Saltar al contenido
NÚMERO 231
FacebookInstagramYouTubeFlickrCorreo electrónico
Nuestra Señora de la Claraesperanza Logo Nuestra Señora de la Claraesperanza Logo Nuestra Señora de la Claraesperanza Logo
  • Portada
  • Nosotros
    • Presentación
    • Himno de la Claraesperanza
    • Imán ClaraEsperanza
    • Contacto
  • Secciones
    • Artículos
    • Videoteca
    • Podcast
    • Actualidad
    • ¿Tú que opinas?
    • MediTcantamos
    • Alfredo Rubio de Castarlenas
    • Índice por Artículos
    • Índice de Autores
    • Índice por Vídeos
  • Meditando
    • Frases Sintónicas
    • Frases Sintónicas Anteriores
    • Frases de Tante


  1. Inicio
Anterior Siguiente

Por Alfredo Rubio de Castarlenas|2025-12-05T16:50:42+00:005 diciembre, 2025|

Comparte la Claraesperanza

FacebookWhatsAppTelegramCorreo electrónico

Artículos relacionados

Deja tu comentario Cancelar la respuesta


ACTUALIDAD

Jesús cura a un paralítico en sábado Jesús cura a un paralítico en sábado Por Montse de Paz Juliana de Norwich 2/3 Juliana de Norwich 2/3 Por Juliana de Norwich Jesús y la samaritana / Sed de agua viva Jesús y la samaritana / Sed de agua viva Por Montse de Paz Jesús y Nicodemo – Nacer de nuevo Jesús y Nicodemo - Nacer de nuevo Por Montse de Paz

¿TÚ QUÉ OPINAS?

  • Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Comprueba tu bandeja de entrada o de spam ahora para confirmar tu suscripción.

