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	<title>Elisabet Juanola Sória, autor en Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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	<title>Elisabet Juanola Sória, autor en Nuestra Señora de la Claraesperanza</title>
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		<title>Bienaventurados los Misericordiosos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Aug 2023 05:02:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando un niño se equivoca y lo reprenden, depende de la manera en que esto se haga, el niño no entiende la corrección, entiende solamente la desaprobación, el grito, la violencia hacia él y llora. Se siente mal por la humillación o por sentir el desamor. Se siente maltratado. Esto no lo comprendemos muchas veces</p>
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<p style="text-align: justify;">Cuando un niño se equivoca y lo reprenden, depende de la manera en que esto se haga, el niño no entiende la corrección, entiende solamente la desaprobación, el grito, la violencia hacia él y llora. Se siente mal por la humillación o por sentir el desamor. Se siente maltratado. Esto no lo comprendemos muchas veces los adultos y repetimos el método para que aprendan a comportarse, y logramos que obedezcan, pero no necesariamente que entiendan.</p>
<p style="text-align: justify;">El estudio de los comportamientos humanos nos da muchas luces de cómo relacionarnos entre nosotros y ya es sabido que la violencia no es efectiva, sólo lo es el amor. La forma de la relación, muchas veces es la relación; la forma de la comunicación, también. ¡Jesús nos enseñó esto hace aproximadamente dos milenios! Y otros sabios y profetas lo han dicho también, no obstante, no lo hemos aprendido, seguimos muchas veces por el “camino antiguo”, no solamente con los niños. Aplicamos y transmitimos el ojo por ojo, el cobro de los impuestos, el juicio, la desconfianza y en definitiva la falta de amor en todas nuestras relaciones. Desaprender es difícil.</p>
<p style="text-align: justify;">El 2016 el Papa Francisco lo propuso como el año de la Misericordia. Año Santo que se convirtió en un regalo inmenso para reflexionar sobre el poder sanador de la misericordia (<em>misere-cordae</em>), sanar las miserias del corazón, sanar los corazones miserables… En el mensaje del Santo Padre para la 50a Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales decía textualmente: “Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Hace unos días en un transporte público un hombre se sentó a mi lado, me empezó a hablar sobre su dificultad para dejar de ingerir alcohol, efectivamente el olor lo delataba. A pesar de querer, no había podido abandonar esta dependencia. Sabía que lo destruía, pero era más fuerte que él. Desaprender un comportamiento implica en primer lugar tomar conciencia profunda de su ineficiencia; en segundo lugar, convertirme a no repetirlo y tomar la determinación de ocupar otro camino; pero en tercer lugar perdonarme a mí mismo todas las veces que no podré ser consecuente y pedir ayuda. Quizá nunca logre cambiar el comportamiento, pero sí a amar, si me podré sentir amado y eso tendrá más valor, mucho más, porque sanará heridas más profundas.</p>
<p>Texto: <strong>Elisabet Juanola Soria</strong></p>
<p>Fuente: <a href="http://pliegotante.blogspot.com/2016/08" target="_blank" rel="noopener">Nuestra Señora de la Paz y la Alegría </a></p>
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		<title>Tiempo de mirar por segunda vez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Jun 2021 09:00:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2020/06/Portada_tiempo_de_mirar_notxt_1.jpg" alt="" width="648" height="401" class="aligncenter size-full wp-image-12884" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2020/06/Portada_tiempo_de_mirar_notxt_1-300x186.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2020/06/Portada_tiempo_de_mirar_notxt_1.jpg 648w" sizes="(max-width: 648px) 100vw, 648px" /></p>
<p>A pesar de las guerras, los malos hábitos alimenticios, las hambrunas, la desertización, el cáncer, la violencia y las bajas pensiones para sostenernos en la vejez…, el promedio de esperanza de vida ha aumentado en el mundo, aunque en algunos países más notoriamente que en otros. Muchas personas se hacen mayores, bastante mayores, en muy buenas condiciones de vida. </p>
<p>Hace no tantos años, lo común era que una persona realizara toda su trayectoria profesional en la misma empresa, muchos aprendían así un oficio, iban mejorando las condiciones laborales a lo largo de los años y terminaban jubilando en ese lugar con mucha satisfacción de haberse desarrollado y desempeñado junto a otros que los conocían, sabían de sus fortalezas y debilidades y con quienes había compartido “toda una vida”.</p>
