Mujer de la levadura
Jesús de Nazareth es un hombre profundamente realista. Sus imágenes y parábolas, tan bellas y directas, tienen el sabor de la experiencia vivida. Se diría, la mayoría de veces, que responden a situaciones cotidianas que
Jesús de Nazareth es un hombre profundamente realista. Sus imágenes y parábolas, tan bellas y directas, tienen el sabor de la experiencia vivida. Se diría, la mayoría de veces, que responden a situaciones cotidianas que
Padre-Hijo-Espíritu Santo, ¡qué comunidad de Amor tan perfecta! ¡Qué maravillosos Amigos sois estas Tres Personas!, pues siendo tan distintas, formáis una Unidad en el Amor y la Amistad. Y tanto nos amáis, que el Padre
«De pronto se produjo un gran terremoto. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. ¡Ha resucitado!» (Mt 28,2a.4.6a) ¡RESUCITÓ! ¡Resucitó! Justo a la alborada, María —la única que
Pedimos para nuestros difuntos el reposo eterno. Esta expresión reposo eterno tomada al pie de la letra, nos cuesta entender. Reposamos cuando estamos cansados, pero un reposo demasiado largo se nos hace tedioso e insufrible.
En el Evangelio de san Juan (2,1-11), leemos la conocida perícopa de las Bodas de Caná, en donde Jesús hizo su primer milagro. Nos cuenta el narrador que María estaba invitada a la boda. También
Hay tiempos en nuestra vida en que la esperanza es fácil. Son periodos, podríamos decir, de Navidad en nuestro corazón. Cuando uno es joven y la vida está por delante, todo es esperanza. A veces,
En el maravilloso relato de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen María, hay un detalle que vale la pena observar con detenimiento. Ciertamente es pequeño dentro del gran conjunto de ese Anuncio, pero
¡Qué hermoso es ver a los niños pequeños dormidos en brazos de sus padres! ¡Qué confianza muestran tan grande! Se sienten protegidos, queridos, tranquilos... ¿Qué les puede pasar de malo? ¿Qué lugar más seguro para
Es propio de los niños vivir en medio de fantasías e ilusiones; la vida se ve en gran medida acomodada a los propios deseos. Se puede tener mayor o menor confianza en el futuro, según
Dios nos llama a que seamos santos. Y el primer paso para caminar hacia la santidad es reconocer con humildad lo que uno es. La humildad no significa que hemos de menospreciar nuestra forma de