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Por Juan Miguel González Feria|2026-03-10T16:44:24+00:006 marzo, 2026|

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Corazones disponibles: volver a habitar el alma

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ACTUALIZACIÓN DEL MES

  • La mision digital: que es y por qué hacerla

      La misión digital se ha convertido en una actividad fundamental para la Iglesia católica en la era de las redes sociales. En este nuevo contexto, marcado por los entornos digitales, la Iglesia tiene la oportunidad de llegar aun público más amplio y diverso, además de más joven, tanto dentro como fuera de sus comunidades físicas. La pastoral digital es un medio de gran alcance para transmitir el mensaje de fe y promover la participación de los fieles en la vida eclesial. Tras una larga trayectoria de hecho, en que los pioneros de la misión digital empezaron a trabajar al inicio de la década del 2010, el documento resultante de la última Asamblea Sinodal asume esta tarea con decisión y explícitamente. La cultura digital La cultura digital puede ser definida como el conjunto de contenidos, prácticas, costumbres, lenguajes, valores y formas de interacción social que se llevan a cabo a través de dispositivos electrónicos y en entornos creados partir de los recursos creados por la tecnología digital, como Internet o las redes sociales. La cultura digital se expresa en todo producto humano, físico o conceptual que se genera basado en la tecnología de la información en lenguaje binario. Se produce a través de millones de dispositivos conectados entre sí a través de plataformas, tecnología wifi, satélites, cables submarinos, etc., que forman un ecosistema comunicativo complejo. En pocos años este entramado ha impulsado un cambio en la sociedad a escala planetaria y la mentalidad colectiva. Cambiando el modo de comunicarnos, varía la manera como las personas elaboran su pensamiento, como los adolescentes construyen y valoran su imagen corporal, como establecen relaciones de pareja y conciben la familia. De ahí emergen los valores operativos que rigen la educación, las finanzas, el emprendimiento, los negocios, y también la antropología y la religión. Qué es la misión digital Consiste en entrar en el entorno cultural creado por las tecnologías digitales para cumplir el mandato de Jesús, dirigido a toda la Iglesia, de anunciar el Evangelio a todas las naciones. También en ese entorno. Esta misión supone comprender los elementos de esa cultura, sus dinamismos, sus fundamentos, los valores que propaga, cómo transforma las relaciones humanas. Es pues, mucho más que “usar” unos dispositivos electrónicos. La misión digital busca encontrarse y crear comunidad con personas que en ese entorno se preguntan por la trascendencia y quieren construir sus valores, por lo cual es necesario escucharlos, comprender sus necesidades y establecer un diálogo en las categorías y los lenguajes que ellos entiendan. La misión digital se entiende en sentido amplio del mismo modo que cualquier actividad evangelizadora de la Iglesia, con sus tipos de apostolado: la misión ad gentes, la nueva evangelización y la pastoral. Es un proceso de acompañamiento, desde el primer anuncio, hasta la madurez en la fe. No es lo mismo un influencer que un misionero digital. La persona misionera digital es alguien que sigue a Jesús y crea contenidos con la finalidad expresa de hacerlo presente a su audiencia. No gana dinero por ello, no busca seguidores para sí. Lo hace de modo que “Él crezca y uno disminuya ”. Se relaciona con sus seguidores en diálogo abierto desde la humildad de quien sigue a Cristo, suele consolar a los heridos por el camino de la vida como el buen samaritano y no se siente superior a los que le siguen. Los contenidos que produce están apoyados por su testimonio o al menos por el deseo de ser testigo de Cristo y tiene características muy similares a las de cualquier misionero que deja su tierra y aprende una cultura nueva para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo. Es muy distinto(a) de los influencers al uso, focalizados en ampliar su influencia y obtener beneficios por ello.   Algunos desafíos de la misión digital en la Iglesia Católica Adaptarse a los avances tecnológicos sin perder la esencia Llevar el amor y la misericordia de Cristo a las redes supone una gran responsabilidad y coherencia de vida. Pero implica también estar al tanto de las últimas tendencias y herramientas digitales disponibles, y utilizarlas de manera estratégica para llegar a un público amplio. Para ello es imprescindible capacitar al personal y a los líderes de la Iglesia para que estén familiarizados con las nuevas tecnologías y sepan cómo usarlas de manera efectiva en su labor misión. Garantizar la seguridad y privacidad de los fieles Esto implica establecer políticas e implementar medidas adecuadas de protección de datos y seguridad informática para evitar cualquier riesgo de violación de la privacidad o de acceso no autorizado a la información personal de los fieles.   Evitar la adicción y cuidar la vida espiritual de los misioneros digitales Es innegable que las pantallas digitales producen adicción. Neurocientíficos y psiquiatras reconocidos alertan en este sentido. El trastorno del uso de la tecnología se manifiesta a través de la incapacidad de controlar el tiempo dedicado a las pantallas, la necesidad constante de verificar dispositivos y la ansiedad cuando se intenta reducir su uso. La Iglesia tiene que contribuir a que las personas lleguen a encontrarse personalmente con otros seres humanos presencialmente, y en su caso también con seguidores de Jesús y comunidades vivas, manteniendo el equilibrio entre vida presencial y vida digital, cultivando su espiritualidad, su vida comunitaria y de oración.