<p>Actualmente, tener un título profesional sirve de mucho, pero no necesariamente para trabajar en lo que se estudió y, de hecho, el mundo y la vida dan tantas vueltas que la misma persona, en los mismos años que antes, cambia varias veces de trabajo, de rubro y hasta casi de “sentido”. Por ejemplo, un(a) docente puede perfectamente con los años ser artesano(a) y enfocarse en un camino más introspectivo, o estudiar una segunda carrera y combinarlas. Será la misma persona y en lo más profundo de su ser habrá cosas esencialmente iguales, pero en otras se verá a sí mismo muy distinto.</p>
<p>Cada persona es única e irrepetible, no hay dos iguales, pero también todos podemos desarrollarnos, descubrir aspectos nuevos de nosotros mismos, aprender cosas nuevas, reinventarnos y “empezar de nuevo”, más de una vez. La necesidad de tener un mejor trabajo, crecer humanamente, en definitiva, ser más felices es un motivo potente para, llegada una edad, revisar y reubicar el por qué profundo de todo. Pero, dado que hoy se vive más, es prudente, que pensemos que si no nos morimos antes, la probabilidad de que lleguemos a ser viejos en buen estado físico y mental es importante, y para entonces querremos ser personas activas y felices. Por lo tanto, hay que prepararse y aplicar sensatamente ingeniería a la propia vida. Una persona plena y gozosa, con razón de más, puede siempre detenerse a profundizar más, a sanar algunos dolores (que todos los tenemos), salir de la zona de confort y abrirse a caminos diferentes, inusitados.</p>
<p>El Realismo Existencial, que es una clave de lectura muy útil para aprender a vivir, puede leerse y aplicarse más de una vez en la vida. Si me sorprendí un día de existir, siendo tan frágil el hecho mismo de que me engendraran, también puedo hoy trabajar para amar mejor, agradecer el presente, aprender a envejecer, entusiasmarme con nuevas perspectivas y proyectos. A veces nos contamos una y otra vez la misma historia agradecida y no vemos otras partes de nuestra vida que también son ricas y nos iluminan. </p>
<p>Una de las claves para releer con gozo el presente, es encarar que lo que viene es aprender a morir y aprender a envejecer y ambas cosas son parte de mí, de mi vida, de mi ser más profundo.</p>
<p>Texto: <strong>Elisabet Juanola</strong> (<a href="http://www.elisabetjuanola.com/" rel="noopener noreferrer" target="_blank">www.elisabetjuanola.com</a>)<br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
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		<title>Resistencia y re-existencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Mar 2021 05:02:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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<p>Anela es el personaje que saca las mesas para los desayunos cada día, a pesar que no hay café, ni pan, ni huevos, ni turistas en su pensión a los pies del Trebevic durante la guerra de los Balcanes. La describe Margaret Mazzantini en el libro <em>La palabra más hermosa</em> con una perseverancia indestructible. La guerra y los ladrones han vaciado y destrozado todo lo que tenía y ella ha recogido los pedazos de les tazas, los ha unido y todas las mañanas las coloca en las mesas desnudas: «Palomas cansadas, inmóviles, a la espera de la paz. Era su orgullo y su orgullo fue su resistencia».</p>
<p>No es fácil descubrir la resistencia. Las personas somos débiles, sufrimos, nos afecta la vida, tan bella que es&#8230; pero efectivamente limitada y dolorosa. Este presente pandémico necesita el ejercicio resistente, pero hace falta el sentido, hay que poner nombre a novedades que se nos muestran, hay que avanzarse a la incertidumbre, aunque sea con balbuceos desorientados y borradores que mañana botemos al reciclaje. Pero no nos podemos dormir, porque el cansancio, la necesidad, la supervivencia&#8230; pueden fácilmente traspasar la finísima línea que convierte la resistencia en resignación.</p>
<p>La resistencia es tozuda, está convencida de que tiene que aguantar, pero también que ella es todavía más fuerte que todo lo que la quiere derrumbar, es una fortaleza profunda, no es una fortaleza prepotente, es digna y si es necesario es combativa, pero no va al combate, va al salvataje, por eso es constructiva. Y ahora tenemos que resistir. Tenemos que aguantar. Tenemos que ser resistentes amorosos.</p>
<p>Tenemos incertidumbres, muchas, por todas partes: no sabemos si habrá rebrote, si estamos contagiados, si podemos recaer, no sabemos cuanta más gente morirá de contagio, si efectivamente habrá más espiritualidad en el mundo, si habremos aprendido algo, si el sistema de trabajo y economía que nos gobierna girará hacia una plataforma más humana, menos individualista, personalista y buscadora d éxito. Pero hay que ir más a fondo, revisar como estamos de reservas de sentido y ser tozudos: la vida es mucho más que el dinero, las personas somos comunidad, el poder oprime a las personas y las personas necesitamos amor. «Sentirnos amados por lo menos una vez en la vida, nos puede salvar», escuché decir a la teóloga Manolita Pedra.</p>
