El árbol no sabe de donde le viene la esperanza
ni a quien dará su primavera.
Entre dos infinitos, el tronco escucha
esta corriente extraña. El árbol no sabe;
pero la raíz se clava temblorosa,
mientras algún brote ya es dulce del fruto futuro.
(traducción no revisada)

(versión original)
L’arbre no sap d’on li ve l’esperança
ni a qui donarà la seva primavera.
Entre dos infinits, el tronc escolta
aquest corrent estrany. L’arbre no sap;
però l’arrel es clava neguitosa,
mentre algun brot ja és dolç del fruit futur.

Con este poema de Enric Gispert, interpretado por Lidia Pujol, con música de Oscar Roig, comenzó el concierto “Arrels de llum” (Raíces de luz), celebrado el 17 de julio en un escenario tan maravilloso como la Sagrada Familia*. Y esa experiencia es la excusa para este artículo, además de ser un regalo para todas aquellas personas que tuvimos la suerte de poder asistir.

A partir de la primera canción, “el árbol no sabe de dónde le viene la esperanza”, se construye un concierto que nos acerca a través de todos los sentidos, a una trascendencia que se cuela por cada poro de la piel de todos los presentes.

En la Sagrada Familia todo es arte, belleza, espiritualidad que Gaudí supo hacer visible. Escuchar esta letra en un bosque de árboles de piedra que se elevan en búsqueda de la luz representó para mí una riqueza interior muy necesaria.

Siento que la esperanza es hoy una necesidad para toda persona y son muchas las veces que, sin mala intención, menospreciamos a aquellas personas que viven la vida con la esperanza que les permite afrontar la realidad con la confianza necesaria para transformarla.

Además, poco después las cuerdas de la guitarra del gran Darío Barroso empezaron a interpretar la melodía de la canción “Nada de nada”, de Evangelina Sobredo (Cecilia), que me ha acompañado desde que era pequeña.

En ese momento, el silencio del espacio se llenó de belleza y armonía con el universo.

Para mí esa canción es una magnifica descripción de la espiritualidad más profunda. Desde lo más sencillo: la espuma del mar, el grano de sal, un copo de nieve, … Así de pequeña soy yo… reconociendo la grandeza del ser por muy, muy pequeña que una se sienta en determinados momentos.

La canción va ascendiendo en la letra y en la excelente melodía que, de manera brillante y sintónica, interpretaban todos los músicos. Era como si de una espiral ascendente se tratara para llegar a lo más alto integrando el ser más profundo que somos cada uno con el SER que ama sin excepción, que respeta sin dudar la dignidad de cada ser, sus momentos, sus deseos, … su libertad … y le ama incondicional y eternamente

“Soy un peldaño subiendo tu escalera”, desde la humildad más sincera sintiendo que soy “nada de nada”, y a la vez desde la evidencia de ser un ser único, inteligente, libre y capaz de amar y de ser amado, con estas bases sigo subiendo la escalera, y para ello necesito vivir anclada en lo esencial, en aquello que me constituye, en lo que soy y, a la vez tender a la luz que ilumina todo aquello creado, como el árbol que no sabe… pero vive… entre dos infinitos que le constituyen y, sin ellos, no sería.

Esther Borrego Linares
* Teemplo de la Sagrada Famiilia en Barcelona

https://youtu.be/X81ZDOU1BWE?si=HlkAEsd-b1THG0SB

https://youtu.be/savnDY-Hoj0?si=nimOnV55y-58if2l

La espuma del mar
Un grano de sal, o de arena
Una hebra de pelo
Una mano sin dueño
Un instante de miedo
Una nota perdida
Una palabra vacía en un poema
Una luz de mañana,
Así de pequeña soy yo
Nada de nada

Nada de ti, nada de mi
Una brisa sin aire soy yo
nada de nadie

Un copo nieve
Una lluvia que llueve
Un pensamiento,
Un abismo entreabierto
Una palabra callada
Un «lo siento»
Un paso sin huella
Soy un camino que no tiene destino
Una estrella apagada,
Así de pequeña soy yo
Nada de nada

Nada de ti, nada de mi
Una brisa sin aire soy yo
nada de nadie
Un soplo de vida
Una verdad que es mentira
Un sol de invierno
Una hora en tu noche
El silencio de adioses
Un sin quererlo
Un segundo en tus sueños
Soy un peldaño subiendo tu escalera
Una gota sin agua,
Así de pequeña soy yo
Nada de nada
Nada de ti, nada de mi…

Evangelina Sobredo, Cecilia