  • Corazones disponibles: volver a habitar el alma

    ¿Vale la pena creer en algo más grande que uno mismo?. En tiempos donde todo parece urgente, rápido y desechable, quizá la esperanza no llegue como un discurso perfecto, sino como una experiencia concreta: tocar la tierra, compartir el silencio, contemplar una semilla crecer y descubrir que también el alma necesita calma y paciencia para ser cultivada. ¿Acaso no existe signo más necesario que la búsqueda sincera de una paz verdadera: no la ausencia de problemas, sino esa serenidad profunda que permite habitarse sin miedo?. El ser humano, vive fatigado por identidades fragmentadas, comparaciones constantes y búsquedas que prometen plenitud inmediata pero dejan vacío. Sin embargo, cuando alguien se permite detenerse y contemplar el misterio de existir, comienza a intuir que dentro de sí habita una sed más profunda: la sed del Ser absoluto. San Agustín expresó esta experiencia con una frase que atraviesa los siglos y sigue  dialogando en el corazón de muchos: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en Ti.” La espiritualidad cristiana no nace del miedo ni de la obligación moral; nace del descubrimiento de una Presencia. Un Dios que no aplasta la libertad humana, sino que la despierta. Un Dios que no elimina las preguntas existenciales, las ilumina desde dentro. Tal vez por eso Jesús hablaba tanto de semillas, viñas, campos y jardines. Comprendía que el alma humana se parece a la tierra: necesita cuidado, paciencia y tiempo. Nada verdaderamente vivo florece de inmediato. Dios se acerca en la fragilidad inacabada de nuestra historia. El profeta Isaías lo expresa con ternura artesanal: “Señor, tú eres nuestro padre; nosotros somos la arcilla y tú el alfarero: todos somos obra de tus manos.” Isaías 64,7 Quizá cuando nos alejamos de la Iglesia es porque encontramos estructuras, pero no siempre testigos; normas, pero no siempre humanidad. Sin embargo, el evangelio sigue conservando intacta su fuerza original: la de un Cristo que camina con los cansados, conversa con los buscadores y devuelve dignidad a quienes creen haber perdido el rumbo. En una cultura que muchas veces reduce las personas a producir, consumir y competir, el evangelio continúa ofreciendo algo radicalmente distinto: la posibilidad de reconocerse amado antes de ser exitoso. Porque Dios no espera seres humanos perfectos. Espera corazones disponibles. Quizá baste palpar la tierra, guardar silencio y contemplar la belleza sencilla de la vida para descubrir que todavía es posible florecer por dentro.   Elsa V. Lizarazo Díaz

  • Espiritualidad, ¿para qué?

    Espiritualidad, ¿para qué? XIV FORO DE ESPIRITUALIDAD 2026. El amor, criterio definitivo. Universidad Popular de Logroño https://youtu.be/cLOva-8cUoI?si=h7CWMuBlDDYdNNlp

  • Por los valores del deporte

    Los valores del deporte tienen la capacidad de unir personas, derribar barreras y crear espacios de encuentro entre culturas y generaciones. En un tiempo en el que la competencia puede convertirse en rivalidad vacía y la exclusión deja fuera a muchos, es importante redescubrir el verdadero sentido del deporte como escuela de fraternidad, respeto y solidaridad. En la oración de este mes, el Santo Padre nos invita a rezar «por los valores del deporte» para que «el deporte sea un lenguaje universal que acerque culturas, una pueblos y siembre respeto, solidaridad y superación personal». No estás solo: al rezar te unes a millones de personas de la Red Mundial de Oración del Papa que, desde cada rincón del mundo, oran por los desafíos de la humanidad y de la misión de la lglesia. Tómate un momento, reza con el Papa. https://youtu.be/BG1kzfjsSWY?si=_AFAnEeFbUFqHgKr En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Señor de la vida, te damos gracias por el don del deporte, por quienes glorifican a Dios con el ejercicio de sus cuerpos, por las amistades que nacen en la cancha y la alegría de jugar en equipo. Tú nos enseñas que en la vida, como en el juego, nadie se salva solo. Necesitamos del otro para crecer, para aprender a respetar, superar límites, y celebrar juntos los logros alcanzados. Te pedimos que el deporte sea siempre escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía, espacio de encuentro y no de exclusión, camino de paz y no de violencia. Haz que quienes practican, entrenan o animan descubran en el deporte un lenguaje universal que acerca culturas, une pueblos, y siembra respeto, solidaridad y superación personal. Señor Jesús, que cada deporte sea parábola de una vida vivida contigo, colaborando con esfuerzo y alegría, viviendo con humildad en la derrota y gratitud en la victoria que nos ofreces en tu resurrección. Que nunca falte en nosotros tu Espíritu, que nos hace un solo equipo, unido contigo para construir comunión y fraternidad en la historia. Amén.

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