<p>¿Por qué hay que aguantar?, ¿para no enfermarnos, para no contagiar a otros si es que somos portadores?, ¿aguantar hasta encontrar el antídoto? ¡Sí!, pero también, todo este confinamiento, esta distancia social, nos tiene que llevar a la re-existencia, a conectarnos más con el ser.</p>
<p>Ahora que no estamos seguros de si lo que hacemos sirve para alguna cosa, si algunas cosas que hacíamos las seguiremos haciendo, ahora tenemos que poner la creatividad a trabajar para que nos salvemos todos, para que el amor sea el vínculo y motor que nos oriente a hacer y ser comunidad.</p>
<p>Texto: <strong>Elisabet Juanola</strong><br />
<a href="http://www.elisabetjuanola.com/" target="_blank" rel="noopener">www.elisabetjuanola.com</a></p>
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		<title>Silencio sanador</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta semana ha sido muy difícil. Tuve que correr para terminar algunas tareas, casi no llego a la meta. He tenido malentendidos y roces en el trabajo y también en casa, como si todo se confabulara. Estoy cansada. Llega el sábado y veo un espacio de sosiego. Puedo dormir un poco más que los otros</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta semana ha sido muy difícil. Tuve que correr para terminar algunas tareas, casi no llego a la meta. He tenido malentendidos y roces en el trabajo y también en casa, como si todo se confabulara. Estoy cansada.</p>
<p style="text-align: justify;">Llega el sábado y veo un espacio de sosiego. Puedo dormir un poco más que los otros días. Mi cuerpo lo agradece, lo necesito. Cuando me levanto veo que me recibe un día despejado. Hay un cielo despejado y una luz agradable, decido ir a caminar un rato.</p>
<p style="text-align: justify;">Al salir encuentro unos vecinos, nos saludamos. Se ven relajados. Respiro. ¿Cómo me veré yo?<br />
Cerca de mi casa hay un pequeño parque, me dirijo hacia allá. Respiro. Y me recibe la presencia de los árboles y arbustos, la estática convivencia que tienen entre ellos, sus ramajes y hojas. Todo se ve armónico. Unos más altos, otros más inclinados buscando luz. En el parque hay menos ruido que fuera, se produce un remanso.<br />
Camino unos minutos. Respiro. Más personas están en el recinto, unos trotan, otros caminan como yo, algunos sentados. Algunos perros acompañados de personas que corren y se distienden. Un grupo de hombres de edad media entrenando cuerpo a cuerpo algún arte marcial. Skaters en una pista circular. Varios jardineros y jardineras que cuidan el lugar. No sé cuántas personas habrá en total en este mismo lugar, ninguna está de más, ninguna molesta a la otra. No sé cuántos árboles y plantas habrá en este lugar, pero todos son necesarios, irremplazables.</p>
<p style="text-align: justify;">Me siento en un banco. Un rayo de sol tenue y grato me alumbra el rostro. Me agrada. Dejo que la luz alimente el fondo de mis ojos, es una luz grata, tiene vitamina D, me resulta grata. Respiro.</p>
<p style="text-align: justify;">A poco… me empiezo a sentir hermanada con estos árboles, personas y animales. Los observo y siento paz, me da gusto que estén ahí, ellos y yo también, sin conocernos, conviviendo. Hay belleza en este lugar, en el todo. Esta belleza yo también la comparto, soy parte de ella. Siento gozo. Me quedo contemplando un rato: los árboles, las personas, el cielo, veo detalles bellos y también veo la belleza en su conjunto.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuánto tiempo he estado contemplando?<br />
¿Puedo hacer esto en cualquier lugar?<br />
¿Con qué me quedo?</p>
<p>Audio:<a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2015/09/silencio-sanador_1.mp3">Silencio sanador</a></p>
<p>Texto: <strong>Elisabet Juanola</strong><br />
Voz: Javier Bustamante<br />
Música: Manuel Soler, con arregrlos e interpretación de Josué Morales<br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza<br />
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		<title>Alabar a Dios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 16:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[alabar a Dios]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[Belleza]]></category>
		<category><![CDATA[contemplación]]></category>
		<category><![CDATA[Dolor]]></category>
