La caridad
Yo, tu semilla de eternidad, Tú, mi incomprendido, mi más nombrado, mi extraño más íntimo contigo me detengo en la fuga que soy tiemblo y digo y digo y digo me torno el más dichoso
Yo, tu semilla de eternidad, Tú, mi incomprendido, mi más nombrado, mi extraño más íntimo contigo me detengo en la fuga que soy tiemblo y digo y digo y digo me torno el más dichoso
Jesús en la parábola del hijo pródigo nos habla de un padre que perdona. Un padre que es capaz de salir al encuentro de su hijo y sin pedirle explicaciones, de abrazarle y de vestirlo
La Creación está llena de maravillas. Nos pasmamos ante la belleza de las noches con estrellas; de las rosas; del agua cuando cae en catarata. Y la más grande belleza, es un ser humano. Toda
No hace mucho tiempo apareció en los periódicos una noticia entrañable que llenó de alegría a muchos: dos localidades se hermanaban. Una, en Cáceres (España): Belvís de Monroy. Otra, en México: Huejotzingo. De Belvís salieron
¡Qué tremendo suena! Y sin embargo es una invitación explícita de Jesús en el Evangelio: «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mt 5,43) Si uno entiende esta frase de un modo incorrecto, se
Audio: Servir la paz Los pueblos, las naciones, consideran que los que forman los pueblos vecinos –o también lejanos– son herederos de lo que hicieron sus antepasados y que repercute a veces dolorosamente en las
Hoy deseo hablar de una pequeña historia familiar, para señalar el punto de esperanza que Dios pone en todas las cosas. Es una historia conocida de un gran santo de América: Martín de Porres. No
La Santísima Trinidad es el misterio cumbre de la revelación que nos hace Jesucristo. Si tuviéramos en un perchero colgadas tres túnicas, una verde, el color de la esperanza, otra blanca, color de la fe
Salve, Salve, Claraesperanza (bis). María Claraesperanza, la preferida de Dios tus vestidos son cual olas que resplandecen al sol. En tus ojos de bondad hay la historia de un sendero que se ha tejido sin
¡Santa Rosa de Lima! Primera santa canonizada de América. Y resulta que no te llamabas así; tu abuela deseó y logró que en la pila bautismal recibieras su mismo nombre: Isabel. Parece que a tu