María
María, después de la Anunciación, se siente sola.
¿Con quién hablar?
¿Con quién poder compartir ese secreto, esa verdad,
esa experiencia fuerte de Dios?
¿Quién le creerá?
¿Quién no la juzgará como mujer adúltera?
¿Quién no dirá que ese niño es un bastardo?
¡Seguramente ella será lapidada
como otras mujeres de su época!
Y, en esa profunda soledad,
María recuerda las palabras del