		<category><![CDATA[residencia]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Verdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un hombre mayor había quedado viudo, había empezado a sufrir dolor en sus piernas y ya no podía desplazarse grandes distancias sol, aunque era autónomo, había bajado su nivel de actividad. Como dependía de los demás para cuidarse, prefirió pedir a sus hijos residir en una residencia. Así, convivía con otras personas de sus mismas</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Un hombre mayor había quedado viudo, había empezado a sufrir dolor en sus piernas y ya no podía desplazarse grandes distancias sol, aunque era autónomo, había bajado su nivel de actividad. Como dependía de los demás para cuidarse, prefirió pedir a sus hijos residir en una residencia. Así, convivía con otras personas de sus mismas características y ello le daba alegría. Les hablaba y hacía reír y todos salían ganando de la situación. Con frecuencia alababa a Dios, ello le daba mucha energía.</span></p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;">Una mujer joven había quedado sola con sus pequeños hijos, por suerte tenía trabajo y no les faltaba lo básico para vivir, por este motivo daba gracias. Tenía la suerte de tener buen carácter y no envidiaba nada a nadie, sonreía mucho a los niños y se ocupaba de que en su casa hubiera lectura y música, a pesar que su esposo y papá de los niños no estuviera, eran felices. Logró tener serenidad y armonía en la casa. Con frecuencia alababan a Dios y mostraba a sus hijos que la belleza, la verdad y el amor estaban de la mano del creador.</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;">Un hombre con muchas responsabilidades tenía muy poco tiempo para él y su familia. Siempre exigido por los compromisos de trabajo, a veces tenía que alargar las horas fuera de la casa para cumplirlos. La toma de decisiones laborales no eran fáciles y le producían dolor de cabeza y angustia, no lo resolvía solo, a menudo pedía ayuda a especialistas para mediar y resolver los conflictos. Hacía un tiempo que no tenía muy buen ánimo y se sentía muy cansado, cuando un día, antes de dejar la oficina se sentó y se quedó mirando la ventana. Empezaba a ocultarse el sol, como era un hombre listo, se dio cuenta que empezaba el crepúsculo y decidió acomodarse y contemplarlo, cosa que nunca se permitía por las prisas. Colores preciosos se combinaban ante él sin ningún criterio de forma, ni color y en cambio, resultaban insuperables en belleza. Eran cambiantes e indescriptibles. Sacó un par de fotos que, a pesar de no ser nunca como el original le recordarían la experiencia, y, de repente, sin esperarlo empezó a emocionarse. Las lágrimas le brotaban de los ojos y se sentía feliz. Los problemas de aquel día no parecían importantes, o por lo menos, estaban en otro plano y se dio cuenta que aquello era parte de lo que le faltaba todos los días. Después de remojarse la cara, se fue a su casa a pie, y llegó todavía temprano para estar relajado con la familia. Aquella noche dio gracias, pero también descubrió que si daba gracias, era porque antes había alabado a Dios.</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: justify;">Alabar es parte de la contemplación. La alabanza brota, deviene. Resultado de la sorpresa de una belleza insospechada, de una autenticidad o un amor que nos supera, quedamos atónitos y alabamos, nos arrodillamos, hacemos una reverencia. Y esta conexión que nos sobrepasa hace que nos sintamos vivos y se lubriquen las ganas de vivir y ser felices. Alabar a Dios es el misterio inexplicable que da sentido a todo.</p>
<p class="Cuerpo"><strong><em>Texto: Elisabet Juanola Soria</em></strong><br />
<em>Voz: Javier Bustamante</em><br />
<em>Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales</em><br />
<em>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</em></p>
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<div class="fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 hundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling" style="--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-overflow:visible;--awb-flex-wrap:wrap;" ><div class="fusion-builder-row fusion-row"><div class="fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last fusion-column-no-min-height" style="--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;"><div class="fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy">[audio:https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/07/alabar-a-Dios.mp3|titles=Alabar a Dios]
<p>Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/07/alabar-a-Dios.mp3" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Alabar a Dios</a><div class="fusion-clearfix"></div></div></div></div></div>
