La misión digital se ha convertido en una actividad fundamental para la Iglesia católica en la era de las redes sociales. En este nuevo contexto, marcado por los entornos digitales, la Iglesia tiene la oportunidad de llegar aun público más amplio y diverso, además de más joven, tanto dentro como fuera de sus comunidades físicas. La pastoral digital es un medio de gran alcance para transmitir el mensaje de fe y promover la participación de los fieles en la vida eclesial.

Tras una larga trayectoria de hecho, en que los pioneros de la misión digital empezaron a trabajar al inicio de la década del 2010, el documento resultante de la última Asamblea Sinodal asume esta tarea con decisión y explícitamente 1.

La cultura digital

La cultura digital puede ser definida como el conjunto de contenidos, prácticas, costumbres, lenguajes, valores y formas de interacción social que se llevan a cabo a través de dispositivos electrónicos y en entornos creados partir de los recursos creados por la tecnología digital, como Internet o las redes sociales.

La cultura digital se expresa en todo producto humano, físico o conceptual que se genera basado en la tecnología de la información en lenguaje binario. Se produce a través de millones de dispositivos conectados entre sí a través de plataformas, tecnología wifi, satélites, cables submarinos, etc., que forman un ecosistema comunicativo complejo. En pocos años este entramado ha impulsado un cambio en la sociedad a escala planetaria y la mentalidad colectiva. Cambiando el modo de comunicarnos, varía la manera como las personas elaboran su pensamiento, como los adolescentes construyen y valoran su imagen corporal, como establecen relaciones de pareja y conciben la familia. De ahí emergen los valores operativos que rigen la educación, las finanzas, el emprendimiento, los negocios, y también la antropología y la religión.

Actualmente, existen aplicaciones para todo. Y también para rezar, para estudiar la Biblia, para vivir la espiritualidad, etc. Pero la misión digital es otra cosa, es algo más.

Qué es la misión digital

Consiste en entrar en el entorno cultural creado por las tecnologías digitales para cumplir el mandato de Jesús, dirigido a toda la Iglesia, de anunciar el Evangelio a todas las naciones. También en ese entorno.

Esta misión supone comprender los elementos de esa cultura, sus dinamismos, sus fundamentos, los valores que propaga, cómo transforma las relaciones humanas. Es pues, mucho más que “usar” unos dispositivos electrónicos.

La misión digital busca encontrarse y crear comunidad con personas que en ese entorno se preguntan por la trascendencia y quieren construir sus valores, por lo cual es necesario escucharlos, comprender sus necesidades y establecer un diálogo en las categorías y los lenguajes que ellos entiendan.

La misión digital se entiende en sentido amplio del mismo modo que cualquier actividad evangelizadora de la Iglesia, con sus tipos de apostolado: la misión ad gentes, la nueva evangelización y la pastoral. Es un proceso de acompañamiento, desde el primer anuncio, hasta la madurez en la fe.

No es lo mismo un influencer que un misionero digital.

La persona misionera digital es alguien que sigue a Jesús y crea contenidos con la finalidad expresa de hacerlo presente a su audiencia. No gana dinero por ello, no busca seguidores para sí. Lo hace de modo que “Él crezca y uno disminuya ”.

Se relaciona con sus seguidores en diálogo abierto desde la humildad de quien sigue a Cristo, suele consolar a los heridos por el camino de la vida como el buen samaritano y no se siente superior a los que le siguen. Los contenidos que produce están apoyados por su testimonio o al menos por el deseo de ser testigo de Cristo y tiene características muy similares a las de cualquier misionero que deja su tierra y aprende una cultura nueva para llevar el Evangelio hasta los confines del mundo. Es muy distinto(a) de los influencers al uso, focalizados en ampliar su influencia y obtener beneficios por ello.

 

Algunos desafíos de la misión digital en la Iglesia Católica
Adaptarse a los avances tecnológicos sin perder la esencia

Llevar el amor y la misericordia de Cristo a las redes supone una gran responsabilidad y coherencia de vida. Pero implica también estar al tanto de las últimas tendencias y herramientas digitales disponibles, y utilizarlas de manera estratégica para llegar a un público amplio. Para ello es imprescindible capacitar al personal y a los líderes de la Iglesia para que estén familiarizados con las nuevas tecnologías y sepan cómo usarlas de manera efectiva en su labor misión.

Garantizar la seguridad y privacidad de los fieles

Esto implica establecer políticas e implementar medidas adecuadas de protección de datos y seguridad informática para evitar cualquier riesgo de violación de la privacidad o de acceso no autorizado a la información personal de los fieles.

 

Evitar la adicción y cuidar la vida espiritual de los misioneros digitales

Es innegable que las pantallas digitales producen adicción. Neurocientíficos y psiquiatras reconocidos alertan en este sentido. El trastorno del uso de la tecnología se manifiesta a través de la incapacidad de controlar el tiempo dedicado a las pantallas, la necesidad constante de verificar dispositivos y la ansiedad cuando se intenta reducir su uso. La Iglesia tiene que contribuir a que las personas lleguen a encontrarse personalmente con otros seres humanos presencialmente, y en su caso también con seguidores de Jesús y comunidades vivas, manteniendo el equilibrio entre vida presencial y vida digital, cultivando su espiritualidad, su vida comunitaria y de oración.

 

1.1 https://www.synod.va/es/news/documento-final-de-la-xvi-asamblea.html (Nn. 58,112,113)