ACTUALIZACIÓN DEL MES

  • La esperanza, una disposición interior

    Foto: Cori de Dalmau Dicen que morimos como hemos vivido. Si hemos vivido con miedos, morimos con miedos; si hemos vivido con confianza o afrontado la vida con serenidad, afrontamos la muerte de la misma manera. Pero lo que siempre ocurre, o al menos así lo he vivido yo, es que las persones que nos dejan siempre nos enseñan y se convierten en maestros para quienes los acompañan, maestros de vida. Recientemente he vivido la muerte de un familiar muy cercano. Le diagnosticaron una enfermedad con un pronóstico desfavorable. Probablemente pasó por algunas de las etapas descritas por E. Kübler-Ross: la etapa de la pérdida (negación, ira, depresión), en la que se teme perder lo que consideramos nuestra identidad; la etapa de la rendición (aceptación, entrega, soltar), que no se vive como una derrota, sino como una fuerza mayor que no depende de nosotros mismos; y, por último, la etapa de la trascendencia, más allá de nuestros límites, más allá de nosotros mismos. Y seguramente muchos de estos momentos se repitieron a lo largo del tiempo. Pero quiero centrarme en lo que me enseñó y en lo que percibí en su forma de vivir y afrontar la enfermedad: una lección de vida y esperanza, una disposición interior ante la enfermedad, el sufrimiento y la fragilidad humana. Comprendí la esperanza de una nueva manera, no como la proyección de un futuro mejor ni como un deseo mental, sino como una forma de caminar, como una fuerza que lleva a vivir el momento presente, a habitar plenamente el ahora. Una esperanza que no se espera, sino que se encarna, porque permite que la Presencia que habita en nosotros se manifieste. Cuando se vive un tiempo marcado por la incertidumbre y la fragilidad, como es la enfermedad, hablar de esperanza no es una ilusión ingenua, ni un optimismo superficial de que todo saldrá bien, ni una evasión de la realidad, sino una forma profunda de habitarla. La esperanza es una actitud interior, una disposición, y nace cuando la persona acepta su vulnerabilidad y confía en que la vida no se agota en lo que vemos. Esperar implica vivir en el presente, no esperar pasivamente. La esperanza, aunque todo invite a cerrarse, abre un espacio interior donde el dolor puede ser acogido sin convertirse en desesperación. Abre a descubrir una fuerza inesperada que ayuda a seguir adelante, a habitar el presente con confianza, a seguir amando y viviendo, incluso cuando el camino es incierto. Abre a una realidad mayor que está actuando, sabiendo que no caminamos solos y que, incluso en la noche, algo —o Alguien— sigue sosteniendo nuestras vidas. La esperanza es humilde, es un acto de rendición. La esperanza se convierte en confianza en la vida, en los demás y en Dios. «La esperanza no defrauda, porque Dios, al darnos el Espíritu Santo, ha derramado su amor en nuestros corazones» (Rm 5,5) El filósofo surcoreano Byung-Chul Han dice: «La esperanza ensancha el alma porque transforma el presente desde dentro. La esperanza actúa como una fuerza expansiva que abre espacios interiores donde antes solo había contracción».Es la capacidad de acoger lo que aún no es, de hacer sitio a lo imposible, permitiendo que el alma respire más allá de los límites impuestos por la realidad actual. Al ensancharse, el alma recupera su amplitud originaria y se vuelve capaz de contener más vida, más posibilidad, más alteridad. No niega el sufrimiento o las crisis, sino que lo atraviesa con una confianza radical en lo abierto. La esperanza, para mí, es el espíritu que resiste a la clausura de «no hay alternativa» y afirma, en silencio, pero con firmeza, que siempre hay un más-allá de lo dado. Cuando el alma se ensancha, el ser humano deja de agotarse en la repetición de lo mismo y comienza a habitar un tiempo cualitativamente distinto: un tiempo amistoso, lento, lleno de promesas. En ese ensanchamiento nace la verdadera libertad, la que no necesita dominar ni explotar, sino simplemente dejar ser. Quien permite que su alma se ensanche no solo se salva a sí mismo, sino que abre un horizonte para los demás. La esperanza no promete un futuro paraíso; hoy promete un alma más grande, capaz de amar, de contemplar y de crear mundos nuevos. Y en esa amplitud late el optimismo más profundo: la certeza de que, mientras haya esperanza, la vida siempre podrá ser más ancha que cualquier opresión». Y, por último, decir que no todo al final de la vida es visible. Hay movimientos internos y procesos sutiles que no siempre pueden medirse ni nombrarse, pero que están ahí: en la mirada que se apaga, en la presencia que se va retirando lentamente. El morir no ocurre en un instante, sino que se despliega como un proceso. Sostener estos procesos invisibles con respeto, sin invadir, sin llenar de ruido y palabra, y estar presente significa también dar espacio a aquello que no comprendemos del todo. Esto es amar; esto es un acto de amor de las personas más cercanas y que más aman a quien nos deja. Una presencia que no se retira, que no exige, que no huye del dolor, que no busca imponer ni dar sentido, sino que sostiene, que mira con ternura y deja que el amor haga su trabajo silencioso. Cori de Dalmau Mataró

  • Más allá: más aquí

    La cuaresma es un tiempo que nos llama a la conversión. Tal como hiciera Juan el Bautista a orillas del Jordán, que llamaba a prepararse para la llegada de Dios. La palabra conversión, de origen latino, tiene su equivalente griego en el término metanoia o metanoien, que se descompone en meta, ‘más allá’, y nous, ‘de la mente’. La metanioa es una expansión de la consciencia, un ir más allá de lo que conocemos. Se asocia a un cambio de camino o un rectificar el rumbo, muchas veces teniendo que desandar lo andado. Esto trae consigo un cambio de corazón. La metanoia está en la base del “ven y verás” con el cual Jesús invita a seguirle. Ese ven implica dejar el camino que hasta ahora llevábamos, cambiar de rumbo, girar el corazón. Y, sólo yendo al paso de Jesús, se consigue ver la vida de otra manera o de otras maneras, captar que la realidad es mucho más de lo que vemos desde nuestro camino unidireccional. Y, ¿qué hay más allá de mí mismo? El otro, la otra persona, la humanidad, la creación completa que también me incluye a mí. Emprender un proceso metanoico implica un expander mi campo de visión y actuación, salir de mí. Encontrarme con las otras personas y con la realidad. Y, en todo ello, encontrarme con Jesús: maestro de la metanoia. La metanoia no es un acto instantáneo ni que se improvise. Requiere todo un camino de incomodidad y extrañamiento de sí mismo, en primer término. Después un irse poniendo en contexto, valorar las condiciones que nos han permitido existir y ser quienes somos, para ir soltando todo aquello que es accesorio en nuestra vida y nos resta libertad. De ahí que se exprese que la cuaresma es un periodo de conversión o metanoia, ya que simbólicamente es un tiempo largo que permite ahondar en uno mismo, recogerse para luego, en la Pascua, desplegarse. Todo el periodo de enseñanzas de Jesús, junto con su pasión, muerte y resurrección, está marcado por una dinámica interna basada en la metanoia. Una enseñanza lleva a la otra, abriendo el círculo. Reconocer la invalidez de ciertos preceptos o estructuras que nos han dado seguridad pero que no son coherentes con la vida, abre los ojos a una nueva manera de relacionarse, lo cual también es metanoia. Compartir lo que sé y lo que tengo con personas a las que no había contemplado es metanoia. Morir (a muchas situaciones y cosas) para resucitar a una nueva manera de estar en el mundo es la metanoia por excelencia. Después de un buen baño, una buena siesta, una buena comida, una buena charla, solemos decir: “me siento resucitado o resucitada”. Reconocemos que ha habido un cambio en nosotros, que nos percibimos diferentes, que hemos pasado como de muerte a vida. Es curioso cómo a Jesús resucitado no lo reconocieron sus más allegados en un primer momento. Tenía él que abrirles los ojos con referencias a “cuando estaba en vida” para que descubrieran quién era. La resurrección es un cambio profundo, radical, de forma de vivir que, incluso, afecta hasta el plano físico y relacional. A esto nos está invitando Jesús todo el tiempo, esta es la metanoia que él nos propone. Ven y sígueme se traduce en: sé un vivo en vida, una viva en vida. No un muerto en vida, como muchas veces solemos ser. Un vivo en vida, alguien que ha ido más allá de sí y se siente parte del todo. Porque ese más allá está aquí, en mí. Jesús va caminando por dentro mío, seguirle es descubrirme vivo. Esta es la llave del más allá que comienza en mí.