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		<title>Bienaventurados los Misericordiosos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Aug 2018 05:03:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando un niño se equivoca y lo reprenden, depende la de manera en que esto se haga, el niño no entiende la corrección, entiende solamente la desaprobación, el grito, la violencia hacia él y llora. Se siente mal por la humillación o por sentir el desamor. Se siente maltratado. Esto no lo comprendemos muchas veces</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2018/08/Portada_bienaventurados_1.jpg" alt="" width="648" height="401" class="aligncenter size-full wp-image-11158" srcset="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2018/08/Portada_bienaventurados_1-300x186.jpg 300w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2018/08/Portada_bienaventurados_1-600x371.jpg 600w, https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2018/08/Portada_bienaventurados_1.jpg 648w" sizes="(max-width: 648px) 100vw, 648px" /></p>
<p>Cuando un niño se equivoca y lo reprenden, depende la de manera en que esto se haga, el niño no entiende la corrección, entiende solamente la desaprobación, el grito, la violencia hacia él y llora. Se siente mal por la humillación o por sentir el desamor. Se siente maltratado. Esto no lo comprendemos muchas veces los adultos y repetimos el método para que aprendan a comportarse, y logramos que obedezcan, pero no necesariamente que entiendan. </p>
<p>El estudio de los comportamientos humanos nos da muchas luces de cómo relacionarnos entre nosotros y ya es sabido que la violencia no es efectiva, sólo lo es el amor. La forma de la relación, muchas veces es la relación; la forma de la comunicación, también. Jesús nos enseñó esto hace aproximadamente dos milenios! Y otros sabios y profetas lo han dicho también, no obstante, no lo hemos aprendido, seguimos muchas veces por el “camino antiguo”, no solamente con los niños, aplicamos y transmitimos el ojo por ojo, el cobro de los impuestos, el juicio, la desconfianza y en definitiva la falta de amor en nuestras relaciones. Desaprender es difícil.</p>
<p>El Año Santo de la Misericordia ha sido un regalo inmenso para reflexionar sobre el poder sanador de la misericordia (misere-cordae), sanar las miserias del corazón, sanar los corazones miserables… En el mensaje del Santo Padre Francisco para la 50 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales dice textualmente: “Todos sabemos en qué modo las viejas heridas y los resentimientos que arrastramos pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos”.</p>
<p>Hace unos días en un transporte público un hombre se sentó a mi lado, me empezó a hablar sobre su dificultad para dejar de ingerir alcohol, efectivamente el olor lo delataba. A pesar de querer, no había podido abandonar esta dependencia. Sabía que lo destruía, pero era más fuerte que él. Desaprender un comportamiento implica, en primer lugar, tomar conciencia profunda de su ineficiencia; en segundo lugar, convertirme a no repetirlo y tomar la determinación de ocupar otro camino; pero, en tercer lugar, perdonarme a mí mismo todas las veces que no podré ser consecuente y pedir ayuda. </p>
<p>Quizá nunca logre cambiar el comportamiento, pero probabemente sí haré un proceso de conversión a amar, me podré sentir amado y eso tendrá más valor, mucho más, porque sanará heridas más profundas. </p>
<p>Texto: <strong>Elisabet Juanola </strong><br />
	(Tomado del blog Nuestra Señora de la Paz y la Alegría, agosto de 2016)<br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
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		<title>Factor C, economía solidaria, no periferia económica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Feb 2018 05:03:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
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<p>Compartir, comunidad, compañía, comunión, colaboración, cooperación, coordinación y otras palabras que comienzan con la letra «C» son el núcleo de la denominación factor «C» que el economista chileno Luis Razeto utiliza para hablar de la economía solidaria. Él explica que dando una charla sobre este tema, hace muchos años en Venezuela, un hombre de larga trayectoria en la acción social dijo que habría de ser con «C» mayúscula de Cristo, por tanto es factor C (amb mayúscula). </p>
<p>«Siempre han existido formas de consumo comunitario y siempre las personas se han asociado para hacer empresas que les interesan y que gestionan grupalmente», dice Razeto. La economía no es lo mismo que el dinero, el dinero es una parte de ella y no necesariamente la más importante. Es interesante ayudarse, conseguir proyectos juntos, comprar juntos, buscar formas de gestionar comunitariamente. Hace años en Chile se hacía el «comprando juntos», grupos organitzados para comprar al mayoreo y abaratar costos, un sistema que requería organizarse y que con el tiempo se fue perdiendo y fue ganando espacio el individualismo.</p>
<p>El Evangelio habla de la multiplicación de los panes y los peces, un milagro que sucede cuando ponemos todo en común. </p>
<p>Las personas no estamos solas, en algún momento de la historia nos lo hemos creído, pero nos hemos equivocado, necesitamos de las otras, no necesitamos mucho de lo que consumimos y es necesario aprender nuevamente a ser más comunitarios y más ecológicos.</p>
