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Salve Regina

Salve Regina

La Salve, es como solemos llamar a uno de los más hermosos himnos dedicados a María. En este himno la invocamos como la misericordiosa. La madre que sabe de las dolencias de sus hijos y es capaz de abrir su corazón hacia ellos para auxiliarlos en lo que necesiten.

Este himno es una invocación, es decir, una manera de hacer presente a la otra persona por medio de las palabras. En este sentido, es un llamado a María en su misericordia. También es una manera de reconocer la vocación del otro. Y la vocación de María es su maternidad. Ella dio un sí a Dios para ser la madre de Jesús y, por extensión, para ser la madre de los hermanos de Jesús: todos aquellos que nos sentimos hijos de Dios.

En la Salve también asumimos nuestra humanidad al llamarnos hijos de Eva. Eva es el género femenino de la raza humana. Eva es la que pare con esfuerzos y la que ayuda a crecer a los hijos, con una misericordia humana. María es ese género femenino que se ha unido a la voluntad de Dios. La que ama como ama Dios: con caridad.

El himno de la Salve hace alusión al sufrimiento humano, vivido como un destierro de la felicidad. Un alejamiento de la amistad con Dios. Pues la misericordia es la que puede ayudarnos a las personas a cruzar el desierto del egoísmo y del aislamiento para llegar a la comunión. A vivir fraternalmente la realidad que nos ha tocado como regalo.

Misericordiosos podemos ser cualquier persona: mujeres, hombres, jóvenes, niños, adultos, de cualquier credo y de cualquier cultura. Siempre que abramos nuestro corazón a la realidad del otro y lo acojamos sin condicionarlo, estaremos viviendo la misericordia.

Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti clamamos, los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh, clemente!, ¡oh, piadosa!, ¡oh, dulce Virgen María!

Audio: Salve Regina

Texto: Javier Bustamante
Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza

 


 

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