  • La vida ermitaña de una monja en Lord

    En el marco del XLV Encuentro en torno al claustro, tuvimos la oportunidad de conversar con la hermana María Eugenia de Jesús Lastras, la única monja ermitaña y pastora de ovejas del Santuario de Lord, en Solsona (Lérida). La hermana compartió con nosotros sus reflexiones fruto de su vida contemplativa en las colinas y altos valles donde pastorea a sus ovejas. En estos escenarios de vértigo la monja ermitaña ha comprendido la profunda y milenaria relación que tiene El Buen Pastor con la humanidad, de Dios con cada uno de nosotros. https://youtu.be/oIIAj00Iz4o?si=bwBqBZkgYxI-U6_b

  • Por el desarme y la paz

    Reza con el Papa: Por el desarme y la paz Hay conflictos y tensiones que ponen en riesgo la vida y la convivencia entre los pueblos, y que pueden extenderse durante años si no se elige el camino del diálogo y la reconciliación. Esto se vuelve especialmente preocupante para los más vulnerables y para las futuras generaciones. El Papa León, en su intención de oración para marzo, nos invita a rezar para que las naciones renuncien a las armas, adopten la diplomacia y la justicia, y busquen la verdadera seguridad basada en la confianza y la solidaridad entre los pueblos. En la oración de este mes, el Santo Padre nos invita a rezar para que «cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo». No estás solo: al rezar te unes a millones de personas de la Red Mundial de Oración del Papa que, desde cada rincón del mundo, oran por los desafíos de la humanidad y de la misión de la lglesia. https://youtu.be/K6rfwKCP3-o?si=wIMO5RkOFyAT8XU4 En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Señor de la Vida, que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza, creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra, para la fraternidad, no para la destrucción. Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: “La paz esté con vosotros”, concédenos el don de tu paz y la fortaleza para hacerla realidad en la historia. Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia. Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación. Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos. Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista, y poner en el centro la vida de los más vulnerables. Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad. Espíritu Santo, haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana: en nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestras ciudades. Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo. Amén.

  • Aviso Legal
  • Política de Privacidad
  • Política de Cookies
  • Contacto
  • La esperanza, una disposición interior
  • Más allá: más aquí
  • La vida ermitaña de una monja en Lord
  • Por el desarme y la paz
Copyright 2019 Hoja Nuestra Señora de la Claraesperanza | Todos los Derechos Reservados | Una web de Edimurtra
FacebookInstagramYouTubeFlickrCorreo electrónico
Page load link

Agregar acceso directo a la Hoja de la Claraesperanza!

Agregar al escritorio de tu móvil
Ir a Arriba