<p>La economía solidaria es genuina y humana, esté en la base de la comunidad. En un momento histórico donde gran parte de la humanidad está oprimida por deudas y créditos, es necesaria la reflexión sobre si queremos seguir viviendo oprimidos por el dinero.</p>
<p>Todas las personas tienen dignidad, un sistema que hace diferencias y valida formas de exclusión es un sistema que destruye a la persona. ¡Convidémonos a hacer comunidad y a compartir los bienes!</p>
<p>Texto: <strong>Elisabet Juanola</strong><br />
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
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<td><a href="" data-action="share/whatsapp/share"><img decoding="async" src="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2017/11/xarxa_whatsapp.jpg" alt="" width="30" height="30" /></a></td>
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		<title>Una cosa son las notas, otra es saber</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Nov 2014 05:00:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se llama Juan José y hace treinta y cinco años es docente. Se dedica a la educación, porque siendo estudiante de químico farmacéutico, a veces ayudaba a estudiar a otros compañeros, situación que le permitió descubrir, a partir de la experiencia práctica, que su vocación era ser maestro de escuela. Él dice que descubrió verdaderamente</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2014/11/una-cosa-son-las-notas-otra-es-saber/">Una cosa son las notas, otra es saber</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Se llama Juan José y hace treinta y cinco años es docente. Se dedica a la educación, porque siendo estudiante de químico farmacéutico, a veces ayudaba a estudiar a otros compañeros, situación que le permitió descubrir, a partir de la experiencia práctica, que su vocación era ser maestro de escuela. Él dice que descubrió verdaderamente el sentido de su vida. Se tituló de profesor y después de un tiempo tuvo la oportunidad de ejercer cargos de responsabilidad. Actualmente, es rector de un colegio de una periferia en Santiago de Chile. Juan José explica que cuando llegó a la escuela que hoy está a su cargo, hace ya diez años, la encontró físicamente muy deteriorada: “parecía una cárcel”, recuerda, “todo estaba maltratado, las paredes ralladas, puertas rotas y robaban a los docentes, nadie quería trabajar aquí”.</p>
<p style="text-align: justify;">Enseguida empezó a embellecer los espacios, pero costó dos años instalar acuerdos explícitos e implícitos sobre reglas de convivencia y respeto. A pesar de todo, la tarea recién empezaba, porque lo más delicado era traspasar la convicción al cuerpo docente de que “todos podemos”, de que “es posible” y, como dice él, que los docentes “crean en las posibilidades de los alumnos”. Comenta Juan José: “de manera teórica, un docente sabe que todos los alumnos pueden aprender, pero en la práctica, muchos elementos entran en juego, hay profesores y profesoras que tienen miedo, no tanto de ser agredidos por los alumnos, sino de fracasar, de hacerlo mal. Tienen miedos personales, inseguridades, porque no han podido comprender, a través de la práctica docente, que es posible. Cuando no tienes este convencimiento, es muy difícil”.</p>
<p style="text-align: justify;">La experiencia de Juan José es que la práctica educativa funciona para todos: desde el rector, hasta el más pequeño de los alumnos, y se basa en la confianza: “hay que dedicar tiempo y colocarse metas, mejorar los espacios físicos, hacerlos más acogedores. En esta escuela no se cierran las puertas de las oficinas, se ajustan, y si alguien tiene que hablar algo más delicado, los demás no entran, todos lo hacemos». Juan José tiene un calendario de acompañamiento a los docentes para escucharlos y animarlos de manera personal y para que vean que todos podemos aprender y evolucionar en la vida. Incluso, ha contratado a dos docentes que habían sido alumnos de la escuela.</p>
<p style="text-align: justify;">Este ejemplo del convencimiento de un director de escuela, es una muestra del proceso que una persona hace cuando, además de experimentar lo que significa “entender” los contenidos, trata de “comprender” a las personas que trabajan con él y las ayuda a que “comprendan” a sus alumnos. “Es una cadena”, dice Juan José, “pero cuando lo has podido experimentar, nunca más lo olvidas, cambia la vida de las personas y descubrimos que todos, todos, tenemos nuestro espacio”.</p>
