que es madre y maestra, nos lleva de la mano en el peregrinar. Hemos iniciado el año 2026 en el Tiempo litúrgico de Navidad y ahora nos encontramos en el Tiempo Ordinario. La palabra ordinario podría interpretarse como algo de poca estimación o valor, algo rutinario o aburrido. Sin embargo, la palabra ordinario proviene del latín ordinarius derivando de ordo, ordinis (orden) y el sufijo -arius (pertenencia), es decir, «perteneciente al orden» o «dispuesto en orden». ¿Y cuál es ese orden? Pues ni más ni menos que el misterio de Cristo en su plenitud, ya que hacemos camino con Jesús profundizando en sus tres años de predicación, del anuncio y vivencia del Reino de Dios, de su invitación a la conversión y a su seguimiento. Es decir, Jesús nos muestra un camino de esperanza y nos invita a seguirle en esta ruta. Incluso el color litúrgico de este tiempo, el verde, manifiesta la esperanza. Es decir, Jesús nos invita a continuar siendo “peregrinos de esperanza”. Sin embargo, pronto en este mes, el 18 de febrero, este Tiempo Ordinario se verá interrumpido por el inicio de la Cuaresma a la que seguirá la Pascua para retomar el Tiempo Ordinario el 25 de mayo, luego de Pentecostés.  La ruta del peregrino de esperanza se verá profundamente inspirada por el Misterio Pascual de Cristo, que es el centro de la vida del cristiano. Jesús se encarnó para darnos nueva vida, para liberarnos del pecado y de la muerte. Con su pasión, muerte y resurrección Jesús renueva nuestra esperanza, y al retomar en mayo el Tiempo Ordinario, nos impulsa a dar testimonio de que la verdad, la paz, la justicia, la fiesta son posibles si le permitimos ser el centro de nuestra vida y ser el ancla esperanzadora que nos anima a dar testimonio de su amor. Ahora bien, si bien es cierto en la vida es bueno estar siempre abiertos a lo inesperado, a lo que vaya aconteciendo para responder a nuestro peregrinar esperanzador, también será oportuno que busquemos identificar rostros concretos, situaciones específicas cercanas a nosotros en donde Jesús cuenta con que llevemos esperanza. De igual forma, también debemos recordar que no caminamos solos, sino que caminamos en comunidad. Somos miembros de la Iglesia y juntos nos acompañamos y animamos en el peregrinar. Con estas ideas sencillas en la mente y en el corazón, no dejemos sólo en la memoria la hermosa experiencia que hemos tenido en el Jubileo Ordinario 2025, hagámosla vida, dejemos que la santidad de Dios nos siga transformando para ayudar a transformar a otros… ¡Sigamos siendo peregrinos de esperanza!   Guatemala   [1] Para saber más de la historia de los Jubileos: https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/giubilei-nella-storia.html

  • Postreligión, posecular…La esperanza?

    A lo largo de la historia, la religiosidad ha sido una de las vías fundamentales por las que el ser humano ha buscado sentido a la vida. Ya en la prehistoria aparecen ritos —especialmente los funerarios— como respuesta a la pregunta radical por el más allá. No se trataba solo de prácticas repetidas o de normas externas, sino de una mediación: un puente entre la interioridad humana y la trascendencia. La religión nace y se despliega en ese espacio íntimo donde la vida se orienta, se discierne un rumbo y despierta la conciencia de lo sagrado. En ese mismo ámbito interior brota también la esperanza, entendida como la confianza profunda en que la vida no se agota en lo inmediato, sino que se abre al misterio de Dios. Con la modernidad, especialmente a partir del siglo XIX, este horizonte comenzó a transformarse. El pensamiento secular se presentó como una alternativa —y en ocasiones como una oposición— a la experiencia religiosa. Pensadores como Marx intuyeron esta tensión, y en el siglo XX se habló incluso del “silencio de Dios”. En Europa, este proceso se ha traducido en una notable disminución de la práctica religiosa. Sin embargo, esta lectura resulta incompleta. Persisten experiencias vivas —como los itinerarios catecumenales— que muestran que la búsqueda espiritual no ha desaparecido. Más bien, la religión ha cambiado de forma, ha mudado de piel, y con ella también las maneras de expresar y vivir la esperanza. Vivimos hoy en un contexto plural y multirreligioso, rico en propuestas y caminos espirituales. Para quienes viven desde la fe, la esperanza se sostiene en la confianza en Dios y en la certeza de una vida abierta a la trascendencia. Para otros, esta esperanza se expresa en el compromiso ético, en la confianza en el ser humano y en la búsqueda de justicia y sentido en la historia. Sin embargo, la diversidad de opciones puede dificultar la identificación con una tradición concreta y favorecer una vivencia cada vez más privada de la espiritualidad. Aun así, la religión sigue siendo necesaria como mediación que da forma a la espiritualidad y ofrece un lenguaje compartido para la esperanza. Hemos atravesado la etapa de lo religioso y de la secularidad, y nos situamos ahora en un tiempo marcado por la experiencia, la emoción y la conciencia. En medio del desconcierto ante lo sagrado, se hace urgente trabajar una conciencia capaz de integrar razón, vivencia y emoción, y de abrir espacios de encuentro entre creyentes y no creyentes. Solo así será posible reconstruir el vínculo con el otro, el sentido de pertenencia y una esperanza vivida desde la convicción de que la vida posee un sentido profundo y trascendente.

  • Juliana de Norwich 1/3

    Juliana de Norwich vivió aproximadamente entre 1342 y 1416, en una época difícil marcada por guerras, enfermedades y una profunda crisis de la Iglesia. Se retiró como reclusa en una celda adosada a la iglesia de San Julián de Norwich. La reclusión era una práctica extendida para dedicarse a la oración, la meditación y el estudio. Juliana desarrolló una sensibilidad humana y espiritual al servicio de quienes la visitaban en busca de consejo. Su obra Revelaciones del amor divino es considerada el primer libro escrito por una mujer en lengua inglesa. Juliana recibió de Cristo dieciséis revelaciones que plasmó por escrito, comentándolas a lo largo de su vida. Su mensaje es, ante todo, una invitación a la esperanza y a la confianza en Dios. Webinar a cargo de: Adelaide Baracco Colombo (Turín, 1951) es doctora en Teología. Ahora jubilada, ha sido docente en diferentes instituciones eclesiales. Está casada y tiene tres hijos y seis nietos. Publicó en 2015 Juliana de Norwich. Cuando la mística se hace teología. Próximas webinar: 11 de febrero y 11 de marzo https://youtu.be/ybRhkNd77sc?si=8Cje7WrPsjyr8ox5  

  • Por los niños con enfermedades incurables

    Hay enfermedades y condiciones muy graves que, sin llevar a la muerte, se extienden en el tiempo porque son incurables. Esto se vuelve especialmente dramático para quienes están recién comenzando su vida: los niños, y para todo su entorno familiar. El Papa León, en su intención de oración para febrero, nos invita a rezar para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesario, sin perder nunca la fuerza y la esperanza. En la oración de este mes, el Santo Padre nos llama a reconocer que, en los niños que sufren enfermedades incurables, «sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino». No estás solo: al rezar te unes a millones de personas de la Red Mundial de Oración del Papa que, desde cada rincón del mundo, oran por los desafíos de la humanidad y de la misión de la lglesia. https://youtu.be/WbN0gNTcvZ8?si=6jynfspv0r0ttGgd

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