¿Qué es curar, más allá de hacer desaparecer unos síntomas? Creo que es darle un sentido a lo que se está experimentando como falta de salud. Dicho en otras palabras, curar es transformar (ir más allá de la forma) lo que siento hacia lo que estoy viviendo de manera dolorosa. Y ese proceso implica comprender qué me ha traído hasta la situación actual. Qué hay en el origen de mi “mal” y cómo esa causa se ha ido convirtiendo en el síntoma que me aqueja.

Hago esta reflexión porque una parte importante de los Evangelios nos muestran la actividad sanadora de Jesús. Sin querer generalizar, me parece que en casi todos los casos no es Jesús el que se acerca a la persona doliente, sino es quien se encuentra sufriendo o algún familiar quien pide a Jesús la sanación. Entonces vemos que hay una autopercepción de falta de salud, de desdicha, de “endemoniamiento”, de estado de muerte. Este es el primer gran paso para querer sanar o salvarse.

“Tu fe te ha salvado” o “que se haga según tu fe”, reconoce siempre Jesús. Jesús valida la iniciativa de las personas que le buscan y parte de ello, de su deseo hondo de sanar, para que se realice “el milagro”. Aquí se nos abren los ojos para contemplar que la sanación o la salvación se produce a partir de una relación, de un contacto, de una comunicación, de un estado de comunión. Siempre se establece un vínculo entre la persona que quiere sanar y Jesús, y es este vínculo la chispa que detona la mejoría, la transformación.

Y realmente hay un contacto: Jesús toca, toma de la mano, levanta, pone saliva y tierra, habla, sale energía de su manto… Jesús escucha, porque escuchar es una manera importante de tocar, de hacer contacto, de conectar con la raíz. Las personas le hablan de sus síntomas, de lo que sienten, de la muerte del ser querido, y Jesús escucha lo evidente, pero mira más allá, toca el fondo. Transmite coherencia a la persona, le da valor a lo que está viviendo, comprende su lepra, abraza su demonio. Y, en consecuencia, actúa con autoridad. Jesús es serio en querer que esa persona salga de su estado de enfermedad, de parálisis, de aturdimiento, de autocastigo.

Decíamos que la acción sanadora de Jesús transforma. Lo importante de dicha sanación es que no es sólo individual. Sí que la persona doliente experimenta un cambio en su vida, pero no sólo ella. La sanación es comunitaria. Cuando alguien enferma, no enferma solo. Una enfermedad muchas veces arrastra a toda una familia porque trastoca su organización, su estado de ánimo, su economía. Y muchas veces la enfermedad de una persona no es cosa suya, sino que es la expresión de una serie de incoherencias, malos hábitos, sentimientos enquistados, mala comunicación… de toda una familia o del grupo humano donde se desenvuelve. O, incluso, de una comunidad religiosa, como mostraba algunos de los pasajes evangélicos.

Entonces la sanación o la salvación adquiere un carácter comunitario. En muchas ocasiones los evangelios nos hablan de personas anónimas: dos ciegos, un leproso, un endemoniado, un tullido, una mujer con flujos. Este anonimato quiere poner de relieve que más que una persona concreta, quien sufre es toda una comunidad representada en ese ser singular.

Intentar cambiar nuestra mirada sobre lo que nos aqueja nos ayuda a reconocer que muchas veces tiene una dimensión social o estructural. Sanar es también romper con ese círculo vicioso. No podré cambiar toda una sociedad o a mi familia o mi grupo de referencia para que yo me sane. Pero sí puedo comenzar a cambiar yo algunas cosas para que mi entorno se transforme. O, como mínimo, para que se transforme mi manera de percibirlo y de relacionarme con él. Y esto se puede encarnar desde buscar hábitos saludables, hasta relaciones de no exigencia o renunciar a soportar cargas que no me corresponden.

La fe nos salva. Pero a la fe hay que escucharla para que nos diga qué nos está matando o enfermando. La fe es el impulso vital, lo que nos mueve. No es algo que se tenga como una posesión o un deseo, la fe se experimenta como una conexión o consciencia de formar parte de algo que va más allá de mí. Jesús sana porque ayuda a que la persona recupere o descubra su vínculo con la Vida.

Poeta