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María

María, después de la Anunciación, se siente sola.
¿Con quién hablar?
¿Con quién poder compartir ese secreto, esa verdad,
esa experiencia fuerte de Dios?
¿Quién le creerá?
¿Quién no la juzgará como mujer adúltera?
¿Quién no dirá que ese niño es un bastardo?
¡Seguramente ella será lapidada
como otras mujeres de su época!

Y, en esa profunda soledad,
María recuerda  las palabras del ángel:
Isabel también espera un hijo de manera milagrosa,
porque ella era estéril.
¿Quizás Isabel entenderá a María?

María empieza a caminar…
¡Qué importante es esta visita!
¿Cuál será la reacción de Isabel?
¿La comprenderá o la denunciará?
¡Pues Isabel es esposa de un sacerdote!

Cuando María abraza a Isabel,
Isabel siente el niño en su vientre
¡y saluda a María como madre del Salvador!
Es un milagro.
Vanas todas las palabras, ¡Dios actuó!
Entonces María sabe que nunca estará sola.
Que Dios siempre estará con ella.

María se queda tres meses con Isabel.
Dos mujeres que comparten
su experiencia de Dios.

Ejemplo para todos  los encuentros de mujeres.
Para que esos  sean tiempos auténticos
de vida en Dios.

Por Pauline Lodder

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