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Dios ama a la persona más allá de sus actos

Se puede abrir la Biblia de muchas maneras. Hay muchas claves de lectura, hay muchos métodos posibles. En esta sección proponemos descubrir unos rasgos inesperados de Dios a través de personajes bíblicos… Rasgos que revelan las características de su Amor inmenso y que son esperanza para el mundo de hoy…

David y Betsabé

¿Quién no conoce la historia de David y Betsabé?
Célebres pintores han representado la escena: el gran rey David, hombre según el corazón de Dios, observa desde su terraza una mujer guapa. La manda buscar y se acuesta con ella, a pesar del hecho que ella era la esposa de Urías, el hitita.

Betsabé se queda embarazada y David pone todo en obra para esconder el adulterio (considerado como una transgresión de la Ley, bajo pena de lapidación). Primero intenta arreglar el asunto con mentiras y manipulaciones… Cuando eso no da resultado, decide eliminar a Urías para poder casarse con Betsabé. David, casi sin darse cuenta, entra en una espiral de pecados: adulterio, mentira, homicidio…

El texto bíblico relata, pues, un episodio trágico de la vida de David. Y es, únicamente al final, en las últimas palabras del capítulo, donde hay una luz de esperanza.  Dice así:

«Pero aquella acción que David había hecho desagradó a Yahveh»  (11Sam11, 27b).

De hecho, es la única frase que habla de Dios en todo este capítulo. Y son palabras que nos dan esperanza porque indican una actitud importante. Decir que lo que alguien hace te desagrada  no es decir «eres malo, eres un monstruo…». Dios no pone nunca etiquetas a las personas. Dios no juzga a las personas… Dios sabe separar los actos de la persona.

Y nosotros, cuando alguien hace algo que nos desagrada, que nos parece mal, ¿sabemos distinguir el acto de la persona en cuestión? ¿Sabemos decir: lo que ella hizo no está bien, y no poner una etiqueta sobre la persona entera como alguien que no es buena?  ¿Sabemos tomar conciencia que las personas son mucho más que sus actos? Claro que hay actos nefastos, condenables, pero las personas son siempre dignas de amor.

Nos llena de esperanza saber que Dios ama a todos y siempre. Dios no rompe nunca la relación. Lo más opuesto a la esperanza es el miedo. El miedo paraliza, la esperanza nos pone en marcha…nos hace caminar. David tomó un camino equivocado, dio unos «falsos pasos». Dios no le abandona, pero le hace saber que no está de acuerdo con sus actos e intenta hacerle comprender que aquel camino es un camino que siembra muerte. ¡Pero no rompe la relación! ¡Dios sigue al lado de David!

Este texto nos invita a aprender a amar como Dios ama, aprender a dar este paso primordial de no confundir las personas con sus actos. Cada vez que lo logremos, seremos luz de clara-esperanza en un mundo que tiende muchas veces a valorizar las actos por encima de las personas.

Por Pauline Lodder

 


 

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