<p style="text-align: justify;">Publicaciones e investigaciones del mundo educativo animan mucho a que la práctica docente sea a partir de la experiencia y que, para aprender, el alumno tiene que entender los contenidos a partir de ejemplos de la vida cotidiana. Más que memorizar, poder contrastar lo que se ve en clase con la vida, captar los mismos contenidos de manera transversal y dedicar más tiempo a aquellos contenidos que son más significativos. ¿Cuáles son los contenidos significativos? También los estudios dicen que depende de cada uno y que hay que ir conociendo a los alumnos de manera personal. Las experiencias de vida siempre son útiles para aprender, pero hay que integrarlas: entender los contenidos y comprender las situaciones personales de los alumnos.</p>
<p><em><strong>Texto: Elisabet Juanola</strong></em></p>
<p><em>Voz: Javier Bustamante</em></p>
<p><em>Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales</em></p>
<p><em>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</em></p>
<p>Audio: <a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/11/saber.mp3" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Una cosa son las notas, otra es saber</a></p>
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		<title>Esperar con aceite en la lámpara</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Feb 2014 05:00:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[eternidad]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Lámpara de aceite]]></category>
		<category><![CDATA[María]]></category>
		<category><![CDATA[matrimonio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No tenía ninguna actividad más importante que la de estar esperando a su prometido, a quien apenas conocía. Sus padres habían acordado este enlace porque se veía muy conveniente desde el punto de vista de la tradición, la unidad de los pueblos, la continuidad de la familia y el cuido de los campos. Se decidió</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No tenía ninguna actividad más importante que la de estar esperando a su prometido, a quien apenas conocía. Sus padres habían acordado este enlace porque se veía muy conveniente desde el punto de vista de la tradición, la unidad de los pueblos, la continuidad de la <strong>familia</strong> y el cuido de los campos. Se decidió que cuando él tuviera preparada la vivienda para ambos la iría a buscar y se celebraría el <strong>matrimonio</strong>, pero no se sabía ni el día ni la hora, así que ella tenía que saber estar preparada.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Estar preparada!, es decir: aprender a prepararse. Cosechar las flores para adornar la casa, tener refresco para el viajero, una sombra para el calor, un asiento para el andante, agua y comida para el burrito que lo cargara. Y estar siemp</p>
<p style="text-align: justify;">re lista para marchar, con lo imprescindible para una vida conyugal, ojalá incluir esencias y aceites. Preparada para cuidar la estirpe, a</p>
<p style="text-align: justify;">su esposo y los que lleguen. Preparada para sobrevivir a las inclemencias y alegrarse del buen tiempo. Preparada para acompañar y no ser obstáculo. Debía saber tener su <strong>lámpara con aceite</strong>, su túnica limpia. Saber coser y tejer, cosechar y sembrar.</p>
<p>Cuando <strong>María</strong> contó su historia a sus nietas y nietos, nadie de ellos podía comprender que no se enamoraran primero, que vivieran el noviazgo sin verse, sin conversar y preguntarse mutuamente. Encontraron que era cruel prometerlos, y todavía casarlos, sin preguntarles si se gustaban siquiera. Y <strong>María</strong>, a quien fascinaba explicar esta historia uno por uno, les advertía: “¿imaginan que no hubiera conseguido amar a su abuelo?, ¿pueden creer que existiera uno mejor para mí?, ¿piensan que su abuelo estaría mejor cuidado, habría tenido mejores hijos o nietos?”. Los chicos quedaban atónitos frente a la respuesta de su dulce abuela y respondían: “no, no podemos imaginarlos de otra manera y los amamos a ustedes”.</p>
<p>“Bien”, respondía <strong>María</strong>, “pues más les vale, porque sin su abuelo y sin mí, ninguno de ustedes existiría”.</p>
<p>La ternura que se apropiaba de ambos era tal que no parecía posible imaginarlos uno sin el otro, compañeros siempre y en todas. Para los hijos de sus hijas e hijos, los ancianos de hoy eran una unidad sin necesidad de adjetivos. Supieron amarse. Se amaron. Y cuando el tiempo dijera basta, se separarían, pero nunca en verdad sus almas porque en el amor se habían unido para siempre. Si uno partía antes que el otro, el <strong>amor</strong> seguiría.</p>
<p><strong>María</strong>, quien supo guardar grandes secretos en su corazón, supo que amar era un arte de todos los días, a veces con inspiración, otras con gran esfuerzo. Nunca le interesó saber si hubiera sido más fácil en otras circunstancias y no tuvo actividad más importante que la de aguardar, acompañar y crecer en ese <strong>amor</strong>. Vivieron ella y su esposo en una sociedad primitiva en la que ambos tenían cada uno su rol muy claro, pero el gran trabajo de todos los días fue hacer de ello un pedazo de <strong>eternidad</strong>. Quienes les conocieron no tienen la menor duda que hicieron un gran trabajo.</p>
