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Las visitas de Dios

María puede recibir la “visita” del ángel Gabriel, porque tenía “su casa” dispuesta para recibir visitas. Su corazón estaba abierto a la vida. En ese momento el Reino que después vendría a “anunciarnos” Jesús comienza a materializarse, a hacerse carne. De aquí que María sea la principal colaboradora de Jesús para anunciar el Reino, para evangelizar.

El sí de María, es un sí humilde, que escucha sus limitaciones, pero que no se cierra al misterio de Dios. “Hágase en mí según tu palabra”, equivale a decir colaboro con todo mi ser para que la Palabra, Jesús, pueda humanamente existir.

Después, a lo largo de los evangelios, la presencia de María es discreta y humilde, es una manera de acompañar que no quiere tener protagonismo. Que mantiene su sí desde el silencio y la contemplación de lo que Jesús va proclamando. Incluso en aquel momento en que Jesús declara que su familia -su madre, hermanas y hermanos- son lo que hacen la voluntad de Dios. Con ello no desconoce a María, sino que le da su lugar: ella fue la primera en aceptar la voluntad de Dios. Desde el no apego a su hijo, María continúa a su lado hasta el pie de la cruz y en sus manifestaciones resucitadas.

También podemos contemplar esa otra “visita”, la de María a su prima Isabel. Ella también hace de ángel visitando a su parienta y compartiendo la alegría de los próximos nacimientos. Dos “síes” reunidos. Dos madres y sus futuros hijos inaugurando una nueva manera de relacionarse con el Dios de la Vida.

El salto de alegría de sus vientres es la alegría de saberse “en Dios”. Un presente lleno de misterio para ambas primas, como puede ser también nuestro presente si lo vivimos en Dios. La visitación es una manera de anunciar el Reino, de llevar la Palabra en nuestro seno y contagiar de alegría allá a donde vayamos. Implica un desplazamiento, una salida de nosotras y nosotros mismos para ir al encuentro y compartir las bendiciones que Dios nos hace. En ese contemplarse mutuamente, en ese abrazo, se vuelve a encarnar Dios.

Seguramente en nuestras vidas vamos siendo visitados por Dios en diversos momentos y de distintas maneras. Tengamos nuestro corazón dispuesto para que su Palabra sea carne de nuestra carne. Y dejemos que el mundo contemple esa alegría, que es la mejor manera de anunciar el Reino de Dios.

Texto: Javier Bustamante
Producción: Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza

 


 

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