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María, trono del Señor

Entre los siglos XII y XIII hubo una importante producción iconográfica donde se presentaba a María, la madre de Dios, sentada en un trono con Jesús en su regazo. Estas vírgenes sedentes ponían de relieve la majestad de Cristo y también la propia, ya que generalmente ambos se presentaban coronados. La aparición de estas representaciones coincide con la coronación de María por parte de la Iglesia. También esta iconografía la muestra como “Trono de la Sabiduría”.

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Imágenes sedentes de María en sus advocaciones de la Merced, Núria y Montserrat. Todas con el niño en su regazo y coronadas.

En Catalunya, la devoción mariana bajo las advocaciones de la Merced, Núria y Montserrat es muy extendida y nace en la Edad Media. En el caso de la Virgen de la Merced, primero nació la advocación y después la representación iconográfica, por este motivo hay varias maneras de representar a la Merced. Su devoción fue de las primeras que se extendió por toda América, gracias a los mercedarios, y arraigó en países como República Dominicana, Argentina, Chile, Ecuador y Venezuela, entre otros. Las imágenes de la Virgen de Núria y Montserrat corresponden a la tradición de las vírgenes encontradas, que fueron tallas románicas que se hallaron en diversas circunstancias, sobre todo en ambientes rurales. Generalmente, en el lugar donde fueron encontradas, se erigieron capillas y santuarios y de ahí nació la advocación bajo el nombre de María añadiendo el del lugar. La imagen concreta es inseparable de la advocación en estos casos. También la devoción de la Virgen de Montserrat se extendió por diversos países del continente americano.

Estas tallas son simétricas y frontales. La posición hierática, de rasgos serios y serenos, fue muy propia del estilo románico. El niño Jesús descansa en las piernas de María, sentado como en un trono. Los brazos de la madre se colocan en actitud protectora. En las más antiguas, los cuerpos no se tocan y no manifiestan comunicación entre sí. Conforme fue avanzando el tiempo, en este tipo de representaciones la figura del niño fue desplazándose del centro a la pierna izquierda y, de estar totalmente frontal, a posicionarse de lado siendo abrazado por la madre. Esta evolución en la composición escultórica se aprecia en el paso de la Virgen de Montserrat, totalmente frontal, hasta llegar a la de Núria, pasando por la de la Merced. En el caso de la imagen de la Merced que se encuentra en la Catedral de Barcelona, aunque es del periodo gótico, conserva el estilo románico.

La posición de los brazos y los atributos que ostentan este tipo de tallas es una constante. Generalmente, María protege al niño con el brazo izquierdo y en la mano derecha porta una esfera (como la Virgen de Montserrat), aludiendo al orbe o a un fruto, o un cetro (como la de la Merced), aludiendo a la majestad. El niño bendice con la mano derecha y también sostiene con la izquierda algún fruto o las escrituras.

En cuanto al atuendo, visten sobriamente a la usanza medieval y la mayoría van coronados. La madre va calzada y el niño descalzo, mostrando el estado infantil de Jesús, por un lado, pero también remarcando su humanidad.

Sin duda, eran imágenes para ser contempladas y mover a la devoción. Al igual que las iconas ortodoxas, no son muy expresivas, su emotividad es más sublime. Acentúan la serenidad, la paz, la contención. Posiblemente, en tiempos difíciles y a veces violentos como los medievales, reflejaban un deseo de tranquilidad y una sublimación hacia lo divino.

Por Editorial

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