<p>Texto: <strong>Elisabet Juanola</strong></p>
<p>Voz: <em>Ester Romero</em></p>
<p>Música: <em>Manuel Soler con arreglos e interpretación de Josué Morales</em></p>
<p>Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</p>
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Audio:<a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2014/01/esperar.mp3">Esperar con aceite en la lámpara</a></p>
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		<title>Amor en tiempos de lucidez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Elisabet Juanola Sória]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Nov 2013 05:01:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[Elisabet]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[hijos]]></category>
		<category><![CDATA[Joanola]]></category>
		<category><![CDATA[lucidez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ahora son mayores y tienen ya la mirada del paso de los años, vivieron mucho tiempo juntos y después decidieron separarse, pero la estima perdura y se consideran "familia". Cuando se conocieron eran jóvenes y tenían hijos chicos, cada uno con su respectiva pareja. Un amor fulminante los atravesó y coincidió que el momento político</p>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2013/11/amor-en-tiempos-de-lucidez/">Amor en tiempos de lucidez</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ahora son mayores y tienen ya la mirada del paso de los años, vivieron mucho tiempo juntos y después decidieron separarse, pero la estima perdura y se consideran «<strong>familia</strong>«.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se conocieron eran jóvenes y tenían hijos chicos, cada uno con su respectiva pareja. Un amor fulminante los atravesó y coincidió que el momento político del país los obligó a buscar refugio en otra geografía. Se encontraron generacional, profesional, psicológicamente y en el <strong>amor</strong>. Pero junto a la aventura del amor, venía la distancia de sus respectivos <strong>hijos</strong>; la ausencia de noticias del país; el idioma nuevo de un pueblo que los acogía; el frío de otras latitudes; enfermedad; extranjería; falta de trabajo, aislamiento&#8230;  Los animaba y unía tozudamente estar juntos, acompañarse y la libre comunión, pero también eran muchas y crueles las dificultades que enfrentaban.</p>
<p style="text-align: justify;">Como dentro de la incoherencia humana, a veces se hace el mal que no se quiere y se deja de hacer el bien que se desea, empezaron a traicionarse, y es así que apareció el silencio doloroso y la ineptitud afectiva. Y un día creían no amarse. Hoy todavía no saben bien qué pasó, pero decidieron no seguir, no vivir juntos y “rehacer” sus vidas. Y pasó el tiempo. Y como era mucho lo que los había unido y juntos habían construido el sentido de sus existencias en medio del no mucho sentido y las contradicciones, un día, después de un tiempo difícil de precisar, se reunieron de nuevo para explicarse mutuamente. Y es así que volvían a estar uno frente al otro, mucho más sedimentados y con nueva luz. Fue entonces cuando, lejos de las impetuosidades y de las emociones intempestivas, se vieron mutuamente como “un otro”, un hermano y una hermana y decidieron que siempre serían “familia”. Porque eso era lo que siempre habían sido y les hacía falta. Se necesitaban como dos hermanos, testimonios uno del otro, de la propia historia y procesos. Al relatarse mutuamente los silencios, comenzaron a sanar los dolores y entender al otro, a ellos mismos y a la relación que todavía estaba viva, pero más profunda y sólida.</p>
<p style="text-align: justify;">Él, ahora tiene otra compañera, y ella también tiene un nuevo compañero. Han pasado muchos años, se ven frecuentemente y comparten amigos. Todos saben que son familia y que el <strong>amor</strong>, igual que la energía, no se pierde, se transforma.</p>
<p style="text-align: justify;">Texto:  <strong>Elisabet Juanola</strong><br />
Voz: <em>Javier Bustamante</em><br />
Música:  <em>Manuel Soler,</em> con arreglos e interpretación de <em>Josué Morales</em><br />
Producción:  <strong>Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza</strong></p>
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<p>Audio:<a href="https://hoja.claraesperanza.net/wp-content/uploads/2013/10/amor-lucidez_audio1.mp3">Amor en tiempo de lucidez</a><div class="fusion-clearfix"></div></div></div></div></div>
<p>La entrada <a href="https://hoja.claraesperanza.net/2013/11/amor-en-tiempos-de-lucidez/">Amor en tiempos de lucidez</a> se publicó primero en <a href="https://hoja.claraesperanza.net">Nuestra Señora de la Claraesperanza</a>.</p>
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