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Por Juan Miguel González Feria|2026-01-02T19:08:44+00:002 enero, 2026|

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ACTUALIZACIÓN DEL MES

  • Clarificar la esperanza

    Alfredo Rubio de Castarlenas, sacerdote, médico, formador y poeta, era devoto de María. En un retrato al óleo que le hizo su gran amigo José Barrenechea, recién ordenado sacerdote (1952), aparece en la esquina superior el anagrama de la M de María entreverado con la cruz de Santiago. Todas las mañanas solía rezar el Ángelus, cada año se detenía a orar a los pies de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, celebraba misa mensualmente en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced de Barcelona y promovió la devoción a Santa María de la Claraesperanza con el deseo que se difundiese por toda América. La esperanza, al igual que la caridad y la fe, es una virtud teologal. Alfredo enseñaba que siempre se puede pedir a Dios que acreciente en nosotros estas virtudes. Y a la vez, calificó la esperanza de María, de clara: Clara esperanza. Como también calificó la fe de intrépida. En efecto, la Madre de Jesús tenía una gran confianza en las promesas hechas por su Hijo. Para Ella, esperar la Resurrección era una evidencia sobrenatural. Y esta firme convicción, como un imán, atrajo de nuevo a su vera a los apóstoles que habían desertado y a otros discípulos, hombres y mujeres. Fue la Iglesia naciente.   ¿Cómo podemos nosotros clarificar nuestra esperanza? Poniéndonos confiadamente bajo su advocación. Practicando la soledad y el silencio personal. Estando bien atentos a los signos de los tiempos y a los indicios de resurrección que podemos percibir a nuestro alrededor. La lectura orante de la Biblia, la celebración de los sacramentos, la práctica cotidiana de las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, ayudan a que nuestra esperanza sea cada vez más nítida y fundamentada. En el Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, muy cerca de la capilla de la Claraesperanza, mana, día y noche el agua de la fuente de San Miguel: una agua clara y cristalina.

  • Pascua: memoria y camino

    Pascua: memoria y camino Esta Semana Santa he podido vivirla en Asís, un lugar que siempre me habla de Dios. En esta primavera la vida renace esplendorosa: prados verdes, flores por doquier, los pájaros cantando hermosas melodías… Y Francisco y Clara dejándose encontrar en cualquier rincón de esta bella ciudad de la Umbría italiana. Los frailes franciscanos del convento de san Damián nos invitaron estos días a meditar la “Pascua como memoria y camino”. Con las personas con las que íbamos, en la mañana luminosa del domingo de Pascua, tuvimos un espacio de hacer memoria, cada una, del paso de Dios por nuestra vida, de aquellos primeros momentos de sentir cómo Dios se hacía presente y nos impulsaba a tomar opciones de vida y de compromiso. Fue un tiempo bello de compartir, desde lo profundo. En los evangelios de la resurrección, hay una clara invitación que escuchan las mujeres: “Id a Galilea”. Allí, al lugar de los inicios, de la llamada, del dejarlo todo y seguirle, de los primeros compañeros, de las primeras enseñanzas, de los primeros gestos evangélicos, de los primeros signos… Allí donde el corazón se ensanchó, donde se descubrió una nueva forma de vida fraterna… Aquella mañana de Pascua, con nuestro hacer memoria, de alguna manera también hicimos la experiencia de ir a nuestra Galilea particular… Pero el ir a Galilea no es solo para quedarse en aquellos momentos, en aquellos recuerdos, en volver a pasar por el corazón aquellas vivencias fundantes. También es el lugar de la vida cotidiana, del día a día, donde está nuestra gente, nuestra familia, nuestras comunidades, los amigos, nuestros trabajos y apostolados… donde Dios se sigue haciendo presente. Memoria y camino. Memoria, no para quedarse estancado…, sino como impulso para continuar el camino, para seguir encontrando sentido a lo que vivimos, para seguir encontrando a Jesús Resucitado regalándonos vida. Quizás deberíamos entrar más a menudo en esta dinámica pascual, especialmente en momentos de confusión o de desaliento. Regresar a nuestra Galilea particular, no como un lugar geográfico, sino como memoria viva de nuestros inicios en la fe para, desde allí, remirar el itinerario trazado, nuestro presente, nuestra vida cotidiana impregnada de Dios. Dios ha pasado y sigue pasando por nuestras vidas. La vida renace, siempre renace. Fotografías: Marta Palau

  • Por una alimentación para todos

    A día de hoy, millones de personas siguen padeciendo hambre. Esto pone en riesgo la dignidad de los más vulnerables y cuestiona nuestro modo de vivir y compartir los bienes. El Papa León, en su intención de oración para este mes, nos invita a rezar para que nadie quede privado del alimento necesario y para que aprendamos a vivir con mayor responsabilidad, reconociendo que los bienes de la tierra son un don destinado a todos. También nos anima a despertar una conciencia nueva, capaz de agradecer, compartir y cuidar, promoviendo una cultura de solidaridad. No estás solo: al rezar te unes a millones de personas de la Red Mundial de Oración del Papa que, desde cada rincón del mundo, oran por los desafíos de la humanidad y de la misión de la lglesia. https://youtu.be/pw0ClB7-kM8?si=NkyYY4UaEMTMlJq4  

  • Resurrección encarnada

    Pausa para pensar Con Inma Calderón y Sara Canca Murtra Galilea https://youtu.be/UhYEIBU7CjQ  

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