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Cuando se representa la advocación del Sagrado Corazón de Jesús, se muestra a Jesús Resucitado con un corazón llameante encorcetado en una corona de espinas. Este corazón se encuentra expuesto y suspendido en su pecho, como mostrándosenos en su pasión y resurrección.

El corazón de Jesús está envuelto en unas llamas que iluminan y dan calor, pero no abrasan, no queman. Será esto evocación del amor de Jesús. Un amor que ilumina, que es luz que conduce al Padre. Un amor que da calor y vida, que reconforta y que congrega. Y, sin embargo, unas llamas que no queman, que no abrasan. Que están ahí para transformar, pero no para desintegrar.

Ese amor caritativo que se brinda sin consumirse, se hace visible también mostrando el límite de lo humano: la corona de espinas, símbolo del dolor. Al encarnarse el amor de Dios, no puede obviar la parte finita, material de la creación. Parte de esta finitud es la incomprensión, la ambición, el temor y tantas actitudes y condicionamientos que se transforman en espinas.

Uno de los santos cristianos más venerados en oriente y occidente es San Jorge. La iconografía nos lo presenta como un caballero que está conteniendo a un dragón. San Jorge no mata al dragón, le reconoce su derecho a existir, pero sí le detiene para que no haga mal, para que no se haga mal tampoco.

En el ser humano radica también la tendencia natural a equivocarnos, la cual es parte de nuestra libertad. Siempre podemos optar y, en ocasiones, las opciones nos llevan a dañarnos y a dañar a otros. Desde la escala más personal e íntima, hasta la escala mundial y genocida.

El corazón llameante de Jesús, enmarcado por la corona de espinas, es un símil de San Jorge conteniendo al dragón. En ambas representaciones hay una relación caritativa del Amor hacia aquello que existe materialmente y que ha de comprenderse y contenerse. El amor y el dolor aparecen no como una relación sadomasoquista, sino como una actitud realista de asumir el límite desde la caridad.

El corazón de Jesús nos invita a que, a pesar de que existan cosas que nos “opriman el pecho”, no dejemos de ser luz y calor para las personas que se nos acerquen. En una palabra Jesús nos invita a amar con “cordialidad”.

Audio: El amor cordial de Jesús

Texto: Javier Bustamante
Música: Manuel Soler, con arreglos e interpretación de Josué Morales
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza