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¡Oh, María!

Se alegraron se ver al Señor
Meditaciones acerca de la Andadura Pascual

a partir de textos de
Alfredo Rubio de Castarlenas

Contraportada
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«…la resurrección no es sólo algo que puede acontecer con nuestra muerte física, sino que también es un modo de vivir nuestra vida mortal, plenos de la gracia de Dios […]. Como otros cristos, nos presentamos a los demás en las diversas relaciones de la comunidad cristiana. Cuando esto se da, vivimos ya el Reino de los cielos que Cristo vino a instaurar. El cielo no sólo nos espera después de la tierra, sino que podemos conocerlo y vivirlo ya ahora, aquí, en nuestros grupos y comunidades.

Éstas y muchas otras ideas son el tras-fondo de los textos que Alfredo Rubio ofrece meditando acerca de las distintas escenas en que Jesús resucitado se presenta a su madre, a las mujeres, a los apóstoles, a los discípulos… Su reflexión es una verdadera muestra de teología poética. […] A Rubio le importa desgranar lo que él considera crucial: que tenemos una vivencia indubitable de Cristo presente resucitado. Y es de esa presencia —y no de las formas en que ésta se produce—  de lo que quiere tratar en una honda meditación transida de experiencia de Dios.»

Editorial Edimurtra.
Barcelona, junio de 2008

Fragmento ¡OH, MARÍA!

«Díjome que en resucitando, había visto a nuestra Señora.»
(Santa Teresa de Jesús.
Cuentas de conciencia 13ª 12. Obras completas).

«La Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos (cf. Hch 1, 14),¿cómo podría haber sido excluida del número de quienes se encontraron con su hijo divino resucitado de entre los muertos? Antes bien, es legítimo pensar que —verosímilmente— la Madre fuera la primera persona a la que se le apareciera Jesús resucitado.»
(Juan Pablo II. Audiencia general del miércoles día 21 de mayo de 1997)

La lógica del amor

Muchos piensan —y revelaciones a Santa Teresa y otros—, que siguiendo la lógica del amor, Cristo se aparecería a María, su madre. Y, sobre todo, que fue a ella no tanto porque fuera su madre —«¡bienaventurados los pechos que te amamantaron!» (Lc 11, 27)—, sino porque ella hizo su voluntad y estuvo al pie de la cruz. Por eso es co-sacerdotisa con Él, ofreciéndole en la cruz como una Hostia viva a Dios Padre.

Jesús se encontró con María. Ella fue Virgen de los Dolores al pie de la cruz, y en ese Sábado Santo, era la única persona en el mundo que había entendido todo. Por eso, en este sábado, era la única lucecita que permanecía encendida en el mundo.

Nuestra Señora de la Claraesperanza —la advocación mariana del Sábado Santo—, María de la Claraesperanza, pensaría: —¿Para qué voy a ir yo al sepulcro a ayudar a ungirSi va a resucitar! ¡Qué tiempo tan perdido…! Ella tenía esperanza cierta en el corazón que aguardaba el encuentro con su hijo resucitado. Por eso ella «…es siempre faro que señala dónde podemos hallar a Jesús». (Andadura Pascual. Camino de alegría Editorial Edimurtra. 2ª edición)

Por Natàlia Plà Vidal

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