Paul tiene 54 años y lo perdió todo en Escocia y acabó durmiendo en las aceras del Strand de Londres. Todo ese tiempo viviendo en las calles le ha dejado unas greñas enredadas además de una espesa y descuidada barba blanca. Y en esto llega Joshua Coombes, con su gorra calada, su mochila y sus tijeras. Después de una amigable charla, le convence para que se deje rasurar la barba y recortar la cabellera. Sin cobrarle una libra, por amor al arte.

“El corte le devolvió la dignidad, la autoestima y la confianza”, recuerda Josh Coombes, el peluquero de los homeless en las calles de Londres de tan sólo 29 años y que promueve un movimiento global de gestos altruistas a través de su campaña “#DoSometingForNothin” (Haz algo sin esperar nada a cambio). Un simple corte de pelo puede cambiar una vida y cientos de cortes de pelo -gratuitos y a quienes más lo necesitan- pueden crear una conexión humana y quizás pueda devolverle la esperanza de una vida mejor.

 

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